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viernes, 13 de mayo de 2011

Las celebraciones, como tienen que ser.


¿Y cómo es eso? Pues, para no tener que decir un lastimero "borracheras aparte", con unos versos bien sentidos y bien ebrios de Charles Bukowski, y ahí sí que tenemos para armar un carnaval con todas las de la ley. Tendrán que disculparme los lectores más "serios", pero ayer ha sido día de San Baco, otro calendario miserable ha dado su vuelta de 365 días vanos, y yo un año más cerca de la tumba, y eso se celebra (mi cumpleaños, dicho en cristiano). Por partida doble, además, porque si mi compadre Dvd se cree que los regalos se los va a hacer todos él solo, pues se equivoca: esta ronda va para los dos. Barra libre para todos por lo que dure este fin de semana, que mañana coronamos con alguna cancioncita, como todos los sábados. Ahí los dejo con uno de Hank, especialmente elegido (y traducido por un servidor) para la ocasión:

el camino
asesinados en los callejones de la tierra
congelados contra astas de bandera
empeñados por mujeres

educados en la oscuridad para la oscuridad

vomitando en baños atascados
in cuartos rentados llenos de cucarachas y ratones

no es extraño que rara vez cantemos 
al día o la tarde o la noche

las inútiles guerras
los inútiles años
los inútiles amores

y nos preguntan
¿por qué tomas tanto?

bueno, supongo que los días fueron hechos
para ser consumidos
los años y los amores fueron hechos
para ser consumidos


no podemos llorar, y reír ayuda -
es como dejar salir
sueños, ideales,
venenos


no nos pidas que cantemos,
reír es cantar para nosotros,
ves, fue un pésimo chiste


Cristo debió haber reído en la cruz,
hubiera petrificado a sus asesinos


ahora hay más asesinos que nunca
y yo escribo poemas para ellos.


Bueno, ese es el regalo que me hago. Ya ven qué bien elegido, ¿no? Y para Dvd también, carajo, que lo he cogido pensando en él también. Además, reconozcámolos: el mundo se parece mucho más a lo que nos jura Bukowski de lo que muchos quisieran -o pudieran- admitir. Con estas me despido, y que sea hasta mañana. 

¡Ah! Casi lo olvidaba. 

lunes, 23 de agosto de 2010

"Solange", de L. Durrell.


Cuando uno se pone las gafas del traductor, no puede dejar de reconocer que los escritores son como los toros: unos salen mansos, evitan la lidia, y pasan pronto. Pero otros salen bravos, y no hay banderillero que te pueda echar una mano: cada frase es como una faena, y puedes tener por seguro que cada pocas palabras te va a tocar una embestida de ésas que obligan al torero a hacer un pensar en un lance difícil, y con tan poco tiempo a favor que se hace arriesgado.

En ese sentido, un escritor como Lawrence Durrell es, definitivamente, uno complicado. No digo que yo sea el gran traductor (he hecho muy pocas traducciones), pero por lo menos sé reconocer a un escritor complejo cuando me topo con él. Y hablo, también, de complejidad a nivel del lenguaje: las cadencias, que Durrell maneja tan bien como los súbitos giros estéticos que pueblan su obra (haciendo convivir una palabra que, en su relación con otra, genera un destiempo, o, en otras palabras, desacojonando al lector). De todos modos, aprovecharé esta ocasión para publicar por aquí la primera parte de un largo poema de Durrell titulado Solange, y que apareció publicado por primera vez en el epistolario que editó su amigo Alan G. Thomas, Spirit of place. He de advertir desde el arranque que no espero que mi traducción sea la mejor posible, porque hay que sumar a las dificultades que Durrell ofrece per sé el hecho de que se trata de un poema, lo que vuelve las cosas aún más complicadas. Me sigo preguntando: ¿cómo hizo Aurora Bernárdez para lograr una traducción tan buena del Cuarteto de Alejandría? En fin, que ahí se los dejo, y para sacar a relucir uno de los talentos menos comentados de este genio que fue Durrell, la poesía.


