domingo, 13 de septiembre de 2009

Pasolini según Eduardo Adrianzén


Recién hace unos días me vine a enterar de que, con motivo del homenaje a Pasolini del que hice un comentario el mes pasado, se volvió a montar la obra Demonios en la piel (la pasión según Pasolini), del dramaturgo peruano Eduardo Adrianzén. Es una lástima haberme enterado tan tarde, porque me hubiera encantado ir a ver esa obra de nuevo (la montaron por primera vez hace dos años, en el teatro de la municipalidad de San Isidro).
La obra parte de algunos de los días de la vida de Pasolini, durante la grabación de sus Racconti di Canterbury en Inglaterra, para hacer un compendio de su vida y obra, proyectándose como la revisión de la formación de un espíritu descarnado y crítico. De este modo, los personajes, acompañados por una suerte de "coro" (tres muchachos semi desnudos que aparecen, aquí y allá, a leer fragmentos de sus obras y a hacer comentarios) y con el apoyo de una escenografía bastante simple y sin embargo más que adecuada, recrean el universo pasoliniano, con su matiz oscuro, grotesco y a pesar de todo poético. Todo se adapta a este universo particular: el resultado es una pasión agónica constante, que se lanza del humor desesperado al silencioso llanto del aislamiento y la incomprensión, sin que eso signifique que la lucha puede ser abandonada.
Esperemos, pues, que alguien tenga la iniciativa de volver a montar esta obra pronto, y que, si lo hace, sepa hacernos llegar la noticia a los que andamos un poco en las nubes. Yo la recomiendo personalmente: es, como la obra de Pasolini, una oportunidad de reflexionar sobre lo que significa estar vivos: casi nada y, sin embargo, absolutamente todo.

viernes, 11 de septiembre de 2009

En torno a la encíclica papal, "Caritas in veritate"


Hace unos meses, asistí a un conversatiorio en torno a la aparición de la nueva encíclica del papa, Benedicto XVI (alias "Darth Sitheus"), curiosamente titulada Caritas in veritate ("Amor en la verdad"); luego, he tenido la oportunidad de leerla más detenidamente, y creo que hay uno o dos puntos que merecen un comentario... Primero, quiero citar algunas frases de la conclusión, que por cierto dicen mucho por sí mismas:

-"Sin Dios el hombre no sabe adónde ir ni tampoco logra entender quién es"

-"(...) la fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es un humanismo cristiano"

