lunes, 5 de septiembre de 2011
J.D. - Las iniciales del dios
martes, 30 de agosto de 2011
30 de Agosto...
Por favor, me haces sentir vieja... llámame Rosita.
Bueno, Rosita. ¿Cómo se siente?
Bueno, la verdad, es complicado. Pero después de tantos flagelamientos, yo me la buscaba.
Bueno, cuéntanos, Rosa. ¿Es verdad que consumes drogas?
No, en realidad no lo hago. En mi juventud me metí un poco de ácidos con toda la gente de la parroquia, que eran medio hippies. También experimenté con los cantos gregorianos, pero eran muy fuertes. ¿Todavía los usan como alucinógeno?
Eh… no. Me parece que no.
Qué pena. No sé cómo será la juventud actual, pero ayudaba a los muchachos de mi época. Todos veían a Dios, y levitaban y cosas así. Ahora creo que ya nadie levita… eso es muy triste.
¿Y cómo le fue en su viaje al futuro?
Muy bien. Me llevó un demonio. Él fue el que me hizo tomar la decisión de querer ser una santa. Me amenazó con que si no me flagelaba el futuro iba a ser como él me lo mostró. Así que puedo considerarme uno de los pilares de lo bien que está el mundo ahora.
¿Cómo era ese mundo que le enseñaron?
Aburridísimo… Todos iban a la iglesia, y nadie hacía daño a nadie. Los curas se morían de hambre, ya te imaginarás. ¿Quién necesita un cura si no hay guerras, hambre, desgracia o sufrimiento?
Cierto, madresita. Tiene toda la razón.
¿Qué esperabas? El título de santa no lo regalan.
Sobre los mosquitos…
Mis mejores amigos. Ellos me ayudaron a darme cuenta de que debía dejar los ácidos. Y no es que haya alucinado que me hablaban, pero uno de ellos me dijo “oye, Rosa, vamos a tomar un café”, y ahí hablamos sobre todas estas cosas… el camino por el que iba. Y cambié. Ahora, sé que Dios me lo envió.
¿Y qué tal te llevas con Dios, ahora que andas en el cielo?
Muy bien, si es divino… Claro que a veces es un poco confuso, porque como viene en combo y es tres en uno, no sabes muy bien con quién estás hablando realmente. Pero es buenísimo, y prepara unos cabellos de ángel maravillosos. Ya vas a ver cuando te mueras, si es que subes, claro está. ¿Tú te portas bien?
¿Yo? ¡Claro!
¿Y te flagelas?
De cuando en cuando.
Hazlo más seguido, y con fervor. Sino no sirve.
¿Dónde queda el cielo, Rosita?
Mira, se supone que es un secreto, pero a ti te lo voy a decir. Queda en otra galaxia, bastante lejitos. A mí me recogieron en nave espacial para llevarme. San Martín de Porres me contó, cuando nos encontramos por allá, que uno de los extraterrestres le metió la mano. Muy, muy mal. Todo porque era negro.
Una última pregunta, Santa Rosa. ¿Es usted vírgen?
Ah, bueno (risas). Una dama jamás contestaría esa pregunta.
martes, 23 de agosto de 2011
La España soñada... de Ratzinger
miércoles, 22 de junio de 2011
De Diavolo questionae...
lunes, 9 de mayo de 2011
Diálogo entre un moribundo y un sacerdote.
Con mucho cariño (y poco talento) para mi compadre Jorge Chávez, mester de paganía y honroso compañero en estas sendas baldías de los que vivimos sin techo ni religión, de paso que de esas largas lecturas del Marqués de Sade (para el que hay un guiño obvio en este texto). Por lo demás, pues que me cago en el semen derramado de Cristo. ¡Jodido dios!
sábado, 23 de abril de 2011
"El Tábano"... ¡existe!