Solange

I
Solange Bequille n. 1915 supuestamente
Lejos de París alrededor de algún momento de abril,
Familiar del familiar distrito XIV
Cuatro pasos arriba
Cuatro pasos abajo
Dos tres cuatro cinco
Donde las cloacas descargan
Por la torreta de un urinal
Seis siete ocho
Ductos de acero orinado
En la sombra y fuera del viento...
Relativamente imposible pese a tanta práctica
Es parodiar con palabras el paso equivalente, pero más fácil
Copiar para el lente un impermeable azúl pálido, boina,
Broche cigarra, ceñida y estrecha cintura de avispa,
Mudos e insolentes zapatos de regimiento, anillos brillantes,
Todo congelado en ámbar a través de veinte inviernos,
Cargado en torno al globo en maletas húmedas,
El fardo de mercancía visionaria de algún buhonero como
Sus anillos de agua vulgar reflejando
Negros testículos de boyas
Arrastrando en el Sena
Amantes en ataúdes plomizos
Arrojando a los muertos con costras
Las prohibiciones de la soledad
Siendo veintidós con una guerra
Colgando sobre ellos, su vientre duro,
Recordando el orgasmo de Hegel
Definiendo toda muerte como "el
Colapso en la inmediatez".
Ah, peligrosas salientes de la juventud,
Amando en un mes crucial.

Hasta ahí lo que llevo traducido del largo poema. No se hagan una mala idea: mi traducción será todo lo criticable del mundo, pero el original en inglés ofrece un deleite inimaginable. Su música es, definitivamente, única. En todo caso, y como decía Henry Miller, "es mejor cometer errores que no hacer nada", así que ahí dejo los versos, y a los lectores la tarea de buscar los libros. Cada palabra de Durrell es un tesoro.

Nota: El poema de Durrell tiene, en realidad, algunos versos con sangría (si quieren que sea más exacto, los versos del 4 al 11 y del 21 al 32), pero el editor de texto los mueve todos y borra las sangrías, así que ni modo.

lunes, 16 de agosto de 2010

Salud, Bukowski


Un día como éste (16 de agosto), Henry Charles Bukowski (vamos, todo el mundo sabe de sobra que él no necesita presentación) estaría cumpliendo noventa años. Así es, señores: ya casi tenemos un siglo de Bukowski; de poemas, cuentos y novelas preñadas de basura, callejones, peleas, bares de mala muerte, groserías y el más suculento de los delirium tremens que recuerde la historia de las letras norteamericanas, y a lo mejor y hasta del mundo.

El mismo viejo Hank... el depravado, el alcohólico y el bufón. El que no tuvo bastante con clavar una puñalada directa al páncreas del Sueño Americano, sino que hasta se tomó la molestia de vomitar sobre la llaga y sonreir. El escritor que se divirtió fingiendo que no sabía demasiado, que escribía de a malas y sin demasiado empeño porque andaba demasiado ebrio, mientras enmascaraba al arquitecto de esas maquinarias grotescas que, en secreto, hacen de sus escritos un verdadero mar de tesoros ocultos, agradables o no. Dijo más de una vez que él no era del tipo de escritores que filosofaban, y sin embargo nos deja leer en cada una de sus páginas (con o sin su consentimiento) una forma especial de encarar la existencia, que se convierte de un párrafo al otro de la ebriedad a la resaca, de lo vital a lo tedioso, de la carcajada a la blasfemia.

Dejo estos tres breves párrafos en honor a tan buena excusa para tomarse una copa (nunca está de más un brindis: hoy me resulta imposible, pero mañana por la noche espero estar en el bar de la esquina con una cerveza y dos o tres de sus versos dando tumbos entre mi hígado y mi cerebro). Tengo por seguro que no soy el único que quiere alzar ese vaso. A todos ellos, pues, salud (y un poema del cumpleañero, traducción hecha en casa por un servidor).



para los traficantes de piedad

está justificado
todo morir está justificado
todo asesinar todo morir todo
pasando.
nada es en vano
ni siquiera el cuello
de una mosca,

y una flor
pasa a través de los ejércitos
como un niño pequeño
fanfarroneando,
enciende su
color.

En la imágen, Bukowski respondiendo al brindis (nada cuesta imaginarlo). Fuente de la misma: pensamientos-avernales.com. La traducción del poema, como decía antes, es mía. ¿Otra copa?

domingo, 13 de septiembre de 2009

Charles Bukowski - "a la puta que se llevó mis poemas"

Arovecho la ocasión para sacar a la luz otra de mis traducciones de Bukowski. Por momentos, temo que pequen de literalidad, pero no lo sé... quién sabe: a lo mejor y no estoy del todo errado cuando pienso que mantienen ese tono que sólo puede ser llamado "bukowskiano" ("sórdido" o "ebrio" son, por sí solos, adjetivos insuficientes).

