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jueves, 6 de enero de 2011

Entre "Eros" y "Porné": el neblinoso límite de los géneros


Bien, bien... supongo que he atrasado esta publicación demasiado tiempo; y, en vistas a que he recibido una solicitud de que la haga aparecer de una vez vía correo electrónico, pues aquí la tienen: esta es la conferencia (o charla, o lo que quieran llamarle) que dí a fines del año pasado en la Facultad de Ciencias Sociales de la PUCP, titulada Entre "Eros" y "Porné": el neblinoso límite de los géneros. Lo único que debo advertir es que, en vistas al medio en que estoy haciendo la publicación, tan diferente a un aula en la que cuento con un proyector, he realizado algunas adaptaciones mínimas para dar más continuidad al texto. Pero no hay de qué preocuparse, porque los contenidos son los mismos: sólo he cambiado algunas formas (por ejemplo, por el hecho de que aquí no tengo cómo poner la escena de Calígula que puse como parte de mi charla) y he quitado algunos ejemplos gráficos que, en ese momento, pasé mediante un Power Point. Lo demás, está aquí, íntegro y sin censuras. Para quien lo disfrute, ahí va:

"Hoy, voy a dar vueltas en torno a un viejo problema, del que tengo por seguro que más de uno de los presentes habrá tenido que escuchar alguna vez, y es el de los consabidos géneros que implican, de alguna forma, cuerpos desnudos, sexo explícito o implícito y todo ese tipo de cuestiones relativas a lo sexual: obviamente, me refiero al erotismo y a la pornografía. Géneros que, dicho sea de paso, parecen ser opuestos para casi todo el mundo: mientras uno es “artístico”, se dicen, el otro es “vulgar”, “simplón” o “innoble”; mientras el primero busca expresiones de gran calidad estética o profundidad simbólica, al segundo le basta cualquier excusa, por más tonta que sea, para ponernos uno o dos penes y unas cuantas tetas (mientras más, mejor) al frente. Mi intención es la de dar una vuelta de tuerca a todo este rollo y, de una vez por todas, tratar de poner un nuevo orden a las ideas que nos formamos de todo lo que implican estas cosas.
            Y, para empezar con pie derecho esta charla, me gustaría aclarar un asunto. Podría hablar en términos de “erotismo” y “pornografía”, pero prefiero no hacerlo. En su lugar, voy a hablar de “lo erótico” y “lo pornográfico”. Que ni es lo mismo ni es igual, como pretendo demostrar en unos instantes. Antes, sin embargo, y para que no parezca que me salgo de la línea, dejaré en claro que, si “erotismo” y “pornografía” son los géneros, luego decir “lo erótico” y “lo pornográfico” es hablar de lo relativo a estos géneros.
            La pregunta que subyace a todo este rollo es bastante notoria: ¿qué es un género? Pero, para poder contestarla de la mejor manera posible, antes me gustaría pasar revista a algunos aspectos implicados. Bien, puesto todo esto sobre la mesa, paso a lo que quedó pendiente: las etimologías.
            ¿Qué significan las palabras “erótico” y “pornográfico”? La primera es más obvia: “Eros” es la palabra griega para el amor. Pero no cualquier amor, sino el Amor (con A mayúscula). Eros era, para los antiguos, una figura mitológica, divina. Los romanos le pusieron por nombre “Cupido”, y hay una larga tradición literaria que lo llama, sencillamente, Amor (Tirso de Molina en El burlador de Sevilla, por ejemplo). Lo cual es importante, porque en ese sentido “lo erótico” (o, si prefieren, “lo relativo a Amor”) compromete, sí, lo sensual y aún lo sexual, pero en un ámbito elevado, noble, hasta espiritual.
            La otra palabrita, en cambio, es arena de otro costal. “Porné” quiere decir, en griego, “prostituta”. Así, “lo pornográfico” vendría a ser, en su “espíritu” etimológico, “lo relativo a las prostitutas” o “a la prostitución”. Creo que queda más que claro que, una vez más, esto compromete lo sexual, pero en una forma muy distinta: vulgar, bajo, carnal.
