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jueves, 14 de julio de 2011

Reciclando y renovando: hoy fuman con nosotros...

Así es, señores: hoy volvemos a invocar a algunos de los maestros pasados y presentes del glorioso "Arte del Buen Fumar", tal y como lo hicimos un tiempo atrás, sólo que con un espontáneo de última hora, que bien se ha ganado su puesto entre los otros. A ver de qué vamos...

Ante todo, el máximo representante de la estética del cigarro: el guapo Mastroianni, cómo no.

El bravo de Malraux... escritor de filo ancho y advocado fumador.
Otro (muy) bravo escritor y fumador de las letras francesas: el maestro Sartre
Marlon Brando. Un tipo duro.
"La voz", le llamaban. Uno muy grande: Sinatra
Eva Green. Está viva, es verdad... pero no puedo dejar afuera a esta belleza.
Genio entre genios... con su pipa en la diestra. William Faulkner.
Bukowski. ¿Quién no reconoce esa sonrisa asesina?
La gran Oriana Fallacci. Mujer con carácter, quién lo duda.
Marilyn Monroe (famosa y sexy fumadora) y Henry Miller, el terrible
Inconfundible, Bertrand Russell y su infaltable pipa.
Despiadado de las letras: el letal William Burroughs
Tardío tributo, Poeta... el gran Ángel González
Bueno... ¿realmente tengo que decir su nombre? Creo que no.
...y no podía faltar Julio Ramón Ribeyro, last but not least.
Y no nos olvidamos del gran Camus, retratista del Absurdo.

Y, finalmente, Mr. Lombreeze, el Matador Aragonés. ¡Olé!


Una tarde más sigue avanzando hacia su ocaso, y una vez más invocaré los maravillosos versos del poeta Vicente Ruiz Aguilera, que siempre caen precisos: "Diciendo está el cigarrillo / lo que es la vida, / fuego de unos instantes, / humo y ceniza".

lunes, 13 de junio de 2011

"Glorias del Cigarro", un fragmento (Ricardo Palma dixit)

Permítaseme traer a la memoria estas palabras, que tanta falta hacen hoy por hoy, como quien dice, para depurar un poco la fantasía de todos esos que se creen que los hombres somos ángeles, cuando es tan obvio que las alas y la aureóla nos quedan bastante anchas. Ni qué decir, que el vicio es tan humano como el errar. Curioso, porque cuando Ribeyro se preguntaba, en Sólo para fumadores, por los autores que habían glorificado el tabaco en la literatura, se acuerda de Moliére, pero olvida por completo este texto genial de un compatriota nuestro, nada más ni nada menos que el gran Ricardo Palma; texto que lleva el poético título de Glorias del cigarro, y del que extraigo unos fragmentos, para que brillen por aquí, entre nuestras copas y tazas. Ya lo digo: que a la estatua de Palma que está en el Parque de las Tradiciones le falta un pucho en la boca. Y al que no me crea, pues que lea y se entere (por cierto, que Leónidas Ballén, del que se habla en el texto, era un cigarrero de la época de Palma y amigo suyo, y a él le dedicó el texto su autor):
 
"Que el cigarro es un curalotodo, una eficaz panacea para los males que afligen al hombre, una especie de quitapesares infalible, es cuestión que no puede ya ponerse en tela de juicio. Por eso tengo en más estuma una cigarrería que una botica. Y si no vea usted lo que leí en un centón, escrito por un fumador de cuyo nombre no quiero acordarme.
Va de cuento.
Hablaba un predicador en el sagrado púlpito sobre las miserias y desventuras que a la postre dieron al traste con la paciencia del santo Job. Los feligreses lloraban a moco tendido, salvo uno, que oía con la mayor impasibilidad la enumeración de las desdichas y que, interrumpiendo al sacerdote, le dijo:
-Padre cura, no siga usted adelante, que estoy en el secreto. Si ese señor Job gastaba tan buenas pulgas, fue porque tenía en la alacena muy ricos puros, de esos que llevan por nombre Club Nacional y que se encuentran en casa de Ballén. Así cualquiera se aguanta y lluevan pensas, que no en balde dice el refrán: A mal dar, pitar
-¡Hombre de Dios! -contestó el cura -. Si entonces ni había clubs, ni don Leónidas pasaba de la categoría de proyecto en la mente del Eterno, ni se conocía el tabaco...
-¿No se conocía? ¡Ah! Pues ya eso es otro cantar. Compadre, présteme su pañuelo.
Y nuestro hombre se echó a gimotear como un bendito".
 