De acuerdo... bienvenidos de nuevo a la Edad Media. ¿O es que hemos olvidado lo que significó el Renacimiento? Lo que trato de decir es que, si admitimos que no podemos saber a dónde ir ni quiénes somos sin la ayuda de dios, ni de los que lo nombran con "D" mayúscula, entonces nos estamos reconociendo como niños, incapaces de tomar nuestras vidas con nuestras propias manos. Al que me pregunte quién soy, sólo puedo decirle que soy la suma de mi pasado y mis acciones presentes, la sangre que corre por mis venas y las ideas y pensamientos que defiendo... ¿Nada más? Supongo que también estoy un poco en la gente que me quiere, pero nada más. ¿Y a dónde voy? Bueno, no lo sé, y creo que es imposible saberlo, ¿no? Es una de las gracias de existir: que al final no vamos a ninguna parte; a una tumba, claro, pero a ninún otro lado. Se me acusará que mi pensamiento no es feliz, pero... ¿tiene que serlo? Prefiero la lucidez a la felicidad gratuita, aunque duela, y ciertamente no voy a admitir que dios y sus hombres se hagan cargo de mi vida. Porque claro, de todo esto se deriva otra cuestión, si es que uno analiza bien las afirmaciones del papa: que es necesaria la presencia de dios (o de sus representantes, es decir, el mismísimo papa) como un elemento del nuevo Humanismo que ha de guiar el desarrollo... ¿Hacia dónde? Creo que es un poco tarde para creer en la Civitas Dei de San Agustín y de Leibniz: a estas alturas, el hombre tiene que ser capaz de reconocerse a sí mismo como un ser atado a cierta condición humana (porque es ella la que nos hace, precisamente, humanos, con sus dones y penurias); y, además, no podemos reconocerle a la institución de la iglesia semejante poder: el de ser la única y última esperanza para un desarrollo humano. La Edad Media ha quedado atrás. Dios no tiene por qué haber muerto, pero ya no está más en sus manos el salvar a la especie humana, sea cual sea su movimiento (porque no creo en el "desarrollo"): para los creyentes y para los que nos reconocemos ateos o paganos, dios, en ese sentido, ha muerto.
Pero también sobre el ateísmo tiene algo que decir Herr Ratzinger: "(...) la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo". Bueno, bueno... pero, ¿de qué "desarrollo" estamos hablando? ¿De nuevo, de la "Ciudad de Dios"? Es decir, que la construcción de un futuro sólo puede esar en manos del cristianismo... El siguiente paso, claro está, es la Nueva Inquisición. Y, a decir verdad, espero estar exagerando. Pero quiero llamar la atención sobre otro punto: ¿por qué la ´"cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo" corre el peligro de olvidar también los valores humanos? De acuerdo: el último siglo puede haber cuestionado (y hasta negado) la universalidad o el apriorismo de los Valores Humanos (dicho así, con mayúsculas), pero no deja de reconocer que los humanos siguen siendo humanos, y, como tales, necesitan de los otros para sobrevivir. La historia ya no se rige por los ideales cristianos, y sin embargo tampoco se lanza al abismo y a la matanza. Aunque ya no podamos fundamentarla, necesitamos seguir creyendo en un sistema ético; las ventajas de librarse del prejuicio cristiano es que nuestra ética se vuelve más tolerante (a diferencia del papa que, pese a sus discursos, sigue considerando que los ateos somos un peligro). Pese al título de la encíclica, yo no veo mucha Caritas en todo ésto, y su veritate es bastante excluyente, más bien.
Llego ahora a una de las mejores frases de la encíclica, o por lo menos la que más risas me ha dado: "El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano". ¡Increíble! ¡Resulta que ahora es mucho más grave excluir a Dios que a los seres humanos (porque los ateos y paganos, por si alguien lo pone en duda, seguimos siéndolo, ¿no?)! Veamos ahora, ¿qué entender por humanismo? ¿Que podemos creer en una esperanza para la humanidad? Bueno, lo siento mucho: yo creo en los actos, no en la esperanza. Y, de todos modos, creo que los que sí tengan fe en un "mañana mejor", tendrían que asentar su fe en la humanidad, no en dios (ni, mucho menos, en su representante del Vaticano). Pero bueno: que se nos llame inhumanos, entonces. Pensemos en Sartre: un ateo declarado, de pensamiento desgarrador y nada enhoblecedor para la raza humana que, sin embargo, luchó con gran valor contra la injusticia social, y que es admirable aún para los que no son comunistas o para los que, como yo, no defienden ninguna postura política. Decidiamente, luchó más y se hundió más en el barro que Ratzinger. ¿No merece él ser llamado humanista, pese a las exigencias del papa? Habría que pensarlo un poco, ¿no?
Para dar fin a estas reflexiones, sólo les digo: hay que mantener la mirada crítica. A mí no me interesa ser salvado por dios (de hecho, no creo que podamos ser salvados por dios), ni creo en la esperanza (Pasolini dijo que la esperanza no era más que una mentira inventada por los partidos para sostener sus escritos; creo que eso se puede aplicar a la encíclica en cuestión); pero creo que podemos seguir defendiendo al fantasma de la ética, y obrar de acuerdo a lo que creamos correcto. Es muy tarde para las utopías: sólo nos queda sobrevivir en el caos y, por qué no, tratar de querernos un poco. Tampoco me interesa devolver al Vaticano el poder que perdieron en los últimos siglos; ni, mucho menos, volver a la Edad Media. El hombre, para bien o para mal, le guste o no le guste, es el único dueño de su existencia. De un modo u otro, hemos perdido la inocencia, y con ella el Paraíso, y no creo que ese sea motivo para entristecernos.

martes, 8 de septiembre de 2009

Gore Vidal: el infinito no basta


Aunque siguen siendo motivo de indignación para mí, los descuidos del olvido de los lectores ya no me sorprenden. Y, sin embargo, no deja de ser cierto que no le puedo perdonar a Vargas Llosa el que haya omitido por completo a Ernesto Sábato en su Diccionario de América Latina; tampoco deja de sentarme muy mal la exclusión del nombre de un escritor como Gore Vidal en el Everyman's Dictionary of Literaru Biography de 1969.
Gore Vidal... un nombre que por sí mismo dice mucho. Hoy en día, la mayor parte de la gente que lo recuerda lo hace por sus magníficos volúmenes dedicados a sus memorias (el segundo, Navegación a la vista, fue publicado el año pasado); pocos son, en cambio, los que saben del deleite que proporcionan sus ficciones.
Gore Vidal es un escritor único dentro de la tradición norteamericana, porque no conoce límites (Faulkner tampoco los conoce, pero él pertenece a otra especie de la que él es el único representante). Yo, personalmente, lo juzgo superior a su rival eterno, Truman Capote, que si bien es cierto que fue un gran estilista, jamás alcanzó la profundidad ni afinó el ojo de crítica tajante como sí lo hizo, en cambio, Vidal, hombre que goza, además, de un intelecto aplastante que no enfría el cálido mecanismo de su prosa. Gore Vidal parece haber hecho de todo: novelas a menudo satíricas (Duluth, La ciudad y el pilar de sal), guiones y adaptaciones cinematográficos (Calígula, Ben-hur, Y súbitamente el último verano), novelas históricas (Juliano, Creación), así como una obra ensayística que, con cruda lucidez, analiza fenómenos tan diversos como la literatura, la historia, la política (menos interesante), el discurso mediático o la pornografía. Su interés fundamental, como en muchos casos el de Pasolini (con quien comparte muchos puntos de pensamiento), es el de la interacción humana vista como una relación de poderes, ya sea a través de los procesos históricos y sociales como en la cotidianidad, a través del diálogo y del sexo (como él dijo, famosamente: "el sexo es política"). Y, pese a su mirada desgarradora, es un hombre que puede no dejar de hacernos reír, por su capacidad de convertir todo esto en una forma de comedia.
A Gore Vidal le debo no sólo algunas de las opiniones más iluminadoras de las que he tenido referencia, sino también algunas de mis lecturas más gratas. Ya sea a través del tono épico de Juliano o del satírico de Duluth, las obras de Vidal guardan una vitalidad invencible y una posibilidad de interpretaciones infinitas que a otras literaturas les cuesta alcanzar.
Erudito, humorístico, desesperado, pagano, escéptico, homosexual, poético, sucio, letal y preciso: eso es Gore Vidal, un hombre que, sin lugar a dudas, merece ser llamado Genio. Y, sobre todo, un genio tenaz, al que nunca dejaron satisfecho las fronteras y que llevó su obra, en cada ocasión, un paso más allá del punto en el que se había detenido, si es que no fundaba un nuevo camino a la mitad de su marcha. No, Gore: el infinito no basta.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Charly García - "Viernes 3:00 am"

