martes, 18 de octubre de 2011
Bichos asesinos 2 - Total, ¿abajo o arriba?
miércoles, 5 de octubre de 2011
La invención de Lumiere
domingo, 2 de octubre de 2011
Bichos asesinos 1 - Hay algo ahí abajo
miércoles, 13 de abril de 2011
Fellini, o el niño morboso
martes, 15 de marzo de 2011
Una película con olor humano... demasiado humano
lunes, 7 de marzo de 2011
¿Algo bueno en el cine? Pues el cisne...
Y todavía no es nada (bueno... en verdad ya es todo, pero... es que esta otra foto, aunque no sea de la película, es para pegarse un tiro y no querer volver a ver a nadie que no sea ella):
lunes, 31 de enero de 2011
Un fantasma cinematográfico
domingo, 30 de enero de 2011
La del sábado: Monty Python - "Always look on the bright side of life"
lunes, 10 de enero de 2011
Un cineasta llamado Marco Ferreri
domingo, 28 de noviembre de 2010
Ha muerto un genio: adiós, Leslie Nielsen
domingo, 31 de octubre de 2010
Érase una vez... una película de "The Lord of the Rings"
| Una escena clásica: Frodo y muchachada escondiéndose del Jinete Negro |
miércoles, 22 de septiembre de 2010
A la caza del "Sentido de la Vida"
domingo, 27 de junio de 2010
El último disparo de "Scarface"
Pero no sólo se trata de tomar un buen tema, sino de convertirlo en la fuente de la que van a beber complejas personalidades, verdaderos fenómenos psicológicos. Un artista tiene que llevar encerrados en su cabeza montones de personas diferentes: miles de ciudades se reparten a lo largo y ancho de su imaginación. Mi objetivo es dar una vuelta sobre la sartén a una de las grandes personalidades de este género maravilloso y crudo: Tony Montana, tal y como lo personificó Al Pacino en el filme Scarface de Brian de Palma (el de Howard Hawks sería materia de otra charla).
Algo que me parece formidable de la película de De Palma es cómo los personajes no son psicologías congeladas en el tiempo: a medida que suceden los años, éstos van cambiando, tirando por aquí y por allá, en función a lo que va sucediendo. En el caso de Montana, el factor decisivo es, por supuesto, el poder: de un cubanito expatriado y don nadie ha pasado a ser "el men" del momento, con los bolsillos y las cuentas cargadas de plata, mansión con todo y tigre en el jardín y una red de mafia que no hace más que tirar y tirar para lo alto.
Pero la otra cara de la moneda no se ve tan bien: temores, manías, adicción, enclaustramiento, solipsismo... con una fuerte (e innegable) dosis de sentimientos de culpa, sobre todo luego de algunos disparos de más (no quiero soltar tantas partes de la película, por si alguien no la ha visto), y como se deja notar en esa última escena con su hermana (que a Freud le hubiera encantado, creo yo).
Ya imagino lo que muchos de mis lectores estarán queriendo decirme: "Oye, aquí no estás aportando nada nuevo a la interpretación de la película, ¿no?". En realidad, lo que quería era hacer una observación acerca del final, a ver si alguien está de acuerdo conmigo.
Bien, pensaré que los que han leído hasta esta parte han visto la película. Todos tienen que recordar ese final, el tiroteo en la mansión, cuando Montana lanza su legendario grito de "Say hello to my little friend" y lanza ese primer disparo explosivo, el primero de los muchos, y uno tras otro caen los hombres que han llegado para acabar con su vida, mientras él resiste balas, dispara y no cae nunca... hasta el último disparo, dado por la espalda por un sujeto tan absolutamente inverosímil (aún para la lógica de la película) que lleva puestas las gafas negras. Luego, Montana en la fuente roja, con la línea que reza "The world is yours" brillando a unos metros por encima de su cadáver.
Yo siempre he pensado que el único error que cometió De Palma fue, precisamente, ese último disparo. Rompe con brusquedad con un sistema de acción que se está librando de la mejor manera imaginable, y es demasiado sencillo. Montana merece algo distinto, algo más acorde a su psicología. A ver, tratemos de imaginar las cosas de otra manera: supongamos que Tony Montana luego de mucho gritar y disparar y todo lo demás, liquida a todos los sicarios que han enviado a recoger su cabeza; o en todo caso, con un buen grupo de ellos, y los refuerzos están en camino, atravesando el jardín (para darle más realismo). En ese momento, y tal y como está, luego del fascinante desarrollo de la película, el que pega el último disparo de la película no es ningún payaso de gafas oscuras, sino el mismo Tony Montana, llevándose el cañón a la sien o a la mandíbula y susurrando el nombre de su mejor amigo al que ha asesinado.