            Si seguimos esta línea, llegaremos a una idea según la cual el ser humano se divide en dos partes. Una idea que de hecho ha sido expuesta por numerosos críticos, con Bajtin a la cabeza, y es la que reconoce una sección “superior” de una “inferior” del individuo. A la superior, la esfera “elevada” del ser, pertenece todo aquello que es racional, espiritual o, si quieren una palabra un poco más vieja, etéreo. Tanto lo estético como lo intelectual pertenecen a este ámbito del individuo. Del otro lado, a la sección inferior, la “baja”, pertenece todo aquello que sea relativo a lo carnal o corporal en su sentido más grotesco, por así decirlo: lo que se derive de lo genital, lo digestivo, lo fecal… Anatómicamente, el cuerpo se divide en dos partes: la cabeza (por lo menos de los ojos para arriba) y el resto del cuerpo, de la nariz y la boca hasta los pies. Separación que carga con un sentido geográfico, dicho sea de paso: la cabeza apunta (y por ende sirve de “puente”) hacia el cielo, a lo limpio y alto, mientras el resto del cuerpo desciende hasta el suelo, el polvo, la suciedad. O el infierno, podría agregarse.
            En este sentido, lo erótico y lo pornográfico tienen la función de excitar cada uno a su ámbito. En ese sentido, lo erótico vendría a ser una suerte de masturbación espiritual, tanto como lo pornográfico implica una masturbación corporal (literalmente). Cada uno de estos géneros tiene, pues, un objetivo que cumplir, sólo que uno es asumido como positivo o “noble” y el otro como negativo o “vulgar”, “sucio”. Lo que no significa otra cosa que esto: que cada una de estas formas tiene implicaciones y consecuencias prácticas.
            Claro que esta forma de definir los géneros es un poco tonta. Si estamos de acuerdo con ella, entonces reconocemos que las obras eróticas sirven para elevarnos intelectual o espiritualmente (si todavía podemos creer que tenemos algo parecido a un espíritu) y que el porno sirve para que pasemos un buen rato a solas, como quien dice, “haciendo manualidades”. El problema es que no nos dice nada acerca de qué demonios es una obra erótica y qué una pornográfica: así nos diga qué hacer con cada una de ellas, eso de poco nos sirve si no podemos reconocerlas.
            El gran problema de esta teoría de la interpretación (porque decir que una determinada obra tiene tales o cuales efectos sobre un espectador significa que éste la está interpretando) es que asume que el agente tiene un rol hermenéutico pasivo frente al objeto interpretado. Dicho en cristiano, que al espectador no le queda de otra que dejarse penetrar por la obra que está viendo, porque ella se define a sí misma. Pero esto es ridículo. El autor de cada obra, ciertamente, elige una serie de elementos para darle forma, pero esto no es más que la mitad del proceso. Una fotografía, una película o un texto no son nada más que un objeto físico si no hay alguien para interpretarlos. Y cada interpretación puede ser muy, pero muy distinta de las demás.
            Voy a proponer un ejemplo para hacer esto un poco menos confuso. Lo que voy a proponer a continuación es un breve análisis de la película que quizá haya causado más polémica en torno a los géneros en toda la historia del cine. Que es lo que se puede esperar cuando la productora de un director de cine erótico es una conocida industria pornográfica. Se trata de la película Calígula, dirigida por Tinto Brass y producida nada más ni nada menos que por Penthouse, la competencia de Playboy.
La pregunta clave ahora es: ¿por qué elegí esta película? Tan cargada de… ¿Pornografía? ¿Erotismo? No me cabe la menor duda de lo que todos los que la han visto estarán pensando: que se trata de porno y punto. ¡Y qué porno! Y eso es, precisamente, lo que me llevó a escoger esta película en particular. Calígula es una película que generó polémica desde antes de su estreno. Cuando Gore Vidal, el guionista (si alguno de ustedes ha leído alguna de sus novelas se dará cuenta de que es un nombre de peso) vio el resultado final de lo que él había escrito, pidió que su nombre fuera retirado de los créditos. Malcolm McDowell, al que seguro recuerdan por su papel en La naranja mecánica, tampoco estuvo muy contento. Ni el director, Tinto Brass (¡y eso que ha hecho otras películas bien subidas de tono!). Es decir: Penthouse había hecho de una película que fue concebida como una cruda reflexión sobre el poder y la condición humana una cinta porno; o, en todo caso, lo que los espectadores reconocerían como tal.
Y aquí hay una idea que yo creo que es fundamental. Si ven la película completa, notarán que la mayor parte de la película, que está llena de escenas de sexo, tiene un contenido que definitivamente va mucho más allá del clásico “sexo por el sexo” de la pornografía más descarada. Y sin embargo un amplio sector del público pensó, efectivamente, que se trataba de una cinta pornográfica.