Hace no mucho, comentando unas líneas de Séneca sobre el suicidio, mencioné una canción de Charly García (grabada originalmente con Serú Giran): Viernes 3:00 am. De más está repetir que se trata de una de las composiciones más maravillosas sobre el suicidio jamás realizadas, y que derrocha poesía y calidad musical; como resultado, uno no sólo puede formarse una imágen muy clara de lo que nos dicen los versos, sino que la canción misma cobra vida en nuestras venas. Pronto volveré a escribir sobre el más que genial Charly García (porque ciertamente merece un lugar aquí, así sea bajo la torpeza de mis líneas). Hasta entonces, les dejo este video, a ver si entienden un poco lo que trato de decirles.

Barbas y bigotes


Normalmente cuando estoy aburrido me pongo a leer los famosos demotivational posters que se encuentran por las imágenes de google, cuando noté algo que me llamó la atención. Era la foto de un señor portando uno de esos bigotes tan estramboticos y, sin embargo, bacanes. Esa clase de bigote que Santiago diría "¡Manya, que chevere bigote, yo también quiero uno así!"
Pase a cliquear la imagen y entré a la página web más genial de todos los tiempos: World Beard and Moustache Championship (http://www.worldbeardchampionships.com/). Sin duda hay que ser bien genial para formar parte de este club y compretencia.
En esta página, te pasan las fotos de los mejores bigotes y barbas que hay sobre la faz del planeta. Se dan premios para los mejores cuidados e incluso los más originales. Cualquiera que porte una barba de las maestras debería considerar entrar en este club. Personas de la historia que debieron haber entrado incluyen Nietzsche (filósofo, bigote), Barba Roja (pirata, barba), Gerard Butler (actor, barba), Tom Selleck (bigote, actor) y Keith Hernandez (bigote, beisbolista).
Sin duda barbas y bigotes como estas son un orgullo para el género masculino ya que representan el mayor orgullo masculino (de los que se pueden exhibir en público, al menos que sean nudistas).
En verdad un aplauso y un ¡olé! por los bigotes y barbas.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Restif de la Bretonne: una sucia elegancia


