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domingo, 1 de enero de 2012

Un año menos para el fin del mundo... ¡y lo celebramos!


Aquí, en el Café (que por cierto ha cumplido sus tres primeros años hace no mucho) tenemos un solo deseo de año nuevo, porque no nos va para nada eso de las cábalas con uvas, maletas y calzoncillos amarillos: que los amigos la pasen de puta madre, que la resaca no sea un cruel aguardiente, que las familias estén bien y sean felices. He tenido la suerte de cruzarme con algunas de las personas más de primera que pueda haber en este mundo mundial y virtual y todas esas cosas y, encima, me han llamado amigo, hermano y compadre, y es por ellos (sí, cabrones, por ustedes) que levanto esta copa, hoy y cuantas veces sea necesario hacerlo, y de paso siempre. Han habido canciones, risas, silencios, amarguras y mucha, pero mucha, buena letra, y siempre con la mejor actitud, con la confianza de quienes saben querer y no se andan con rodeos para decirlo. 
La imagen (pensada al mejor estilo Mondo Mierda, aunque no tenga ni de cerca el talento del Sgt.) es lo que es. No pudieron estar todos, y están muchos de los que ya no están, pero se entiende que la dedicatoria va para todos (no se me ofenda nadie después, eh). La dejaremos ahí, de cabecera, todo lo que dure el mes de enero, y luego seguirá al fondo, al pie del Café, porque estamos orgullosos de nuestros parroquianos, felices de poder llamarlos amigos. 
Y de remate, para dar la estocada precisa al 2011 y mandarlo de una vez al carnicero (y sin vuelta al ruedo), va una canción. No hay celebración sin canciones, vamos, y esta es, para mí, un himno. Que suene, pues, La palizada, y con esa copa, todavía, en alto. Un fuerte abrazo a todos.  


viernes, 13 de mayo de 2011

Las celebraciones, como tienen que ser.


¿Y cómo es eso? Pues, para no tener que decir un lastimero "borracheras aparte", con unos versos bien sentidos y bien ebrios de Charles Bukowski, y ahí sí que tenemos para armar un carnaval con todas las de la ley. Tendrán que disculparme los lectores más "serios", pero ayer ha sido día de San Baco, otro calendario miserable ha dado su vuelta de 365 días vanos, y yo un año más cerca de la tumba, y eso se celebra (mi cumpleaños, dicho en cristiano). Por partida doble, además, porque si mi compadre Dvd se cree que los regalos se los va a hacer todos él solo, pues se equivoca: esta ronda va para los dos. Barra libre para todos por lo que dure este fin de semana, que mañana coronamos con alguna cancioncita, como todos los sábados. Ahí los dejo con uno de Hank, especialmente elegido (y traducido por un servidor) para la ocasión:

el camino
asesinados en los callejones de la tierra
congelados contra astas de bandera
empeñados por mujeres

educados en la oscuridad para la oscuridad

vomitando en baños atascados
in cuartos rentados llenos de cucarachas y ratones

no es extraño que rara vez cantemos 
al día o la tarde o la noche

las inútiles guerras
los inútiles años
los inútiles amores

y nos preguntan
¿por qué tomas tanto?

bueno, supongo que los días fueron hechos
para ser consumidos
los años y los amores fueron hechos
para ser consumidos


no podemos llorar, y reír ayuda -
es como dejar salir
sueños, ideales,
venenos


no nos pidas que cantemos,
reír es cantar para nosotros,
ves, fue un pésimo chiste


Cristo debió haber reído en la cruz,
hubiera petrificado a sus asesinos


ahora hay más asesinos que nunca
y yo escribo poemas para ellos.


Bueno, ese es el regalo que me hago. Ya ven qué bien elegido, ¿no? Y para Dvd también, carajo, que lo he cogido pensando en él también. Además, reconozcámolos: el mundo se parece mucho más a lo que nos jura Bukowski de lo que muchos quisieran -o pudieran- admitir. Con estas me despido, y que sea hasta mañana. 