Pues eso. Muchos recordarán el coñazo que nos armó Mr. Mierdas hace un tiempo, cuando se le dio por armar un bailongo mientras nos sacaba la lengua, y todo porque se había hecho con un libro (casi duele pensar que somos lo bastante subnormales como para armar embrollos como estos por un libro... ¿pero a qué hemos llegado?), una obra misteriosa, que nadie había leído ni por casualidad, y ni hablemos de encontrarlo. Su enigmático título era El Tábano, de la irlandesa Ethel L. Voynich (otra que todos jurarían que solo era conocida en su casa y la de sus abuelos), y dadas las ganas con las que Mr. Mierdas se puso a proclamar lo bueno que era el libro y tal, pues nosotros nos quedamos las de leerlo. Y empieza el drama, porque ya lo digo: que nadie tenía ni puta idea de dónde encontrarlo. ¿Existía realmente?
| Este no tiene nada que ver con el libro. Sólo es un tábano. |
Breve posdata: Obviamente, esta entrada va dedicada al cabrón de Mr. Mierdas. Y que sepa que en la primera página de mi edición de El Tábano, debajo de mi nombre, he escrito estas palabras entre paréntesis: "In Honorem Mr. Mierdas". Que cada cual tenga lo que se merece, y este se merece una copa en alto. Dada la ocasión, les dejo un tangazo del maestro Osvaldo Pugliese.
jueves, 7 de abril de 2011
Propaganda "Cristiana"
viernes, 18 de febrero de 2011
Paganismo Cristiano (esas paradojas que dan variedad a la vida...)
domingo, 8 de agosto de 2010
La billetera del Vaticano
A ver un breve repaso: 25 libras (30 euros, digamos) costará la "entrada" a la misa que dará don Papa en Bringham; 24 la de Glasgow, con concierto de Susan Boyle incluído; y un equivalente a 6 euros será lo que la gente tendrá que pagar para poder participar de la vigilia de oración que se celebrará en el Hyde Park. A ver si no es una linda forma de echar la plata al agua, que así sea bendita es una patada al buen sentido.
Todo el mundo sabe que Herr Ratzinger es un hombre muy chapado a la antigua, que le gustan las misas en latín, que cree que el Infierno está allí esperándonos a nosotros los que pecamos (y con mucho gusto), que parece emocionarse mucho soñando con inquisiciones para acabar con ateos y herejes (o eso nos deja intuir en muchas de las páginas que ha escrito). Por eso mismo lo digo: que aquí puede haber de todo menos sorpresas. ¿Y mañana, qué? Preparáos, hombres de buena fe, que a lo mejor y les va a caer una cuentasa por todas las misas, confesiones e intervenciones divinas (que hay que comprender que dios también es humano). Falta un vocero del Vaticano que lo diga: "El futuro de la Iglesia y de la fe está en su pasado". Aprender de los errores, que le llaman.
No voy a ser tan ciego para no reconocer que algunas de las performances político-religiosas de Ratzinger han sido acertadas (como su acercamiento a las comunidades judías, por poner un ejemplo), pero de poco pueden servir los frutos cuando la raíz está más podrida que el sentido musical de Ricardo Arjona. Y que no me vengan los del Vaticano (ni el papa ni nadie) con cuentos: si sus billeteras están tan flacas es porque se dejaron el dinero debajo del colchón. Los cristianos tendrían que ser los primeros en saber que el derecho a la fe no se paga, aunque a dios le entre la gana de alzar los impuestos. ¿O es que hay que pagar peajes para subir al cielo?
Fuente de la noticia y de la imagen: El Comercio. Por cierto: miren bien la foto, y ninguno que sepa dos cosas de Star Wars podrá negar el parecido que tienen Ratzinger y Darth Sitheous (hablando de sorpresas, tampoco puede tomarnos desprevenidos si el pontífice empieza a echar rayos de las manos, si ya nos las mete en los bolsillos).
sábado, 24 de julio de 2010
Gianni Vattimo en la FIL Lima
Para los que anden un poco perdidos al respecto, Vattimo es un seguidor de la escuela hermenéutica de Gadamer, aunque algo más radical que el maestro, y ha hecho mucho hincapié en las interpretaciones del arte y la estética, además de sus escritos sobre hermenéutica en general. Si pensamos en la filosofía no sólo como en una disciplina a la que le corresponde plantear preguntas y problemas sino también explicarlos, Vattimo se ha enfocado, más de una vez, en tratar de explicar los problemas implicados en la interpretación entre un sujeto y otro, en vistas a categorías tales como la "diferencia".