Voy a tratar de ser un poco más claro. Les voy a contar una anécdota. La primera vez que yo vi esta película fue en casa de un amigo. Un día con un grupo de amigos le dijimos para verla, y él la puso. Sólo que el desgraciado adelantaba casi todas las escenas, y sólo dejaba las de sexo explícito. Nosotros, obviamente, nos quejamos, pero no hizo caso. Ahí fue que nos enteramos de que él jamás había visto la película completa. Y bueno, ya se imaginarán para qué le interesaba la película, ¿no? En fin, que como se negaba a prestarla, pues fui y me la compré. He visto Calígula muchísimas veces, y no sólo creo que es una gran película, de las mejores que he visto, sino que la considero una obra maestra del erotismo. Desde mi interpretación de la totalidad de la película, las escenas de sexo, por más explícitas o “pornográficas” que sean, van de la mano con un guión formidable y, así, pasan a ser una parte esencial del contenido, casi como un símbolo de lo que está diciendo la película: la corrupción del hombre por el poder, la voluntad como una sed de dominación y eso que el mismo Gore Vidal ha plasmado en otras de sus obras, que “el sexo es poder”, o una forma de dominación. Además, el caos de cuerpos revueltos que son las orgías en esta película, lo grotesco de las escenas sexuales, no hace otra cosa que jugar a favor de este tipo de lecturas: todo se sale de control, todo es sucio, la vida no es otra cosa que una lucha por el placer basado en la dominación… y así, en un larguísimo etcétera.
Tenemos, pues, dos interpretaciones distintas: una dice que Calígula es un porno; la otra, que es una cinta erótica. ¿Cuál es la correcta? Yo creo que ambas.
A ver, volvamos a lo que decíamos sobre la teoría de la interpretación. Antes hablábamos de una forma de entender la hermenéutica según la cual es el objeto interpretado el que se define por sí mismo, el que da sentido a sus propios contenidos, le guste o no al espectador. Y dije, también, que considero que esta es una forma incorrecta de entender la interpretación. Vale. ¿Entonces de qué se trata?
Esta teoría ha sido defendida, en la historia del pensamiento, sobre todo hasta inicios del siglo XX. Pero las cosas cambiaron mucho cuando hizo Heidegger apareció en el horizonte. Heidegger, de hecho, fue el primero en plantear que la interpretación (que, para él, es la interpretación que el ente que “es” hace de su propia condición de existente) recae tanto en las manos del propio agente interpretante como de aquello que conforma el mundo que lo rodea o, como él prefiere llamarlo, “mundo circundante”, donde se encuentran, entre tantas cosas, los “otros”. Pero la verdadera cima de la corriente hermenéutica fundada por Heidegger va a llegar con uno de sus alumnos, el genial Hans-Georg Gadamer.
 Repasemos: para la hermenéutica romántica, uno debe situarse dentro del contexto y los elementos del objeto interpretado para poder comprender, libres del peso de cualquier juicio previo, lo que ese objeto es por sí mismo. Pero Gadamer, con algo de lucidez, y sin muchas ganas de morder la almohada, dio vuelta a esta idea. Para él, plantear una fórmula de interpretación tan limpia es sencillamente imposible, porque uno no puede, por más que se esmere, abstraerse de esa forma del contexto (histórico, cultural, epistémico, biográfico o lo que quieran) en el que está metido. En otras palabras, que el agente, con todo lo que carga consigo, tiene un rol capital en la interpretación. En otras palabras, que no podemos evadirnos a nosotros mismos.
Pero ojo: esto no significa que “el hombre sea la medida de todas las cosas”, como decía Protágoras. La interpretación no es olvidarnos de nosotros mismos para dejar al objeto gritar sus verdades, pero tampoco se trata de amordazarlo para arrancar las conclusiones que se nos vengan en gana. Lo que propone la tradición hermenéutica de Gadamer, como la de Davidson, es más bien una suerte de diálogo entre el interpretante y lo interpretado, sin dejar de lado los contextos. Así, y como decía el mismo Gadamer, comprender algo es, necesariamente, comprender-se en ese algo. Y comprender es una forma de interpretar.