¡Ah! Casi lo olvidaba. 

martes, 31 de agosto de 2010

Día Internacional del Blog


Tarde o temprano tenía que llegar, supongo. Y supongo, también, que habrá que aplaudirlo. ¿Por qué no? Al fin y al cabo, la aparición de los blogs ha significado todo un fenómeno que puede agarrarse desde muchos ángulos: en términos sociales, de autoría, de virtualismo, de informática, pedagógicos... y vaya uno a saber qué tanta cosa más, y con todo lo bueno y todo lo malo que implica el asunto.

Hace unos días, de hecho, tomaba unas cervezas con unos amigos y salió el tema de los blogs a brillar en la conversación. Porque claro: el fenómeno blog significa que uno tiene un escenario donde sacar a lucir sus dotes en una forma absolutamente gratuita y accesible. Lo que sirve no sólo para dejar en claro que se tiene una voz propia y que otros pueden escucharla, sino también para poner la cereza en la punta de cualquier currículum vitae (hay que ser sinceros, ¿no?). En dicha conversación estaba también otro amigo blogger (Víctor Castillo, autor de "Stop, play and rec", un estupendo blog), una amiga que recién nos confesó que había estado llevando adelante un blog sobre sus experiencias con cierta enfermedad y otra amiga más, pintora y estudiante de diseño de modas, que esa misma noche se hizo un blog ("El cajón de Laura"). ¿Qué trato de decir? Que el fenómeno de los blogs va pa' adelante, y a ver a lo que llega.

Entretanto, nunca está de más echar un saludo a mis amigos que andan, como yo, echando horas de su tiempo por la borda del ciber espacio, vaya uno a saber para qué, pero con mucha dedicación y entrega. Un abrazo, en particular, a Ronald A. Orellana, autor de "Luz Bella Averni", que me puso al día sobre lo que sucede con estas celebraciones y que saca adelante un blog muy bueno. Y, después, para los demás (you know who you are, men). Y bueno, levantemos ese vaso, a ver cómo terminan estas cosas...

lunes, 8 de febrero de 2010

"La Dolce Vita", cincuenta años después


Finalmente llegó el momento que los italianos ya celebraban el año pasado: los cincuenta años cumplidos desde el estreno de La dolce vita en los cines de Italia. Esto, claro está, sucedió en realidad hace tres días, el cinco del mes que anda corriendo, pero como andaba fuera de Lima, sin conexión con Internet ni con el resto del mundo, recién ahora puedo darme el lujo de comentar la ocasión.
Ahora bien, la gran pregunta, creo, sería la siguiente: ¿por qué demonios se arma tanta bulla en honor a los cincuenta años de una película de Fellini? Y alguno más podrá añadir: "Que yo recuerde, no se celebran los tantos años de Los cuatrocientos golpes de Trouffault, ni los de El séptimo sello de Bergman; ¿por qué ceder ese honor al filme de Fellini?". Pues hay que responder desde ahora: La dolce vita no es sólo una obra maestra del cine, sino que de hecho creó una nueva forma de ver el cine, y creó nuevos tipos y formas de ver o pasar la vida. En otras palabras, que la película dio a la gente (y, sobre todo, a los pretendientes a artista) una nueva forma de ser, creando toda una gama de personajes, entre los que se incluye al decadente fino, al desesperado indiferente y demás. Claro que esos tipos ya existían, pero el filme de Fellini les dio un nuevo énfasis, los atacó desde una perspectiva tal que, de un momento a otro, ser un "personaje" no era más lo mismo. (Aparte está, obviamente, el "paparazzi", que en italiano es plural de "paparazzo", cuyo nombre nació de uno de los personajes de la película).
Por otro lado, vale la pena recordar un poco la historia de lo que significó el estreno de La dolce vita: hace ya cincuenta años, el público italiano (y, sobre todo, el romano), salió de las salas de los cines dispuestos, todos, a levantarse: los unos, para ovacionar al genio que había sido capaz de forjar una obra maestra como aquella, tan desgarradora como cuidada de la estética; los otros, para insultarlo, amenazarlo o, como de hecho sucedió en la primera proyección en casa de Rizzoli, el productor del filme, para escupirle en la cara y amenazarlo de muerte por haber sido capaz de representar con tanta lucidez y, en cierto modo, sordidez a la sociedad romana y, si se quiere, universal: vacía, desesperada, superficial, ciega e incapaz de seguir lo que quieren en el fondo. De hecho, muchos de los críticos que le dieron un visto bueno fueron expulsados de los diarios y revistas en los que trabajaban, y por algún tiempo el nombre de Fellini pudo ser comparado (como el de Sartre en la España de Franco) un equivalente al del anticristo (porque, dicho sea de paso, a la mayor parte de los sectores de la iglesia tampoco le gustó mucho la película).
Sea como sea, lo importante es que La dolce vita sigue allí, tantos años después, y cuando de la Roma que retrató no quedan más que algunos escombros (los lugares y las formas han cambiado). He perdido la cuenta de la cantidad de veces que la he visto, y sin embargo nunca me cansaré de volver a encontrarme con la legendaria escena en la que Marcello Mastroianni se baña con la espectacularmente buena Anita Eckberg en la Fontana di Trevi; ni aquella otra en la que los periodistas llegan al lugar donde se encuentran los niños que dicen haber visto a la vírgen María, donde logran separar a los miembros de la familia para fotografiarlos en poses de adoración o mistificación; o aquella otra en la que Mastroianni se reúne con un grupo de decadentes en una casa para celebrar una fiesta, de la que salen rumbo a la playa, donde Marcello verá, a lo lejos, al que pudo ser su camino, incapaz de reconocerlo y, finalmente, rechazándolo.
En pocas palabras, que La dolce vita es una obra maestra de cabo a rabo, una verdadera, única y profunda experiencia cinematográfica. Para bien o para mal, es inolvidable, y derrama genialidad. Ya pasaron cincuenta años: pasarán cien, doscientos o mil, y la gente seguirá celebrándola. Señores, una copa bien en alto.