Y ahí va otro fragmentito:
 
"¿No le parece a usted, señor Ballén, que si el pobrete Adán hubiera tenido a mano una caja de coquetas o de aprensados, maldito si da pizca de importancia a las zalamerías de la remolona serpiente? Entre un cigarro y la golosina aquélla, que a ciencia cierta nadie sabe si fue manzana o pera, de fijo que para su merced la elección no era dudosa. Así nos habríamos librado los humanos de mil perrerías y no vendríamos a la vida, sin comerlo ni beberlo, con esa manchita de aceite llamada pecado original". 
 
Así queda escrito en Glorias del cigarro, y ahora también dicho aquí, en el Café. Ojo, que no lo digo yo, que no soy nadie; que es palabra de Ricardo Palma, y eso ya es otro cuento.


jueves, 28 de abril de 2011

Fuman con nosotros...

Para coronar nuestro último post con un muy sentido y profundo homenaje, hoy vamos a traer al Café a algunos de los más grandes fumadores de todos los tiempos, genios tan genios que supieron apreciar a todo pulmón del Ars fumatoria. Hoy no voy a gastar sus paciencias con mucho palabreo: sólo es un pabellón dedicado a la memoria. Con una copa en alto, como siempre, señores.

Ante todo, el máximo representante de la estética del cigarro: el guapo Mastroianni, cómo no.

El bravo de Malraux... escritor de filo ancho y advocado fumador.
Otro (muy) bravo escritor y fumador de las letras francesas: el maestro Sartre
Marlon Brando. Un tipo duro.
"La voz", le llamaban. Uno muy grande: Sinatra
Eva Green. Está viva, es verdad... pero no puedo dejar afuera a esta belleza.
Genio entre genios... con su pipa en la diestra. William Faulkner.
Bukowski. ¿Quién no reconoce esa sonrisa asesina?
La gran Oriana Fallacci. Mujer con carácter, quién lo duda.
Marilyn Monroe (famosa y sexy fumadora) y Henry Miller, el terrible
Inconfundible, Bertrand Russell y su infaltable pipa.
Despiadado de las letras: el letal William Burroughs
Tardío tributo, Poeta... el gran Ángel González
Bueno... ¿realmente tengo que decir su nombre? Creo que no.
...y no podía faltar Julio Ramón Ribeyro, last but not least.
¿Pero cómo pude olvidar a Camus? Gracias, Mr. Lombreeze, por el palmazo en la nuca.

 Dieciséis invocados, pues. Pudieron ser más, muchos más, pero no terminaría nunca. ¿Quién viene a decirme ahora que hay que ser muy idiota como para gastarse la vida fumando? Ya querría verlo diciéndoselo a uno de estos grandes. La tarde sigue avanzando, y para despedirme recordaré esos maravillosos versos del poeta Vicente Ruiz Aguilera: "Diciendo está el cigarrillo / lo que es la vida, / fuego de unos instantes, / humo y ceniza".

jueves, 2 de diciembre de 2010

"I owe my life to smoking"

No podía haber una mejor manera de acercarnos al fin del año (un paso más cerca del fin del mundo, diríamos algunos) que invocando la presencia de los buenos viejos vicios. Y, de paso, como para hacer notar que ellos, y aún uno como el tabaco, tienen genios del tamaño de un Bertrand Russell a su favor. Dicho sea de paso, que Russell fue uno de esos grandes nombres que nos hicieron notar que en filosofía la presición y la buena argumentación no tienen por qué echar de menos el sentido del humor. (A los encargados de las políticas de no fumar en los aviones, escuchen bien la historia que cuenta Russell, a ver si así salvamos unas cuantas vidas más).

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