Por algún extraño y oscuro motivo, la gente ha olvidado por completo a Nicolas Restif de la Bretonne, uno de los más talentosos y perversos escritores de la Francia del siglo XVIII. Y ello pese a la larga lista de escritores importantes que lo admiraron y recomendaron, lista que incluye los nombres de nada más ni nada menos que Valery, Baudelaire, Schiller y Goethe, entre otros. Y más allá de estos detalles ilustres, ¿la Historia, que se dice es tan buen juez de gustos literarios, no tendría que recordar, precisamente, a los autores de mayor talento e ingenio? Pues lo cierto es que, en este caso, la historia ha fallado, y hoy son muy pocos los que conocen la felicidad que significan las obras de Restif, aunque no debiera ser de este modo.
Restif de la Bretonne perteneció a la generación de escritores y pensadores libertinos y perversos de la Francia prerrevolucionaria. Y es curioso que el nombre más famoso de este grupo de autores sea, precisamente, el del enemigo personal y directo de Restif: el Marqués de Sade. Ahora bien, en este punto entro a un terreno bastante espinoso, ya que se trata de poner en tela de juicio los valores literarios de Sade: nadie que sepa gozar de los placeres de la perversidad es capaz de negar el genio de Sade; y, sin embargo, tampoco puede dejar de reconocerse que, en la mayor parte de sus textos, brillan los defectos: un estilo muy mal o nada cuidado, personajes mal construídos y unilaterales, narraciones atropelladas... además de un asedio excesivo y monótono de los ideales del "amoralismo" que predicaba el autor (el gusto por las situaciones grotescas y las palabras obscenas, en cambio, son precisamente lo mejor, lo más "suculento" de sus obras). Con Restif pasa todo lo contrario: su técnica es de un preciosismo inigualable, y era un genio de la narración y de la insinuación. Si en Sade primaban el gusto por la laceración y la sodomía, en Restif priman la pedofilia, el incesto y el fetiche con los pies. Pero todo esto se trabaja en una forma muy cuidadosa, que deja al lector imaginar mucho más de lo que se dice; porque claro: como buen libertino, Restif sabía que la imaginación humana es capaz de concebir cosas mucho más perversas si se la deja obrar libremente, en lugar de ofrecerle una suma de hechos concretos y descritos: en otras palabras, el lector tiene que reconocer, en algún punto de la historia, que él también es un pervertido. Sólo se me ocurre un ejemplo para ilustrar todo esto: la Lolita de Vladimir Nabokov. Ahí sucede lo mismo: en ningún momento se nos relata que suceda algo entre Humbert Humbert y la pequeña Dolores Haze, pero eso no hace más que empujar a los lectores a sacar sus propias "conclusiones" (de hecho, siempre he pensado que Nabokov debió haber leído la novela Sara, o la última aventura de un hombre de cuarenta años, que tiene muchas analogías estilísticas y temáticas con Lolita).
Hablo, pues, de una pluma "refinada", que sabe seducir a sus lectores para arrastrarlos a algunas de las historias más... cómo decirlo... ¿"oscuras"? ¿"terribles"? ¿"perversas"? No lo sé: dejo el juicio a los que se animen a leerlo. Después de todo, aún quedan escritores capaces de demostrarnos a todos los seres humanos cuán poco nos conocemos realmente, o cuán poco dispuestos estamos a aceptar lo que somos en el fondo.

jueves, 3 de septiembre de 2009

A vueltas con la Pornografía


En este siglo veintiuno, en el que ya pareciera que las personas estamos acostumbrados a todo, encuentro sorprendente que no falten quienes hagan muecas ante la mera mención de la pornografía. Cierto que cada vez son menos las bocas torcidas y las cejas arqueadas, y cada vez más las risas (el tabú, o la estupidez a nivel de sobremesa, es una especie amenazada que se acerca de a pocos al nivel de "en peligro de extinción") las que siguen a las menciones, descripciones o narraciones de los argumentos de las películas porno, pero qué puedo decir: me sigue sorprendiendo el rostro asqueado o indignado de más de uno.
"Pero cómo", me dirán, "¿es que acaso te propones una apología del porno?". Bueno, ¿y por qué no? Vamos a ver... ¿qué hay de malo con ello? Y hablo como una persona que perdió el interés por la pornografía como tal (es decir, en su intención prima de "excitación-masturbación-oh dios mío-a dormir) hace muchos años, para quedarme con el interés intelectual y "frívolo" por el asunto. Pero sí: defiendo la existencia y las consecuencias de la pornografía, y soy, por tanto, su apologista.
Supongo que la gran pregunta, ahora, es "por qué"; y la respuesta, queridos míos, es bastante larga... además de múltiple, porque hay montones de factores para hablar a favor de la pornografía y de su razón de ser, pese que, hoy por hoy, se tienda a mirar, si no con malos ojos, al menos con algo de pena al que afirma ser un pornógrafo habitual. Pero, ¿tiene algo de malo, a fin de cuentas? Porque hay que reconocer la serie de valores de la "cultura porno", y reconocer que merece el eminente sitio que ocupa en nuestra cultura occidental-universal-globalizada post-capitalista y post-siglo XX.
Bien: ¿qué es el porno, como género? Se habla mucho de la diferencia entre pornografía y erotismo... ¿dónde se encuentra, en realidad, esa frontera? La respuesta, creo yo, no está en la obra analizada, sino en el espectador. Pondré un ejemplo: el hoy casi legendario filme Calígula, de Tinto Brass, basada en el guión original por nada más ni nada menos que Gore Vidal. Pues bien: para mí, desde la primera vez que la vi (debo haberla visto unas ocho o nueve veces) es una obra maestra, tanto por sus actuaciones como por su guión, y además por el "tono" que logra; y, si lo logra, es por su muy bien trabajado y crudamente sórdido erotismo, que para mí tiene un valor a la vez histórico y, más importante aún, simbólico. Pero recuerdo, también, a un viejo amigo mío que un día me confesó que él nunca había visto la película de inicio a fin: sólo adelantaba el disco para buscar las escenas de sexo y de orgías. Era, claro está, su porno. Y ahí es donde radica la cuestión de géneros: no en la obra, sino en cómo se aprecia la misma. En otras palabras, que, del modo opuesto al aquí narrado, hay pornos que pueden ser apreciadas como obras de alto arte erótico, si es que se las quiere (o puede) apreciar como tales. El caso de obras como las de Sade, o aún Henry Miller, Pasolini, Durrell y, curiosamente, Joyce (la famosa historia de por qué las editoriales se negaban a publicar el Ulysses). Es decir, que hay una cuestión de perspectivas implícita en el asunto; un problema de hermenéutica, de lecturas (es decir, de lectores).
Pero bueno, aquí estoy saliéndome de la cuestión, y convirtiendo a la pornografía en erotismo... Bien: la pornografía como tal también merece ser salvada. En primer lugar, como válvula de escape, como medio de catarsis "perversa" si se quiere; y la relevancia de este factor puede variar de acuerdo a la situación histórica: es decir, todos necesitamos un medio de catarsis (lectura, trabajo, escritura, borrachera, deporte, etc), pero en situaciones de represión la intensidad de esta necesidad cambia: en otras palabras, que si me hubiese tocado vivir en la España de Franco, me hubiese llenado los estantes de películas pornográficas, por no terminar como en la Edad Media, siendo visitado entre sueños por súcubos.
Luego, tenemos otro valor de lecturas: el humor. Y es que vamos: ¿cómo no destornillarse de la risa ante el argumento de algunas pornos? Cito un ejemplo: todas las de la serie de Emanuelle (no la película, sino la serie para televisión), incluído, muy especialmente, Emanuelle contra Drácula. O, sino, cualquier porno doblada en España, donde residen los reyes del doblaje erotómano: "Joder, que me corro", "Venga, cabrón, dadme con más fuerza", "Así que queréis espiar, ¿eh?" (Léanse todas estas frases en acento español, para entender a qué me refiero).
Y, por abreviar lo que promete ser un texto muy largo, quiero resaltar un último carácter de la pornografía, el más importante: que es absoluta y profundamente humana. Porque claro: lujuria, deseo, excitación, fetiche, sexo, perversidad, morbo, "impureza" (nótense las comillas), clandestinidad y, sin embargo, soledad, son todos ellos ingredientes de una ensalada de condición humana, muy bien guardada debajo de miles de máscaras, y que no es, pese a todo, un secreto para nadie.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Fellini: mago, payaso y cínico