No es por hacer moralismos idiotas ni nada, sino por satisfacer las consecuencias naturales del desarrollo psicológico de un personaje que ya está atormentado por los fantasmas de sus actos. Uno de los sentimientos más fascinantes, perturbadores e inquebrantables que los seres humanos son capaces de albergar es el de la culpa, que vemos tan desarrollado en Tony Montana, sobre todo al final de la película. El tiro (y no digo el de cocaína, que ya está filmado) debió haberlo pegado él mismo, ahora que el mundo es suyo, y está vacío.
A ver si alguien piensa como yo.
De paso, les dejo un video buenísimo que encontré con unos amigos en Youtube, y que se supone que es un resúmen de Scarface en cinco segundos.
miércoles, 5 de mayo de 2010
El Pasolini que conozco

Pier Pasolo Pasolini
Fue, quién lo podría dudar, una figura llena de paradojas e incógnitas. Un hombre apasionado, pero cuyo pensamiento era fino y agudo como el funcionamiento de una máquina; que destilaba un pesimismo amargo e irresistible, pero no cesaba en su lucha por ver brillar la tímida luz de la esperanza en algún punto del negro horizonte; una figura sombría que, sin embargo, reía y bromeaba con una entrega absoluta. Y, esto ya casi no es necesario repetirlo, un genio indiscutible, una de las mentes más fascinantes, sórdidas, totales, terribles e incansables de todo el siglo veinte, y aún de la Historia.
He de confesar, de paso, que la noche que conocí a Pasolini fue traumática. Serían las dos o tres de la madrugada, y yo (para variar) no podía dormir. Así que decidí que esa noche, en lugar de leer, podía ver una película, aunque no tenga la costumbre de hacerlo solo. Hacía mucho que quería ver algo de Pasolini, y tenía una de sus películas en casa: nada más ni nada menos que Teorema. Bueno, quienes han visto la película comprenderán lo que sucedió. Cuando dieron las siete de la mañana, yo seguía despierto, con los ojos como platos, y había dejado el paquete de cigarrillos casi vacío, presa de una angustia existencial de lo más cruda y desgarradora, como no la había conocido desde que leyese La náusea de Sartre (obra con la que guarda mucha relación, dicho sea de paso). Y, sin embargo, desde ese momento yo ya sabía que ésa era una de las mejores películas que había visto en mi vida, y que había ingresado a la lista de mis favoritas de un solo empujón.
Luego vinieron otras, y no dejo de sorprenderme por la magnitud, la fiereza, la sordidez y la agudeza crítica y estética de este hombre. Claro que, de paso, aprendí que Saló o le centovente giornate di Sodoma era una experiencia aún más traumática por la que no había pasado (y, por más que la haya visto cuatro veces, la experiencia siempre es un poco más dura), pero ese tipo de detalles son, precisamente, los que hacen que nos sintamos atraídos por la obra de un autor que no pone reparos en desnudar algunos aspectos de la realidad para que nosotros nos peguemos un tiro, o demos la vuelta por completo a todo lo que pensábamos y creíamos.
Casi puedo imaginar el encuentro: en un café, él con un par de tomos y el periódico de su lado de la mesa y yo con un libro del mío, con las tazas de espresso entre ambos y el cenicero llenándose de mis colillas. Tendría que esforzarme por esquivar los temas de política, pero al menos habría mucho de qué hablar en terrenos más afines a ambos: la literatura, el cine, la filosofía, la historia... Con algo de suerte, hasta podríamos soltar una que otra risa. Fuera, en la calle, una lluvia como ésas que nunca se ven en Lima.
Pero sé que esto es imposible: Pasolini fue asesinado en Ostia en 1975, y yo nací trece años después en un rincón bastante lejano en el mapa. He tenido el honor, el verdadero placer de conocerle, y él en cambio ha tenido el privilegio de nunca escuchar mi nombre. Pero soñar sale barato, y a veces es gratificante. Y, de todos modos, tengo a este hombre único en su especie para admirarlo, ponerle un "San" delante del nombre y levantar, cada vez que pueda, copas, jarras y botellas por él.