            ¿Qué delimita, entonces, el género erótico del pornográfico? Y, por ende, ¿qué demonios es un género? Creo que lo primero que tendríamos que hacer es romper un poco la idea de los límites. Siguiendo lo dicho hasta ahora, creo que puedo afirmar que los límites de un género no están delimitados por sí mismos: el género es, precisamente, una generalización, una categoría mental que nos permite organizar nuestras interpretaciones acerca de los objetos. Estoy de acuerdo con Gadamer en que estas interpretaciones tienen dependen tanto del objeto interpretado como del agente que lo interpreta. Y un género es resultado, precisamente, de una interpretación.
            Para ejemplificar un poco lo que digo, voy a citar un ejemplo propuesto por Borges. En una conferencia sobre literatura policial, Borges plantea que un género no es tanto una literatura como un lector. Borges, en este texto, nos pide que imaginemos a un lector particular, uno de ficciones policiales al que le dicen que el Quijote es una novela policial. Obviamente, tenemos que imaginar también que este lector hipotético no sabe nada sobre el Quijote, ni mucho menos ha oído hablar de Cervantes. Para él, el Quijote es un libro que podría haber sido escrito ayer mismo. Bien, el lector empieza a leer el Quijote y lo que se encuentra es esto. Cito lo que, según Borges, sería esta lectura: “En un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo vivía un hidalgo… y ya ese lector está lleno de sospechas, porque el lector de novelas policiales es un lector que lee con incredulidad, con suspicacias, con una suspicacia especial.
            Por ejemplo, si lee: En un lugar de la Mancha…, desde luego supone que aquello no sucedió en la Mancha. Luego… de cuyo nombre no quiero acordarme… ¿por qué no quiso acordarse Cervantes? Porque sin duda Cervantes era el asesino”. Lo que está proponiendo Borges es, a grandes rasgos, muy similar a la teoría de Gadamer (lo que es curioso, porque no parece que se hayan leído nunca). En fin, que lo que se propone es precisamente un diálogo entre el lector y el texto, entre el agente hermenéutico y el objeto interpretado. Lo que me interesa hacer notar sobre este ejemplo es que lo que determina el género (en este caso del Quijote) no es el texto mismo, sino la forma en que es leído. Y la palabra “es leído” implica que hay, necesariamente, un texto y un lector. Hablamos, entonces, de una apertura del género, ya que lo que se sigue de este “diálogo” o interacción es que hay, efectivamente, más de una lectura o interpretación posible y válida. Una tesis pluralista.
            Ahora volvamos a Calígula y a la historia que les conté. Aquí también hay dos interpretaciones diferentes: película pornográfica o erótica. ¿Con cuál nos quedamos? Pues sucede lo mismo que con el ejemplo del Quijote que nos propone Borges: si la apreciamos estéticamente, interpretando lo relativo al sexo como un símbolo o lo que sea, entonces pertenece al género erótico. Pero si hacemos como mi amigo y la utilizamos con otros fines (todo el mundo sabe de a lo que me refiero), entonces se trata de una cinta pornográfica, o por lo menos de una cinta con escenas pornográficas.
            Esto nos devuelve a una idea anterior: no la de lo “elevado” y lo “bajo”, sino la de las consecuencias de una interpretación, tanto en el nivel de lo práctico como en el de las creencias. La hermenéutica, necesariamente, se traduce en estas formas. Podríamos pensar, si no, en el director porno Andrew Blake: mientras unos resaltan la estética, las luces y simetrías que utiliza en sus películas, llegando a llamarlas “cine erótico”, y llamándolo a él "el Helmut Newton del porno", otros sólo están interesados en apuñalarse un poco el bajo vientre mientras las ven. Es decir, que una vez que nos formamos una idea de lo que es “erótico” y lo que es “pornográfico” generamos una creencia, y nuestras actitudes frente a los objetos que nos parece que podemos catalogar como pertenecientes a uno u otro género, dependerán de estas creencias.
            No digo que el patrón de comportamiento “masturbación – deleite estético” sea el que determine el género. Digo que éste, si va a ser determinado, tiene que serlo en base al tipo de lectura que hacemos del objeto interpretado. En este sentido, Eros puede ser una prostituta y Porné una diosa. ¿Por qué no? Al fin y al cabo, lo que importa es que disfrutemos, cada cual a su manera, de estas obras maravillosas que hacen de la sexualidad y la sensualidad humanas su personaje principal, por suerte para todos nosotros. Muchas gracias."