Poeta y mago, creador incansable, tejedor de sueños, payaso del Olimpo. En fin, un genio, un hombre del que puede decirse, con toda justicia, que fue un artista puro al cien por ciento. Creo que Fellini, como ningún otro cineasta, logra dejarnos ese sabor, como de un buen vino, cuando termina una de sus películas; y, como con un buen vino, hay ese eco: en este caso, el de sus imágenes, sonidos y personajes: el recuerdo de las situaciones descabelladas, melancólicas o humorísticas de sus filmes continúa viviendo con la misma vitalidad de cuando las vimos proyectadas. Y es que son, claro, el resultado de una labor creativa única y poderosa, que manipula objetos muy frágiles sin hacerles una sola rajadura, a menos que el autor así lo desee.
Dicho sin más rodeos: hablar de Federico Fellini es hablar en mayúsculas, y pocas experiencias son tan profundas como el sentarse a ver una de sus películas. Desde las primeras, todavía a mano con el neorrealismo que él mismo ayudó a fundar con Roma, città aperta de Rossellini, hasta las últimas, pasando por cimas tales como La dolce vita, Otto e mezzo, Amarcord o Satyricon, la vivencia siempre promete eso: ser única y maravillosa. ¿Por qué? Pues porque en Fellini sigue viva, como en la obra de ningún otro director, la magia: pensemos, sino, en la desaparición de Cabiria entre esos muchachos caminantes; en los tres músicos que van desfilando por los diversos momentos de La strada; en casi todas las escenas de Amarcord, incluyendo aquella en que una monja pigmea sube a bajar del árbol al tío loco que grita "Io voglio una donna!"; en la fiesta al final de La dolce vita, en la que todo el mundo charla al compás de las palmas: la filmografía de Fellini es eso, una caja de sorpresas, una mirada única a través de la cual el mundo y su tragedia se pueden convertir, a cada recodo, en una función de circo.
Yo jamás dejaré de agradecer que haya existido un hombre como Fellini. Lo sitúo, al lado de Pasolini, como lo más grande que nos ha dado el cine italiano. Y, al final, es eso lo que obtenemos, entre la broma y el llanto: un corazón que no se cansa de latir, una obra sensual y que se crea a sí misma constantemente, un tesoro demasiado grande como para pertenecer a sólo unos pocos hombres, y que permite ser visto de una forma totalmente distinta cada vez. Yo nunca dejaré de recomendar a todo el mundo las películas de Fellini; eso sí, una sola advertencia: pueden resultar adictivas.

martes, 1 de septiembre de 2009

Una dosis de Séneca para empezar Septiembre


Pasada la página del mes de agosto, y para entrar con un tono adecuado a la de septiembre, mes de la primavera (aunque los peruanos no podamos saber qué es eso) y por tanto del amor, quiero empezar compartiendo con todos mis lectores una cita de Séneca, muy iluminadora:

"A donde quiera que mires, ahí está el final de tus desgracias. ¿Ves aquél lugar escarpado? Por allí se baja a la libertad. ¿Ves aquél mar, aquel río, aquel pozo? La libertad está allí en lo hondo. ¿Ves aquél árbol escuálido, reseco, estéril? De él cuelga la libertad. ¿Ves tu cuello, tu garganta, tu corazón? Son medios de escapar a la esclavitud. ¿Te muestro salidas demasiado penosas para tí y que exigen mucho ánimo y entereza? ¿Quieres saber cuál es el camino hacia la libertad? Cualquier vena de tu cuerpo".
(Sobre la ira; Libro tercero)

Una belleza, pura poesía... Quizá sean, al lado de las de alguna canción de Charly García llamada 3:00 a.m. y las de algunos párrafos de Schopenhauer, las líneas más memorables sobre el suicidio jamás escritas. Y si, supongo que empezamos el nuevo mes con un ambiente adecuado, ¿no lo creen?
Imágen: La mort de Seneque, de Luca Giordano

lunes, 31 de agosto de 2009

El día de la nada

Está bien. Oficialmente todo en cuanto posea nombre o una idea dentro de la mente de las personas oficialmente tiene un día en su honor.
Pasemos a la lista obvia:
- Día de la madre
- Día del padre
- Día del niño
y así con los abuelos, los tíos, los primos terceros, la tataratía del primo cuyo abuelo era amigo de mi madre a través del profesor de la universidad, etc...

De ahí están los días por las profesiones y cursos:
- Día de las matemáticas
- Día de la lectura

A los cuales le siguen los días de la salud, el deporte, todo el rollo "feel good" de los políticamente correctos (PC):
- Día del no fumador
- Día del árbol
- Día del deporte mundial
- Día de la carrera de los minusválidos, perdón discapacitados.

Y están los días a los dioses o planetas:
- Monday (Moon day) / Lunes (Día de la luna)
- Tuesday (Dios sabrá que es un Tues) / Martes (Día de marte)
- Wednesday (Matrimonios) / Miércoles (Día de mercurio)
Y todo el rollo semanal

¡Pero esto debe bastar! Propongo un día paradójico, y no, no es el día del hombre (o la humanidad para las feministas), porque si todos sabemos que el hombre (perdón nuevamente, los humanos (especial perdón a los seres de otros planetas, no es mi intención dejarlos fuera)) somos seres paradójicos. Es el primer día oficial de la NADA...si en este día, se supone que no hacemos nada, paradójico porque sería hacer algo. Ja JA....entonces oficialmente propongo que elijamos un día en el cual podamos proclamar y celebrar el primer día internacional de la nada.
Y cuando llegué, espero que pasen un feliz día de la nada.

Bukowski y la editorial Virgin

Suena a algo muy irónico, pero si, es cierto. Mientras me encontraba ordenando mis recientes adquisiciones dentro de mi habitación, usando el viejo método de Santiago de unir autores a conciencia de con quien podrían tener una mejor "conversación" o "intercambio de ideas", opté por juntar a Vassili Grossman con Hemingway y Bukowski.
Mientras hacia la movida. Note un dato curioso. Según lo que me ha hablado Santiago, y de la película de Bukowski que me hizó ver, el autor era un alcohólico empedernido y tenía una gran afición por las mujeres que compartían su mismo hobby...beber. Efectivamente, Bukowski terminó escribiendo un libro titulado "Women", el cual junte ahora con los autores mencionados.
Pero lo que me llamó la atención fue el nombre de la editorial. "VIRGIN". Sin duda tenía que publicar esto. ¡Qué irónico que Bukowski, alcohólico mujeriego que trata de pervertir a las mujeres con sus hábitos, escriba un libro titulado "Women" y la públique en Virgin!
Que curioso es en verdad el mundo de los títulos, los hábitos y las editoriales.

En memoria de Ribeyro


Ahora mismo, soy incapaz de recordar en cuántas ocasiones se levantó la disputa, muy probablemente bizantina, acerca de cuál es el mejor escritor o narrador (el título variaba de acuerdo a la ocasión del debate) del Perú. De cualquier manera, mi respuesta siempre fue la misma: el diáfano, genial y muy querible Julio Ramón Ribeyro, el hombre que, el día de hoy, cumpliría ochenta años.
De Ribeyro se han dicho muchas cosas; hoy yo quiero recordar una de ellas: el título que Fernando Ampuero le puso a una de las entrevistas que le hizo: El enigma de la transparencia. Y no elijo este título gratuitamente, sino que pienso que una de las virtudes de Ribeyro fue, precisamente, la transparencia, tanto en su siempre precisa prosa como en sus entrevistas. Lúcido, honesto, humilde sin por ello pecar de excesos... un escritor que nunca tuvo miedo de afirmar quién era, ni qué es lo que pensaba, ni se tapaba la cara, ni cerraba la boca si le parecía que había algo que decir. Y, sin embargo, nunca dejó de ser, a la vez, el hombre sorprendido por su propia fama, el infatigable lector ni el eterno curioso. Tampoco le faltó el pudor, y él mismo confesó que la suma de cuentos titulada La palabra del mudo evolucionó con el correr de los años: del hombre de clase baja o media que no tenía cómo hacer oír su voz hacia sí mismo a la confesión del tímido autor que, de pronto, empezaba a desvestirse.
Creo que Julio Ramón Ribeyro es uno de esos hombres a los que hay que admirar, a la vez, como autor y como persona; y su obra, rica en indagación de géneros (que incluyen el cuento fantástico y aún el de índole filosófica) y, don que no tiene precio, en humor, se ha convertido, para los demás autores peruanos, en una fuente constante de inspiración y en un referente de autocrítica. Hoy, sus restos descansan, con la dulce compañía de una botella de vino y un par de paquetes de Marlboro, en los Jardines de la Paz; su recuerdo, en cada uno de sus agradecidos lectores.