Pero no quisiera cerrar esta nota sin dejar escrita una impresión más: y es que Pasolini, por más de un motivo, bien podría haber llevado con toda justicia esa frase memorable del testamento de Bergson: "He querido permanecer entre los que mañana serán perseguidos".
En la imágen: Pasolini de pie ante la tumba de Antonio Gramsci, al que tanto admiró. Un desencuentro entre dos genios.
martes, 27 de abril de 2010
Entrevista a Andrew Blake
Bueno, que cada cual haga su tarea y pase revista a sus prejuicios por su lado. Ya tendrán tiempo que dedicar a las cintas de Blake. De momento, les traigo una entrevista que le hizo "Vibe Review". Tiene, se los aseguro, algunos puntos de vista muy interesantes (disculpen que no la traduzca, pero me falta el tiempo). Interesante, además, para aproximarse un poco al universo de la industria del porno y algunos de sus detalles y quehaceres. Supongo que todo lo que me queda por decirles es: "¡Buenas noches!"
I heard a rumor: You only make three films a year. Is this true?
Yeah, making new films takes me a lot of time - I don't make them like I would cook sausages. Strange comparison, I know. It's just that I don't want to mass create films. A 'quality versus quantity' situation is what I am getting at. My films are really handmade. I wait for all the specifics to fall into place. Like, for example, the ideal model. I will wait until I find the perfect person for the role. I don't want to rush the creative process. Why should I? I want each model to be the right model for the right role in a perfect film.
Lately, I've been blessed with fantastic girls. I consider myself lucky and fortunate for the current talent base that I've had an opportunity to work with. These girls are the "top" girls in the business. More and more, women like to work with other women; and, recently, I've had the opportunity to work with these women. It's obvious that beautiful women tend to start their career in the hardcore scene, but after a few weeks these same women change career paths. They decide to explore other options because they are afraid of diseases, or they don't like the scene itself.
I spend a lot of time with my wardrobe specialist, picking her brain. Since she picks out the lingerie and outfits for the girls, I want to know what she envisions. It's the entire creative process, and it takes time. Oh, and a lot of the outfits are handmade - the outfits are either custom-designed for the model or we go to the wardrobe houses at the movie studios. We even set out to find the right outfit! I'm very careful with all the details.
I do not shoot on tape, which is what most other people do. I shoot only film. The technical process is labor intensive, but absolutely worth the extra effort. I do all the casting, find all the film locations...basically, I direct the design, the image. Of course, I also do all the editing. My films take a long time - from start to finish. I make sure all the details are arranged in a way that makes everyone happy. In order to accomplish my goals, I am only devoting myself to three films a year.
How did you get into this business?
I was a painting major in college. Francis Bacon - the famous English painter in the'60s and '70s - inspired me. I wanted to communicate my ideas in a similar way to Francis Bacon, through painting. I wasn't a very good painter! While still enrolled in college, I began working on syndicated radio shows at a local radio station. After finishing college, I started working as an art director for a TV station in Boston: I did animation and photography. Exposed to different areas, I was able to get my feet wet and learn about the creative process.
After working in Boston, I ended up moving to New York City, where I worked as an art director at CBS News. As fate would have it, I met my future wife while working at CBS. We eventually moved back to Boston; my wife wanted to attend art school there. I got back into animation, and for a long time! I worked with a guy who got a contract to do an animated special for NBC, which led me to Los Angeles - and we've been in LA ever since then! Another twist of fate. Life's full of them!
I spent a lot of time in the animation industry, but I eventually got sick of it. As a hobby, I had always photographed nude women - well, nudes. Around that time, like '83 or '84, the Playboy channel had just started up. I decided to test the waters of the industry, and also myself. I self-produced a short ten minute erotic piece that Playboy ended up loving. I began shooting centerfolds for Playboy, which I liked for a little while. I kind of got tired of centerfold photography; I didn't like directing the girl's hands, which is important with that type of photography.