martes, 27 de abril de 2010

Entrevista a Andrew Blake


Se lo ha llamado "El Helmut Newton del Porno". Título que más de uno podría considerar escandaloso: al fin y al cabo, no puede haber punto de comparación entre un genio, revolucionario de la fotografía de desnudos, artista al cien por cien; y un sucio director porno, cuya visión no llega más lejos de un par de mujeres compartiendo saliva, sudor y demás secreciones en una escena de seco lésbico. Y, sin embargo, voy a acusar a toda esta perspectiva de no tener ni la más remota idea de lo que está diciendo. Replanteemos una pregunta: ¿puede la pornografía poseer por derecho propio un lugar entre las Bellas Artes? Esta idea ya la he discutido en repetidas ocasiones (concluyendo con una rotunda afirmación, claro está; al interesado, busque la etiqueta "Pornografía" en el índice de al lado y lea); y la cuestión se torna especialmente significativa cuando traemos sobre la bandeja a un hombre con la visión y el método de un científico de las artes y el jadeo como es Andrew Blake: a quien haya dado una ojeada a alguna de sus películas (yo lo he hecho de algunas escenas), no podrá dejar de notar, si observa con cuidado, que hay allí algo que no ofrece el común de los directores de pornografía, aunque sin abandonar el objetivo común a todos los del oficio: un final seguramente solitario, pero feliz.
Bueno, que cada cual haga su tarea y pase revista a sus prejuicios por su lado. Ya tendrán tiempo que dedicar a las cintas de Blake. De momento, les traigo una entrevista que le hizo "Vibe Review". Tiene, se los aseguro, algunos puntos de vista muy interesantes (disculpen que no la traduzca, pero me falta el tiempo). Interesante, además, para aproximarse un poco al universo de la industria del porno y algunos de sus detalles y quehaceres. Supongo que todo lo que me queda por decirles es: "¡Buenas noches!"


I heard a rumor: You only make three films a year. Is this true?

Yeah, making new films takes me a lot of time - I don't make them like I would cook sausages. Strange comparison, I know. It's just that I don't want to mass create films. A 'quality versus quantity' situation is what I am getting at. My films are really handmade. I wait for all the specifics to fall into place. Like, for example, the ideal model. I will wait until I find the perfect person for the role. I don't want to rush the creative process. Why should I? I want each model to be the right model for the right role in a perfect film.

Lately, I've been blessed with fantastic girls. I consider myself lucky and fortunate for the current talent base that I've had an opportunity to work with. These girls are the "top" girls in the business. More and more, women like to work with other women; and, recently, I've had the opportunity to work with these women. It's obvious that beautiful women tend to start their career in the hardcore scene, but after a few weeks these same women change career paths. They decide to explore other options because they are afraid of diseases, or they don't like the scene itself.

I spend a lot of time with my wardrobe specialist, picking her brain. Since she picks out the lingerie and outfits for the girls, I want to know what she envisions. It's the entire creative process, and it takes time. Oh, and a lot of the outfits are handmade - the outfits are either custom-designed for the model or we go to the wardrobe houses at the movie studios. We even set out to find the right outfit! I'm very careful with all the details.

I do not shoot on tape, which is what most other people do. I shoot only film. The technical process is labor intensive, but absolutely worth the extra effort. I do all the casting, find all the film locations...basically, I direct the design, the image. Of course, I also do all the editing. My films take a long time - from start to finish. I make sure all the details are arranged in a way that makes everyone happy. In order to accomplish my goals, I am only devoting myself to three films a year.

How did you get into this business?

I was a painting major in college. Francis Bacon - the famous English painter in the'60s and '70s - inspired me. I wanted to communicate my ideas in a similar way to Francis Bacon, through painting. I wasn't a very good painter! While still enrolled in college, I began working on syndicated radio shows at a local radio station. After finishing college, I started working as an art director for a TV station in Boston: I did animation and photography. Exposed to different areas, I was able to get my feet wet and learn about the creative process.

After working in Boston, I ended up moving to New York City, where I worked as an art director at CBS News. As fate would have it, I met my future wife while working at CBS. We eventually moved back to Boston; my wife wanted to attend art school there. I got back into animation, and for a long time! I worked with a guy who got a contract to do an animated special for NBC, which led me to Los Angeles - and we've been in LA ever since then! Another twist of fate. Life's full of them!

I spent a lot of time in the animation industry, but I eventually got sick of it. As a hobby, I had always photographed nude women - well, nudes. Around that time, like '83 or '84, the Playboy channel had just started up. I decided to test the waters of the industry, and also myself. I self-produced a short ten minute erotic piece that Playboy ended up loving. I began shooting centerfolds for Playboy, which I liked for a little while. I kind of got tired of centerfold photography; I didn't like directing the girl's hands, which is important with that type of photography.