Otro tema que ha abordado constantemente es el de la religión, y lo ha hecho en una forma tan fascinante que hasta los ateos más burlones nos sentimos llamados a leer sus textos, y con la boca muy abierta. Y ese es, precisamente, el tema que va a tratarse en la FIL: Vattimo participará en un diálogo con monseñor Luis Bambarén sobre la fe en el nuevo milenio. De más está decir que tengo muy altas expectativas al respecto, y no pienso perderme la ocasión de escuchar a un pensador de su talla.
¿Cuándo? Este martes 27 de julio, a las 8:15 pm. El ingreso es libre, así que mejor llegar temprano.
viernes, 16 de abril de 2010
¡Atención, obispos del mundo!
Pero una cosa es eso, y otra muy distinta lo que respecta a otros ciertos cristianos (católicos, apostólicos y todo el cuento que quieran) de cuyos nombres no quiero acordarme. Si, si: Herr Ratzinger a la cabeza de toda la comitiva. ¿Por qué tanto ataque, se preguntarán algunos, por parte de un hombre como yo que dice no defender ideología alguna y que, por tanto, no tiene regla con la que corregir nada? Pues porque, con regla o sin ella, hay que mantenerse siempre de pie, con los ojos muy abiertos y la mente despierta, con toda la lucidez del mundo para poder realizar las críticas pertinentes. Y lo digo desde ahora: puedo tolerar cualquier creencia, con o sin ataques, pero siempre con el respeto que toda creencia merece, así se aleje de las mías; pero no respeto ni en lo más mínimo la hipocresía, que es uno de los mandamientos del Papa y de la mayor parte de su gente.
Y ahora repito el título de esta nota: "¡Atención, obispos del mundo!" Pero el que tiene algo que decirles no soy yo, en este momento, sino Hans Küng, sacerdote y teólogo suizo, que acaba de publicar en los diarios de todo el mundo una Carta Abierta a los obispos de alrededor del globo, con un llamado muy interesante: plantear ellos mismos una crítica y las posibilidades de una reforma fundamentándose, sobre todo, en las conclusiones del Concilio Vaticano II, donde se dejaron en claro muchos puntos respecto al cristianismo y a la profesión del sacerdocio que Ratzinger parece haber olvidado del todo, a pesar de haber participado en ese Concilio junto con el mismo Küng. Empezando por algo más que básico: la lealtad se la deben, ante todo, a su dios, no al Papa, sea cual sea su nombre. Y dado que el susodicho es un ser humano, ¿pueden actuar los obispos y sacerdotes del mundo como si su palabra equivaliese a la de alguna divinidad? Da mucho que pensar, ¿no?
De más está decir que posturas de este tipo, que no por ser cristianas dejan de ser críticas y lúcidas, me parecen admirables. Así es, lectores míos: esta vez, la copa la levanto por un sacerdote y teólogo cristiano, y hasta propongo un brindis bien clavado en la garganta. Salud, Küng, y ojalá imperara sobre el catolicismo una visión más cercana a la tuya, no por ideologíao dogma, sino en cuanto a lo critico de la misma.
La Carta Abierta la pueden leer accediendo a la página de cualquier periódico (o, en todo caso, de casi cualquiera). De más está decir que recomiendo su lectura. ¡Y a ver si algo sucede de una vez por todas, en algún rincón del mundo o en el patio del Vaticano! Entretanto, esperaremos. Y seguiremos con los cinco sentidos bien atentos, que siempre hay moscas, y hay que estar listos para hacer notar el trozo de leña que tienen metido algunos en el ojo.