lunes, 31 de agosto de 2009

Preparándonos para el Día de San Baco


Sí, señores: es hora de volver a la carga con la moción, y anunciar, finalmente, que todo está dispuesto para celebrar, de una vez por todas, el Día de San Baco. Hace algún tiempo, hice notar que los ritos, pese a haber cambiado, no han muerto, y siguen palpitando en el corazón de la gente cada noche de copas, le guste a quien le guste; y, sin embargo, quiero llevar las cosas un paso más hacia adelante, y me he propuesto celebrar, el año que viene, el primer Día de San Baco: una ocasión para rendir homenaje, a la vez, a los versos y a la borrachera (una causa más que justa, como podrán notar), de dejar que se sacuda un poco al pagano que todos llevamos dentro y, sobre todo, de pasar un buen rato con los amigos.
La gran pregunta, ahora, es cuándo: siguiendo la buena usanza de los romanos, y después de haber investigado un poco la cuestión, he dado con la fecha perfecta. En los tiempos de la Roma Imperial, los bacanales eran reuniones secretas en las que, originalmente, sólo participaban las mujeres, practicadas en un principio en la arboleda de Simila, en las cercanías del monte Aventino, los días 16 y 17 de marzo; con el paso de los años, estas fiestas fueron cambiando, y pronto no sólo eran mixtas, sino que además se celebraban cinco veces al mes. Una serie de motivos (más políticos que morales) llevaron al senado a prohibir los bacanales en los tiempos de la República, pero ello no bastó, claro está, para darles fin; ésto, sobre todo, porque las mujeres supieron aprovechar los vacíos del sistema penal de la época: al no ser consideradas como ciudadanas, quien pagaba sus faltas eran los maridos, padres o hermanos (en términos legales, sus "apoderados"), lo que les daba a ellas el campo de libertad que necesitaban para entregarse sin temor a los placeres de sus rituales.
Ahora bien, y para contestar la pregunta de una vez por todas: propongo que, en honor a los primeros bacanales, el Día de San Baco se celebre entre la noche del 16 de marzo y la madrugada del 17. De alcoholes, cualquiera está bien (todos son hijos de Baco, al fin y al cabo), pero no puede faltar el vino. Con el paso de los años, espero poder imponer la moda de las togas, las sandalias y las coronas de laurel, pero vayamos de a pocos. En cuanto a las orgías... bueno, al que pueda, le aplaudo (y, si quiere, le paso mi dirección de correo electrónico). Supongo que, de momento, eso es todo. Restaría investigar un poco más para determinar qué platos habría que servir, pero eso lo dejo para más adelante.
Dejo, pues, esta puerta abierta al que le interese; yo, por mi lado, haré todo lo posible porque el primer Día de San Baco se convierta en una realidad digna de recordarse (o de olvidarse, dependiendo de la calidad de la borrachera). Y, entretanto, que sea hasta el 16 de marzo, a todos mis hermanos en el paganismo. Que nunca falte el vino en sus copas.