So, I started photographing and filming women with my style in mind - really developing my interpretation of hardcore with beautiful women and spectacular backdrops. I became very successful at doing this. I found my own style, which is important for every artist. By this time I began working for Penthouse, where I started a line of videos. Then I decided to make another hardcore erotic film, Hidden Obsessions. It became wildly successful. I did all of this while I was still doing videos and centerfolds for Penthouse. Fortunately for me, Penthouse allowed me the freedom to experiment and express myself. I did my own thing, you see. Eventually, after making several films, my wife and I started Studio A, where we own and self-produce everything.
Some people have described your films as "yuppie porn." What do you think about this label?
It's not some strategic marketing plan. It's about doing what I want to do and what, at least so far, seems appealing to many people. My sensibilities, my obsessions - that's the only plan in motion. My films have nothing to do with pleasing the "average" porn viewer. Sure, I invite everyone to enjoy my films, my work; but I don't set out to please any one type of person or porn fan.
Are your films indicative of your personal fantasies?
Yes, absolutely. I was obsessed with this one model that I worked with for 12 years, Dahlia Grey. My movies basically revolved around my obsession for her, like, I'd want to see her in new skirts that I found, or see her in a corner, standing a certain way...or seeing her in bondage in the trunk of my car. A muse, sort of. Sometimes it was soft, sometimes harder. She and I were never physically together. I always thought that if I had sex with her it would burst the balloon. There was always a tension between us. We always battled it, but that tension translated into great film.
I see your films lean more toward erotic art than "pornography." Some professionals claim your films aren't "hardcore" enough, but when I watch your films I can tell that you understand women - physically, emotionally, and sexually. How is it possible for you to know so much about women?
Well, I love women. I love everything about women. A total fascination and obsession. It boils down to that. If a viewer doesn't believe my films are "hardcore" enough, then there are a zillion other pornographic avenues to choose from. That's cool thing about the adult entertainment industry: There's plenty to choose from.
I have often thought of your films as aphrodisiacs, especially for couples who go wild watching the cinematic experience you create.
I think a lot of it is the technical way something is filmed. I film double-speed, so it slows everything down. When the action is slowed down, when everything goes a little slower, it adds to an already sensual scene. Like a hand moving slowly down a woman's breast - instead of a hand violently running down a woman's breast. Capturing every intimate detail is essential - it's what makes me happy.
You know a woman's body. What's the most erotic part of the female anatomy?
Neck bones and underarms. I love both. I love legs, a certain kind of breast, and a beautiful butt. It's the whole package for me, not just one individual part. It's gotta be everything. I try to find drop-dead gorgeous women for all my films, and they can't have fake breasts. They have to have an innate beauty in them.
Do you find that some women who are excluded from the typical "supermodel" definition have so much self-confidence and inner sexuality that they exude sensuality on film? How important is innate beauty?
Great question! Yes, physical beauty is wonderful, but there's a deeper level that's more interesting. A deeper level that's certainly more important. Dahlia Grey is the perfect example of this. She's a Brazilian model who has the entire package - beauty, inner-beauty, and sensuality. She oozes inner energy and sexuality. She's always hugging, always laughing. Her body and mind...drop-dead gorgeous.
Do you have a favorite personal lubricant?
I really like Eros Bodyglide. All the Kama Sutra products, yeah. I especially like Kama Sutra Massage Oil and the Kama Sutra Bedside Box. I recommend all three products to your readers.
What's your favorite movie that you've made? What movie are you most proud of?
Hidden Obsessions and Decadence are my two personal favorites. The quality of these films impresses even me!
Many of your films explore sexual fetishes. What is it about fetishism that appeals to you?
I'm not into whips and chains - well, I guess I am into whips and chains from a visual perspective. I don't get into that lifestyle. Filming it and participating in it is two different things. In real life, that lifestyle is about trust and vulnerability, whereas on film it's more about filming that trust and vulnerability in action. It becomes voyeuristic.
What do you think is the secret to a passionate love life?
Variety. I was married for 30 years. We recently divorced, so now I am playing the field. I brought out my sexual energy in films while I was married. Not in real life or in my married life.
Is there anyone making films that you view as competition? Or any new films that you like?
It depends what you are into. I'm very impressed with Stuntgirl by Jack the Zipper.
Andrew, thank you for your time! I know you are a wanted man. I appreciate you spending a few minutes with me. Good luck to you.