El de la foto, damas y caballeros, es el hombre del momento, Hans Küng.
jueves, 25 de febrero de 2010
Ratzinger - Welcome (back) to hell
A mí, en lo personal, no me interesa mucho si existen o no Paraísos, Purgatorios e Infiernos: los asilos para los muertos del cristianismo pueden, desde mi punto de vista, quedarse con los cristianos. Pero aún así le reconozco la obra a Juan Pablo II: la suya fue una lucha por humanizar al cristianismo, de paso que hacer a la religión entrar de lleno en la modernidad, al mundo post-cartesiano y post-hegeliano, porque una religión, el lo sabía, no puede existir sin lucidez, ni mucho menos sin saber cuál es el mundo que le rodea. Mucho menos una como el cristianismo, que tiene com principio existencial el compromiso con el prójimo.
Pero el capítulo Juan Pablo II terminó hace ya casi cinco años, y ahora las cosas empiezan a pintarse un poco distintas, ya entrado el capítulo Benedicto XVI, el cristianismo según Herr Ratzinger. Quien, como nadie pone en duda, es un hombre no sólo chapado a la antigua muy antigua (¿siglo VII o VIII, aproximadamente?), sino que ha entablado una lucha tenaz contra todo aquello por lo que su antecesor defendió: el pluralismo moral, la libertad de los individuos frente a y dentro de la religión, la apertura hermenéutica de la Biblia y, en general, todo aquello que relacione las palabras "Religión" y "Modernidad".
A Ratzinger no sólo le ha parecido necesario autorizar, entre otras medidas, la vieja costumbre de dar la misa en latín y de espaldas a los asistentes a la iglesia. Eso es apenas un detalle, un formalismo. A principios del año 2007, el bueno del papa, cansado de pecadores y ateos, y de que el cristianismo fuese en la modernidad "una viña devastada por jabalíes", puso las cartas sobre la mesa y anunció que el Infierno volvía a abrir sus puertas. "El Infierno, del que se habla poco en este tiempo, existe y es eterno", dijo Herr Ratzinger; y, seguramente, a los creyentes más creyentes los mandó a buscar sus látigos. Por si a alguien no le gustó mucho el Renacimiento, ¿eh?
Pero más allá del retroceso que significa reponer al Infierno; más allá de la ruptura que el hecho significa, frente a los esfuerzos de su antecesor Juan Pablo II por traer al cristianismo y a la iglesia católica al aggiornamento con el mundo contemporáneo; más allá de todo esto, digo, habría que preguntarse una cosa: ¿por qué revivir la vieja idea del Infierno físico, la del castigo eterno de los pecadores? Porque no todo en el mundo Vaticano son los caprichos de sus papas y cardenales, ni sus esmeros para construir máquinas del tiempo. No: hay otras consecuencias implícitas en el asunto. Y el papa, ténganlo por seguro, lo sabe muy bien.
Cargar con la responsabilidad de ser el papa, el pontífice, el representante del mundo cristiano, católico y apostólico y toda esa mierda, implica asumir no sólo un rol social, sino también, por el cargo, mucho poder. De las ideas que Ratzinger defiende ya sabemos bastante, y si a alguien detesta es a los que tragiversan su religión, se la toman muy poco a pecho o la niegan por completo (véanse, sino, algunos pasajes de su Caritas in veritate). Su visión es totalizante y universalista: el orden debe ser Uno, el de dios, que es ya no solo justo, sino también castigador.