p.d. No quiero poner el punto final sin decir una última cosa. Hace unos años, mi madre me contó que Ribeyro, que fue amigo de una de mis tías, me cargó alguna vez en brazos, siendo yo todavía un bebé. Ella se lamentaba de que no hubiera ninguna foto de tan insospechado par; a mí, sin embargo, me basta con esa certeza que mi memoria no puede encontrar, y que sin embargo agradezco.

Preparándonos para el Día de San Baco


Sí, señores: es hora de volver a la carga con la moción, y anunciar, finalmente, que todo está dispuesto para celebrar, de una vez por todas, el Día de San Baco. Hace algún tiempo, hice notar que los ritos, pese a haber cambiado, no han muerto, y siguen palpitando en el corazón de la gente cada noche de copas, le guste a quien le guste; y, sin embargo, quiero llevar las cosas un paso más hacia adelante, y me he propuesto celebrar, el año que viene, el primer Día de San Baco: una ocasión para rendir homenaje, a la vez, a los versos y a la borrachera (una causa más que justa, como podrán notar), de dejar que se sacuda un poco al pagano que todos llevamos dentro y, sobre todo, de pasar un buen rato con los amigos.
La gran pregunta, ahora, es cuándo: siguiendo la buena usanza de los romanos, y después de haber investigado un poco la cuestión, he dado con la fecha perfecta. En los tiempos de la Roma Imperial, los bacanales eran reuniones secretas en las que, originalmente, sólo participaban las mujeres, practicadas en un principio en la arboleda de Simila, en las cercanías del monte Aventino, los días 16 y 17 de marzo; con el paso de los años, estas fiestas fueron cambiando, y pronto no sólo eran mixtas, sino que además se celebraban cinco veces al mes. Una serie de motivos (más políticos que morales) llevaron al senado a prohibir los bacanales en los tiempos de la República, pero ello no bastó, claro está, para darles fin; ésto, sobre todo, porque las mujeres supieron aprovechar los vacíos del sistema penal de la época: al no ser consideradas como ciudadanas, quien pagaba sus faltas eran los maridos, padres o hermanos (en términos legales, sus "apoderados"), lo que les daba a ellas el campo de libertad que necesitaban para entregarse sin temor a los placeres de sus rituales.
Ahora bien, y para contestar la pregunta de una vez por todas: propongo que, en honor a los primeros bacanales, el Día de San Baco se celebre entre la noche del 16 de marzo y la madrugada del 17. De alcoholes, cualquiera está bien (todos son hijos de Baco, al fin y al cabo), pero no puede faltar el vino. Con el paso de los años, espero poder imponer la moda de las togas, las sandalias y las coronas de laurel, pero vayamos de a pocos. En cuanto a las orgías... bueno, al que pueda, le aplaudo (y, si quiere, le paso mi dirección de correo electrónico). Supongo que, de momento, eso es todo. Restaría investigar un poco más para determinar qué platos habría que servir, pero eso lo dejo para más adelante.
Dejo, pues, esta puerta abierta al que le interese; yo, por mi lado, haré todo lo posible porque el primer Día de San Baco se convierta en una realidad digna de recordarse (o de olvidarse, dependiendo de la calidad de la borrachera). Y, entretanto, que sea hasta el 16 de marzo, a todos mis hermanos en el paganismo. Que nunca falte el vino en sus copas.

Imágen: La juventud de Baco, de William Adolphe Bouguereau

Sobre el 6

Como le prometí a mi querido amigo Santiago, he aquí la primera contribución a su blog, y espero que no sea la última. Con ustedes el pensamiento reflexivo, pero un poco ilógico, acerca del 6.