So, I started photographing and filming women with my style in mind - really developing my interpretation of hardcore with beautiful women and spectacular backdrops. I became very successful at doing this. I found my own style, which is important for every artist. By this time I began working for Penthouse, where I started a line of videos. Then I decided to make another hardcore erotic film, Hidden Obsessions. It became wildly successful. I did all of this while I was still doing videos and centerfolds for Penthouse. Fortunately for me, Penthouse allowed me the freedom to experiment and express myself. I did my own thing, you see. Eventually, after making several films, my wife and I started Studio A, where we own and self-produce everything.

Some people have described your films as "yuppie porn." What do you think about this label?

It's not some strategic marketing plan. It's about doing what I want to do and what, at least so far, seems appealing to many people. My sensibilities, my obsessions - that's the only plan in motion. My films have nothing to do with pleasing the "average" porn viewer. Sure, I invite everyone to enjoy my films, my work; but I don't set out to please any one type of person or porn fan.

Are your films indicative of your personal fantasies?

Yes, absolutely. I was obsessed with this one model that I worked with for 12 years, Dahlia Grey. My movies basically revolved around my obsession for her, like, I'd want to see her in new skirts that I found, or see her in a corner, standing a certain way...or seeing her in bondage in the trunk of my car. A muse, sort of. Sometimes it was soft, sometimes harder. She and I were never physically together. I always thought that if I had sex with her it would burst the balloon. There was always a tension between us. We always battled it, but that tension translated into great film.

I see your films lean more toward erotic art than "pornography." Some professionals claim your films aren't "hardcore" enough, but when I watch your films I can tell that you understand women - physically, emotionally, and sexually. How is it possible for you to know so much about women?

Well, I love women. I love everything about women. A total fascination and obsession. It boils down to that. If a viewer doesn't believe my films are "hardcore" enough, then there are a zillion other pornographic avenues to choose from. That's cool thing about the adult entertainment industry: There's plenty to choose from.

I have often thought of your films as aphrodisiacs, especially for couples who go wild watching the cinematic experience you create.

I think a lot of it is the technical way something is filmed. I film double-speed, so it slows everything down. When the action is slowed down, when everything goes a little slower, it adds to an already sensual scene. Like a hand moving slowly down a woman's breast - instead of a hand violently running down a woman's breast. Capturing every intimate detail is essential - it's what makes me happy.

You know a woman's body. What's the most erotic part of the female anatomy?

Neck bones and underarms. I love both. I love legs, a certain kind of breast, and a beautiful butt. It's the whole package for me, not just one individual part. It's gotta be everything. I try to find drop-dead gorgeous women for all my films, and they can't have fake breasts. They have to have an innate beauty in them.

Do you find that some women who are excluded from the typical "supermodel" definition have so much self-confidence and inner sexuality that they exude sensuality on film? How important is innate beauty?

Great question! Yes, physical beauty is wonderful, but there's a deeper level that's more interesting. A deeper level that's certainly more important. Dahlia Grey is the perfect example of this. She's a Brazilian model who has the entire package - beauty, inner-beauty, and sensuality. She oozes inner energy and sexuality. She's always hugging, always laughing. Her body and mind...drop-dead gorgeous.

Do you have a favorite personal lubricant?

I really like Eros Bodyglide. All the Kama Sutra products, yeah. I especially like Kama Sutra Massage Oil and the Kama Sutra Bedside Box. I recommend all three products to your readers.

What's your favorite movie that you've made? What movie are you most proud of?

Hidden Obsessions and Decadence are my two personal favorites. The quality of these films impresses even me!

Many of your films explore sexual fetishes. What is it about fetishism that appeals to you?

I'm not into whips and chains - well, I guess I am into whips and chains from a visual perspective. I don't get into that lifestyle. Filming it and participating in it is two different things. In real life, that lifestyle is about trust and vulnerability, whereas on film it's more about filming that trust and vulnerability in action. It becomes voyeuristic.

What do you think is the secret to a passionate love life?

Variety. I was married for 30 years. We recently divorced, so now I am playing the field. I brought out my sexual energy in films while I was married. Not in real life or in my married life.

Is there anyone making films that you view as competition? Or any new films that you like?

It depends what you are into. I'm very impressed with Stuntgirl by Jack the Zipper.

Andrew, thank you for your time! I know you are a wanted man. I appreciate you spending a few minutes with me. Good luck to you.

Thanks. I have a good time with these interviews. Great questions, by the way. We'll meet again, I am sure. Take care.

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