Llegados a este punto, la palabra "castigo" no es, en modo alguno, gratuita. Como muy bien nos lo ha hecho notar la vieja teoría crítica, y respecto a este punto sobresalen las aplicaciones de Foucault (Cf. Las redes del poder), el castigo y su adverso, el premio, forman parte esencial de un discurso de dominación, al asegurar una serie de consecuencias en el comportamiento humano en base a su deseo de ser premiados o castigados. Foucault, para ejemplificar esto, utilizaba un estudio sobre el rol de las prisiones: gracias a su existencia (que es ya la amenaza y la prueba del castigo), la sociedad puede certificar un orden, un código de comportamiento moral y social y, por ende, su propio poder sobre los individuos, que actuarán en vistas a evitar el castigo. En el caso de Darth Sitheous... ¡Perdón! En el caso de Herr Ratzinger, la representación del castigo es menos tangible, pero mucho más peligrosa en el ideario humano: el Infierno, prisión eterna, castigo eterno. Al poner sobre la mesa de juego una carta tan amenazante y terrible como esta, asegura su poder y su dominación, al dar por seguro que la gente puede condenarse si no se anda con cuidado.
Así, pues, el Vaticano hace ondear sobre sus techos la bandera de la intolerancia, del retroceso ideológico y formal, la de la represión ideológica y la del miedo. El proyecto de Ratzinger sigue en pie, y ahora tiene un capítulo nuevo en su encíclica Caritas in veritate (sobre la que ya hemos discutido algunos puntos en este blog). Yo me considero un defensor de la tolerancia (y miren que no defiendo muchas cosas), y normalmente me importa un carajo lo que hagan los partidos y demás entidades de poder, pero cuando me parece que debo, o puedo, o me da la gana de decir algo, lo hago. Y me voy a tomar la libertad de ir contra uno de mis principios de tolerancia, y voy a hacer un llamado: Romanos, ¿por qué no se la arman de una vez por todas y mandan a fusilar a Ratzinger? O a crucificarlo de cabeza, para darle el placer de sentirse un mártir. En fin, bromas aparte, lo que digo es que hay que preguntarse muy seriamente cuál es el tipo de rol que está jugando Ratzinger en el mundo cristiano, tomando en cuenta que el cristianismo tendría que ser tolerante y justo, siguiendo la profesión de "Religión es Amor" que dejó Jesucristo (y esto lo digo yo, siguiendo la interpretación cristiana humanista, pese a que no doy ni dos centavos por el cristianismo). En fin, que tonterías las justas, e hipocresías papales por donde vinieron. ¡Que estamos en pleno siglo XXI, joder!
Bueno, supongo que las cosas seguirán como tengan que seguir; yo ya dije lo mío. Y a ver con quiénes me encuentro en el Infierno, ya que ha vuelto a abrir sus puertas, y tal y como están las cosas, no espero merecer nada mejor, cortesía de Benedicto XVI.
NOTA: Este es el artículo prometido. El anterior, "El Infierno y el Miedo: una reflexión", es su prólogo. Advierto, de paso (porque hay lectores incapaces de reconocer el sarcasmo y la broma aunque le bailen desnudos frente a los ojos), que no es que yo me proponga, en modo alguno, promover el asesinato del papa (¿o sí?). Me basta con que quede en claro cuáles son mis sentimientos hacia él. Y que pasen una maravillosa estancia en el Infierno, ya que estamos en esto.
miércoles, 24 de febrero de 2010
El Infierno y el Miedo: una reflexión
Pero no es la creencia lo que me llama ahora mismo. No es la primera vez que hablo del infierno, y recuerdo haber comentado algo acerca del tema el año pasado (mismo canal, mismo comentador). Hoy, quería llamar la atención sobre cierto fenómeno que me parece bastante curioso: la valoración del Infierno.
En un principio, existieron dos deidades que eran, también, fenómenos: para los griegos, Thánatos era el dios que traía la muerte, y Hades hacía las veces de rey y reino donde iban a parar las almas una vez finalizada su existencia por el barrio. Pero en aquel entonces la gente no veía mal a la muerte, sino que la aceptaba como algo necesario y natural. Si se quiere, remontémonos a los tiempos más arcaicos, a lo que Coulanges ha llamado el "orígen de las civilizaciones": tiempos fueron en que la muerte no era concebida como un "dejar de ser", sino como un "ser" más absoluto. Al morir, las almas se convertían en dioses familiares, en manes, que eran atendidos por los vivos por los que velaban (de hecho, se temía más al exilio que a la muerte). De hecho, Homero y Virgilio recuerdan que en el Hades no sólo se castiga: también se premia.