Un curioso pensamiento entro a mi cabeza el día de hoy. ¿Y si el 6 fuese en verdad la causa por el cual la brujería y el sexo fuesen vistos con malos ojos durante la edad media? No soy lingüista, ni historiador de lenguas, así que no sabría si mi pensamiento es correcto o errado, sin embargo, me puse a pensar en esto a raíz de un comentario de mi profesor de griego.
Dentro de la lengua conocida como griego antiguo, el número 6 era transcrito como "hex" (no puedo usar el alfabeto griego visto que mi conocimiento tecnológico de como agregarlos al blog son incompletos). Mi profesor griego el lunes explicó que, dependiendo de la zona y el dialecto, los griegos podrían haber alternado entre el uso del espíritu aspirado (el cual da el sonido de la "h" inglesa) y la sigma (s), lo cual habría causado que "hex" pudiese también ser pronunciado como "sex". De igual manera, una vez que el griego es traducido al latín, varias palabras alternan entre el uso de la "h" y la "s", pronunciando, por ejemplo, hepta o septa para 7, hexa o sexa para 6.
Asimismo, la biblia, que fue escrita orignialmente en griego antiguo (o al menos ciertos fragmentos), presenta dentro del Apocalipsis XIII, verso 18, el número de la bestia como el seiscientos sesenta y seis (666). Esto podria leerse de modo simple como "hex hex hex "o "sex sex sex" causando que la iglesia tome nota de estos términos como términos satánicos o más bién términos en contra de la iglesia.
De esta manera, podría entonces crearse un vínculo de los "hexes" o hechizos lanzados por practicantes de la brujería o magia negra al número de la bestia o del sexo (o sex en inglés) también siendo relacionados al número de la bestia.
Como dije, esto es una mera especulación la cual no dejo de llamarme la atención y estoy seguro que muchos encontrarían interesante.

domingo, 30 de agosto de 2009

Los silencios de Antonioni


Una imágen de Sartre: un individuo se encuentra ante los otros y se les acerca, pero su pobre "yo", encerrado detrás de un corpus de sensaciones hiperpersonales, sabe que nunca terminará de encontrarse con ellos; al final, ni siquiera es capaz de afirmar su propio yo, porque ¿qué es, al final, afirmar que uno es un individuo, o un "yo", sino construir una ilusión, apostar por una fantasmagoría, cerrar los ojos para no admitir la profunda soledad y el absurdo del que está construido? Cuando uno piensa demasiado las cosas, éstas no hacen sino revelar su carácter irracional y ambiguo, que nosotros traducimos como terrible; y, si no las pensamos, todas ellas terminan por traducirse en decepción, melancolía, tristeza... en fin, en un íntimo sabor a farsa.
El sueño de la comunicación, pues: montones de individuos lanzados a una lucha sin cuartel para alcanzar una tranquilidad personal que, en su búsqueda de armonía y unidad, no pueden hacer sino aplastar la voluntad del otro, porque no la comparten, ni la entienden siquiera. Como dijo Hobbes, citando a Plauto: "Homo homini lupus est".
Después (y aparte) de Sartre tenemos a algunos otros genios de la expresión que supieron plasmar esta terrible certeza de soledad última: Pasolini, en algunas escenas oníricas de Mamma Roma y luego, más crudamente, en la hipercrítica que desarrolla en Salò, construye una reflexión desgarradora y de tonos muy sórdidos de la condición humana. El hombre, al final, se debate entre la libertad y la represión para tejer su propia tragedia. Otro de los altos ejemplos cinematográficos sería Buñuel (Belle de jour; El discreto encanto de la burguesía; Tristana), o su "discípulo" Marco Ferreri.
Pero cuando si hablamos de las imposibilidades de la comunicación "total" y de cine, creo que es imposible no sacar a relucir el nombre de Michelangelo Antonioni: sus filmes en torno a esta cuestión tienen un sabor distinto, menos simbólico, y sin embargo hay un manejo muy lúcido y muy sobrio de los elementos visuales y sonoros para estrcturar el caos. Filmes como L'eclisse o La notte, verdaderas obras maestras, brillan por sus silencios: el diálogo casi siempre aparece como imposible y, si no, es falaz, o banal, o patético; en ellas, como en las obras de Tennessee Williams (del que siempre he pensado que Antonioni es un deudor), importa más lo que no se dice que lo que se dice, el mutismo está, siempre, lleno de sentido, mientras el discurso es esquivo, ineficaz, innecesario. Y, luego, la búsqueda de una verdad profunda, pero al final inalcanzable: el desesperado frenesí que lanza a los hombres a buscar una tierra firme y sólida donde construir un Sentido, que al final resulta imposible porque no lo podemos terminar de creer, porque no estamos solos, porque vivimos bajo la atenta mirada de los otros, esa otra suerte de verdugos.
Sin ser netamenta un existencialista (cosa que sí podría llegar a decirse de Pasolini), Antonioni supo enmarcar muy bien estos caracteres de la comunicación humana: todos esos absurdos, todas esas imposibilidades, un mar de sueños rotos. L'ecisse y La notte son dos filmes que siempre tendrán algo que decirnos sobre nosotros mismos y de los que nos rodean, o de cómo nos acercamos a ellos, y terminamos por desencontrarnos. Pero eso sí: de una estética tan cuidada y un ritmo tan mesurado, que es imposible no deleitarse ante ellas.

Incluyo una breve escena de L'eclisse. Espero la disfruten y, a la larga, les anime a ver la película.



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