a la puta que se llevó mis poemas

algunos dicen que deberíamos guardar nuestro resentimiento personal del
poema,
mantenernos abstractos, y algo de razón hay en esto,
pero jezús;
doce poemas perdidos y no guardo carbones y tienes
mis
pinturas también, mis mejores; es agobiante:
¿tratas de aplastarme como el resto de ellas?
¿por qué no tomaste mi dinero? usualmente lo hacen
de los pantalones enfermos que duermen borrachos en el rincón.
la próxima vez llévate mi brazo izquierdo o cincuenta
pero no mis poemas:
no soy Shakespeare
pero en algún momento simplemente
no habrá ninguno más, abstracto o lo que sea;
siempre habrá dinero y putas y borrachos
desde ahora hasta la última bomba,
pero como Dios dijo,
cruzando sus piernas,
yo veo dónde he hecho cantidad de poetas
pero no tanta
poesía.

sábado, 25 de julio de 2009

Bukowski, intimista ebrio


Whitman veía en el discurso poético una forma de charlar con cada individuo, con cada lector, con la humanidad toda, aún con la futura. Ante semejante espectáculo, Bukowski hubiera sonreído con ironía y se hubiera retirado por algún callejón: poco podía imporetarle, a él, la Humanidad. Y es que, si la poesía es una forma de diálogo, la de Bukowski es de un tipo bien distinto: en lugar de los discursos altisonantes y felices del mega-ego de Whitman, él optó por una forma de charla muy diferente: la que se tiene en la barra de una cantina, lo más probablemente con un desconocido, que es una de las formas más solitarias de comunicarse. Bukowski prefería el tono íntimo y visceral, con unos cuantos tragos encima, con malhumor o con risas, y sin embargo siempre honesto. Y eso es su obra: una extraña mezcla de ternura, jocosidad, humor, perversidad, patetismo, ebriedad, desencanto, genialidad y delirio, impregnada de olores a cerveza rancia y a sexo, con sabor a vino barato y a gloria.

Y, pese a todo, resta siempre esa pregunta fatal: ¿quién fue, en realidad, Charles Bukowski? ¿Quién está detrás de la figura del genio, del alcohólico, del sátiro? ¿Qué rostro hay detrás de la leyenda, y qué mueca pone? Porque pocas leyendas literarias ha sido más inflada que la de Bukowski, que (él siempre lo afirmó) no entendía todo ese hablar de él, que sólo quería tomar y escribir en paz. Bien visto, Bukowski era un genio extraño que aspiraba a la sencillez, pero que no podía dejar de alimentar el mito que se tejía en torno a su persona, y que, al fin y al cabo, quería poder disfrutar de las cosas sin ese resto de temor, sin ese escalofrío que lo invadía ante la certeza de que no había nada que justificase la existencia de nada.

De modo que, para curarse del mundo, del sinsentido, de los demás, de sí mismo, está la literatura: "Esencialmente era por eso por lo que escribía: para salvarme el culo, para salvarme del manicomio, de las calles, de mí mismo" (Hollywood). Y esa literatura, al fin, sólo podía ser el diálogo errático que vive en las cantinas, esa forma de confesión íntima y desinteresada a la vez. Nada más que distracciones, simulacros de juego, carnavalerías y copas, y sin embargo el rostro más íntimo y desesperado de un poeta genial que nunca supo muy bien por qué estaba en este mundo, como un Baudelaire del siglo XX.

¿La receta? Neil Baldwin dijo así: "Tómese una porción de Hemingway, añadir una dosis de humor (del que Hemingway extrañamente carece, mientras Bukowski es un virtuoso), mezclar con un puñado de hojas de afeitar y varios litros de vino barato, luego una o dos gotas de ironía, agitar bien y leerlo al final de la noche: así tendrá el auténtico sabor Bukowski". Yo, personalmente, hubiera agregado un poco de Sade, dos o tres gotas más de ironía, algo de Baudelaire y sábanas sucias. Luego, eso sí, leerlo al fnal de la noche, a la hora Bukowski, con un vaso de whiskey.




la tragedia de las hojas

me desperté para la sequedad y los helechos estaban muertos
las plantas enmacetadas amarillas como el maíz;
mi mujer se había ido
y las botellas vacías como cadáveres desangrados
me rodeaban con su inutilidad;
el sol todavía era bueno, sin embargo,
y la nota de mi patrona partida en fina e
insolicitada amarillez; lo que era necesario ahora
era un buen comediante, estilo antiguo, un bromista
con bromas sobre dolor absurdo; el dolor es absurdo
porque existe, nada más;
afeité cuidadosamente con una navaja vieja
al hombre que una vez fue joven y
decía tener genio; pero
esa es la tragedia de las hojas,
los helechos muertos, las plantas muertas;
y caminé hacia un vestíbulo oscuro
donde la patrona estaba de pié
execrativa y terminante,
mandándome al infierno,
ondeando sus brazos gordos y sudorosos,
y gritando
gritando por la renta
porque el mundo nos había fallado
a ambos.


(Traducción hecha en casa por un servidor)
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