Este es el tipo de pensamiento (que todavía reinaba entre los romanos, mucho más "terrenales" y llamativos que los griegos) sobre el que se fundaron los prejuicios del cristianismo. Como un vulgar tumor antinatural, el cristianismo pervirtió desde sus orígenes al pensamiento occidental, y a todos les decía: "Si pecas, vas a ir al Infierno, donde serás castigado por toda la eternidad", a la vez que no se cansaba de repetir a todo el mundo: "Eres un pecador; porque eres humano y, por ende, débil". Todos estaban condenados, todos temblaban de miedo. Para el juicio cristiano original, es muy difícil que alguien llegue al Paraíso (que, de hecho, debe estar vacío, pensadas así las cosas), por lo estrictos que son sus formularios de afiliación; para el Infierno, sólo tocas y te dejan entrar.
Así llegó la Edad Media, con sus crueles representaciones del Infierno: Dante (of course), San Agustín sin cansarse de hablar de la Civitas Dei y Durero son buenos ejemplos de lo que digo. Y, como todo el mundo estaba convencido de ser un pecador, la muerte se vistió de negro y empezó a respirar un aire frío como el hielo. A todos, claro, se les caían los pantalones del miedo. Morirse era lo mismo que estar condenado.
¿Y hoy? Hasta cierto punto, es la misma historia: aunque ya no queden tantos que se crean las historias de fuego, tenazas y latigazos que se popularizaron en otros tiempos, el prejuicio ya está enterrado como una astilla en la piel de la cultura occidental. Para ella, la muerte no es natural: debe ser evadida bajo cualquier circunstancia, y la buena salud y la longevidad son metas aceptadas casi por todo el mundo (la propaganda antitabaquista lo sabe muy bien, y se aprovecha de eso para meter en la cabeza de todo el mundo sus inhumanizantes ideales). Pero no todo está pintado del mismo color: hay cosas que han ido cambiando.
Desde que Baudelaire se enamoró de Satanás, de su reino y de todos sus suculentos "paraísos artificiales", muchos han empezado a cambiar sus miras. Hoy, el Infierno es más que nada un símbolo, una forma de representar la realidad (subrayando la visión personal, y olé por Schopenhauer), y si en otros tiempos fueron Dante y Swedenborg, hoy los retratistas del Infierno son otros, con otra forma de ver las cosas. Desde el "hermoso caos" y las sordideces de Henry Miller hasta los cuadros de Tola; desde los óleos desesperados de Faulkner hasta las ciudades vacías de Sartre, el Infierno ha tomado nuevos matices: el Infierno está aquí, somos nosotros mismos, estamos solos. Y, aunque cruel, el Infierno está lleno de tesoros: es una belleza. Casi estamos listos para volver a abrazarnos de los talones de la muerte.
Yo no sé si existirá algo parecido al eterno retorno o a la dialéctica de la historia; personalmente, soy incapaz de creer en estas cosas. Sólo se que las cosas cambian mientras se pasan los días: hoy, mucha gente aprende a resignarse a ser humana. Nadie nos espera al final del camino. Y, sin embargo, estamos aquí, patéticos e insignificantes, pero luchando al fin y al cabo, aunque no tengamos un por qué. He ahí la gloria del Infierno.
NOTA: Este artículo es el prólogo de otro que tengo en preparación mental, y que estaré poniendo por escrito y publicando muy pronto, lo más probablemente mañana. Verán que el tema, efectivamente, tiene vigencia, y todo porque hay gente como... en fin, que ya lo diré todo en su momento. Y que llegue el día en que podamos alzar las copas por allá, entre súcubos y poetas.
viernes, 25 de diciembre de 2009
Benedicto XVI es "atacado" por una señora
Una noticia que leí el otro día, y que tengo que comentar: porque todos lo sabemos, que hay muchos que no están muy contentos con que los papas esto y los papas lo otro (¿a Juan Pablo II no lo trataron de asesinar unas cuantas veces?), y nunca falta uno que otro que quiera poner fin a sus santos días... y ahora las mujeres italianas se unen a la moción. Ah, no... esperen... ¡sólo quería saludar al pontífice!