Imágen: La juventud de Baco, de William Adolphe Bouguereau

miércoles, 8 de julio de 2009

Para el Día de San Baco, o reflexiones en torno a la Causa Etílica


No en vano fue Baco dios de la poesía, ni ha muerto del todo su culto, pese al paso de los siglos: no se pronunciará su nombre, pero... ¿no son nuestras reuniones y borracheras formas rituales casi religiosas? Como el plato de sueño que necesita la sociedad para no caer en la locura (Bukowski escribió, sabiamente, que "es mejor la resaca que el manicomio"). Yo hasta propondría la celebración anual del día de San Baco, para que todos los paganos podamos sentirnos, por una vez, justificados por un día del calendario. Y creo que los poetas también tendrían que agradecerlo, pues, creo, no estarán todos ellos de acuerdo con la sentencia de Hegel que afirma que "del vino no nace la poesía". ¡¿Se imaginan semejante blasfemia?! Creo que un solo verso de Bukowski basta para enterrarlo, y hablo de él como un supremo exponente de la mejor poesía ebria (porque, parafraseándolo, ya que "las horas son largas y de alguna forma hay que ocuparlas hasta que llegue la muerte", ¿por qué no hacerlo con alcohol y literatura?); o, sino, una ranchera de Jiménez o de la Vargas, o alguna letra de Sabina (Ponme un trago más o La canción de los buenos borrachos, por ejemplo).

Todo esto en la antigüedad lo sabían bien: Homero se dedica, en repetidas ocasiones y con todo lujo de detalles, a relatar banquetes en los que nunca falta el vino; siglos más tarde, en la Roma Imperial, Ovidio lo santificó por su utilidad fundamental para la gesta amorosa, y luego Petronio escribió que "el vino es vida", y aún llegó a escribir una de las más bellas líneas sobre la condición humana valiéndose del ejemplo del vino: "Pues resulta -dijo -que vive más un vino que los pobres humanos". De hecho, los banquetes se convirtieron en un escenario clásico de la literatura latina, y hasta dieron paso a un género llamado "Simposio" (Simposium), donde se relataban, como en el Satiricón, banquetes y borracheras, que eran las excusas para el diálogo y la reflexión (la filosofía, recordémoslo, no tiene por qué no nacer de la ebriedad; José María Valverde, de hecho, ha escrito sobre la Fenomenología del Espíritu de Hegel que "puede parecer un libro engendrado en una larga borrachera", aunque sabemos que eso es imposible, dadas las opiniones de su autor respecto a la infertilidad del vino). Y no faltan a la causa ni mártires ni santos: aparte de los clásicos romanos y el obvio Bukowski, tenemos aún una larga lista, que incluye nombres tan prestigiosos como los de Poe, Baudelaire, Faulkner, Hemingway, Burroughs, Martín Adán... y el obvio caso del poeta Dylan Thomas, que murió a raíz de una larga serie de vasos de whiskey.

Así que ya lo saben; yo, por mi lado, sigo esperando el día en que se anuncie, al fin, la validez universal del Día de San Baco (claro que no lo haré sin abrir botellas: que la religión no es para tomársela a la broma, joder). Hasta entonces, igual seguimos bebiendo.
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