Puedo imaginar a la pobre mujer, muy devota ella, esperando afuera de la Basílica de San Pedro, muy ansiosa porque AL FIN, AL FIN VA A VER AL PAPA EN PERSONA. Y claro, cuando el "bueno" de Darth Ratzinger hace su aparición estelar, su fe puede más que la compostura y de un segundo a otro se ve a si misma encima del papa. Unos minutos después, se la lleva la policía, y las noticias hablan de "desequilibrio mental". ¡Gracias al cielo el cristianismo es una religión que promueve el amor al prójimo! ¿Y no era el mismo Benedicto XVI, en su epístola Caritas in veritate, el que hacía tanto discurso sobre el humanismo? Porque si por "humanismo" entendemos permitir a la policía llevarse a la pobre señora y, luego, a los medios decir que está mal de la cabeza... en fin, que se entiende el punto.
No digo que yo me pasaría la vida abrazando ancianas por las calles de Roma, pero si uno es el papa, creo que tiene que asumir cierta responsabilidad moral y un rol social, ¿no? Y, como representante de Dios y de Cristo y de toda esa gente ante el mundo terrenal, creo que dejar que las cosas sucedan así no es exactamente ser muy humanista, ni mucho menos comportarse como un cristiano (vamos, ¿ya se olvidaron de las parábolas? ¿Y el buen samaritano, dónde quedó?).
Pero ya sabemos como es Herr Ratzinger (Darth Sitheus, dicen por ahí), aunque no termine de entender por qué promueve el tipo de cristianismo que promueve, ni en la palabra -al respecto pueden ver mi comentario a la última epístola papal en este mismo blog-, ni en la práctica. Ni modo, allá en el Vaticano entenderán sus propios asuntos.
Aquí la nota que aparece en la página de "El Comercio":
Ciudad del Vaticano.- (Reuters) – Una mujer que el Vaticano describió como “inestable” saltó el jueves una barricada para avalanzarse sobre el Papa Benedicto XVI y lanzarlo al suelo, al inicio de la misa de Nochebuena en la Basílica de San Pedro.
El pontífice de 82 años quedó aparentemente ileso y pudo terminar el servicio de dos horas, pero un anciano obispo que integraba la procesión papal cayó al piso y fue hospitalizado por una fractura en una pierna.
La televisión mostró a la mujer, vestida con una blusa roja, saltando una barricada y arrojándose sobre el Papa, que cayó al piso de mármol.
El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, dijo que la mujer, a la que describió como “inestable”, fue la misma persona que intentó saltar una barricada para acercarse al Papa durante la misa de Navidad del año pasado.
El Papa, vestido con ropas doradas y blancas, fue socorrido por agentes de la seguridad vaticana y, tras unos pocos segundos, continuó con la procesión en la nave central de la basílica para celebrar la misa.
Pero, el cardenal francés Roger Etchegaray, de 87 años y con una salud frágil, fue llevado en una silla de ruedas. El prelado fue hospitalizado por una fractura de fémur.
El incidente, que dejó a los guardias de seguridad visiblemente agitados y a los obispos aturdidos, ocurrió al inicio de la misa en la que Benedicto condujo al 1,1 millón de católicos romanos a la Navidad por quinta vez desde que fue elegido en el 2005.
Imágenes de televisión en cámara lenta mostraron una silla de plástico volando por el aire mientras guardaespaldas corrían alrededor del Papa y detenían a la mujer, que se esperaba sea interrogada por la policía vaticana.
Por primera vez en la historia reciente, la misa comenzó dos horas antes de medianoche para darle al Pontífice más tiempo para descansar antes del principal evento de Navidad, el viernes al mediodía (11:00 GMT / 06:00 hora de Lima).
En su homilía ante más de 10 mil personas, el Papa llamó a los fieles a redescubrir la simplicidad del mensaje de la Navidad.
P.d. !Por favor, díganme si no es increíble la imágen de la mujer saltando encima de Ratzinger! Y él, claro, muy a su estilo hace su entrada a la Basílica... ¿Es que soy el único que piensa que se ve como un verdadero señor de los Sith? (Sé que no lo soy, pero da igual).lunes, 9 de noviembre de 2009
Fetichismo, esa maravillosa religión...
Pero claro, ¿qué es el fetichismo, al fin y al cabo? Dicho en términos fríos, es el dar a un "objeto" (valga parte del cuerpo, acto o escenario particular, detalles de ambiente y demás) un valor agregado que, visto por sí mismo, no tiene una relación ontológica con el acto sexual en sí mismo. O, si quieren, es el no bastarse con el coito, sino además ir por las manos o por los pies, ponerse encima un disfraz de pirata o de enfermera (o el clásico uniforme escolar), esconder las clásicas portaligas o un buen encaje de lencería debajo de la falda, preparar un ambiente con velas o a imitación de un simposio romano y demás detalles. A su modo, son obsesiones estimulantes, a menudo muy mal llamadas "perversiones", atizadores de la más sana lujuria (como bien decía el gran filósofo británico Simon Blackburn, "la lujuria no persigue la reproducción, sino un buen revolcón").
Pero el fetichismo es también algo más. Pasando de su construcción social, biográfica y/o genética, los fetiches son una profunda sacudida de la condición humana: a su modo, no dejan de ser totemismos, una forma pagana de mantener con vida cierta adoración inexplicable junto con todos los rituales que exige. Es cierto que nosotros ya no tenemos figuras en forma de falo a lo largo de los caminos para rendir tributo a Príapo, como los fascinus romanos, pero en cambio rendimos una infinidad de cultos íntimos y personales, que luego sacamos a compartir en el lecho (o en la intimidad de la masturbación, claro está, donde prima la libertad de la imaginación). Del fetiche, ni qué decir, nadie se escapa: el culto de las tetas y los culos son otra forma de fetiche, en tanto que no encierran ningún significado sexual (entiéndase "sexual" como "relativo al coito"). Pero algunos fetiches son mejor vistos que otros (de ahí podemos pasar a los términos freudianos de "Tótem" y "Tabú", y de hecho estamos a un paso de llegar a "Eros" y "Thanatos", pero ese es un toro que no voy a torear ahora mismo). Lo cierto es que necesitamos un culto, algo profundo ante lo cual rendirnos sin poder dar explicaciones; y, como un renuente de las viejas culturas, tenemos todo el simbolismo de los fetiches. Olé, Jung.
Podríamos llamar al fetichismo la religión del siglo XXI, si tan solo no fuese cierto que, de hecho, ha sido una religión universal para todos los tiempos. Masoquistas y sádicos están incluídos en la fiesta, por supuesto: también ellos responden a cierto llamado irracional que los empuja fuera de una vagina. Lo importante, al final, es que están ahí, para nuestra fortuna y la de nuestras parejas. Mucho más podría decirse, pero nos adentraríamos a otros pantanos que, en este momento, no quiero pisar (sobre todo, por motivos de espacio). Salud, pues, por los viejos y buenos fetiches, que también son los hijos de algún dios, qué carajos.
Antes de poner el punto final, querría agregar rápidamente una breve lista de fetichistas clásicos, para los interesados en el género (el orden es meramente caótico, y no responde a factores de historicidad ni preferencia): Nobuyoshu Araki, Quentin Tarantino, Restif de la Bretonne, Ovidio, Philip Roth, el Marqués de Sade, Luis Buñuel, Fellini, Mapplethorpe, Edward Weston. Hay muchos nombres más, pero lo dejaremos allí. Y que sigan los "juegos".