Thanks. I have a good time with these interviews. Great questions, by the way. We'll meet again, I am sure. Take care.
viernes, 12 de marzo de 2010
"Nine": lo que parecía imposible
Digo "muchas". Bueno, pues también hay que reconocerle un par de cosas que, a mí me parecen fallas. En primer lugar (y quizá ésta sea la crítica más dura que puedo hacerle a la película), tengo que reconocer que, como musical, Nine ha fallado. Las canciones de Maury Yeston, exceptuando dos o tres de ellas, no han estado a la altura del guión, aunque muchas de ellas son "rescatadas" por sus intérpretes (como, por ejemplo, una que canta la Cotillard). No es, ni de lejos, Chicago. Y todo esto es, en verdad, una lástima, porque la fotografía, las actuaciones y los escenarios, o digamos que toda la fórmula estética de la película, es grandiosa. Pero daba, ya lo digo, para mucho más. ¿Alguna otra crítica que hacer? Bueno, el guión tiene un defecto: el final. Después de todo, ¿qué sentido tenía dar ese giro moralizante a una película que funciona con tanta eficacia? Desarrollar el final como una "disculpa" hacia la esposa de Guido Contini fue, a mi parecer, una idea que estaba absolutamente fuera de lugar, y arruina un poco la película (sobre todo, porque es el final, y su peso cae sobre el de todo el resto de la obra). Todo hubiera quedado un poco mejor sin mensajitos ni nada.
Pero no hay que confundirse: Nine es una película espectacular, que merece más de un vistazo y mucha atención. A pesar de esas dos fallas, Rob Marshall ha logrado algo que todos los directores se proponen, pero que no muchos consiguen: lograr una experiencia mágica, en el mejor sentido (el menos cliché) de la palabra. Además, hay que darle a Marshall otro reconocimiento, esta vez por haberse atrevido a realizar lo que parecía imposible: retomar el Ocho y medio de Fellini (una cinta con la que no muchos se atreven a meterse, dificilísima, imposible, genial), y, por si fuera poco, hacer de su experimento una gran película. A todo el que quiera lanzarle una bomba de ataques a este director, que primero se plantee bien esta cuestión. Marshall se ha atrevido a pisar el Olimpo, y merece un aplauso por haber sabido hacerlo con tanto estilo. Un toro difícil, pero bastante bien toreado.
Malabarística, cruda, laberíntica y divertida, Nine es un paso más para Rob Marshall en su camino hacia la gloria. Y yo lo predigo: llegará el día en que la gente lo mencione o recuerde casi como a una leyenda. Su nombre no pasará inadvertido, ténganlo por seguro.
martes, 9 de marzo de 2010
"Otto e mezzo"
Pero no es fácil hablar de Ocho y medio. (Todavía hay muchos especialistas en cine que no se atreven a decir una palabra sobre ella). Recuerdo que mi primera reacción al terminar de verla por primera vez fue pensar "Qué obra maestra" a la vez que un enorme signo de interrogación se elevaba sobre mi cabeza, como en una historieta. Luego, la he vuelto a ver muchísimas veces, y cada una de ellas me da una patada más, una iluminación más. Al final, supongo que las únicas reacciones posibles son la admiración, el agradecimiento y, reconozcámoslo, la envidia (en el mejor sentido de la palabra). O, sino, el escándalo, la frustración, la confusión y la extrañeza. He oído más de una vez el relato de cómo los que iban a verla en el cine, aquí en Lima, desgarraban los asientos con navajas y rompían las butacas en son de protesta: pensaban que les estaban cortando la película, o que de alguna forma estaban siendo estafados. Qué puedo decir, Fellini siempre supo ganarse reacciones de todas las latitudes.
Y es que, si vamos a hablar de genio y complejidad, creo que Ocho y medio se lleva el primer premio. Le siguen de cerca algunas otras películas de Fellini, más otras de Bergman y Pasolini, pero es que Ocho y medio es, en este sentido, insuperable. La desarticulación de pasado, presente, futuro, imaginación, deseo, voluntad, memoria y obsesión para crear una categoría de realidad absoluta (y, en realidad, aparentemente) caótica es algo que no cualquiera puede hacer, y ese es sólo el primer juego ontológico: el segundo, el de los planos de realidad, ficción y metaficción que ya hemos comentado, no tiene nada que envidiar el primero, y se combina con él para dar a la película el toque perfecto.
Ahora bien, ¿para qué tanto juego? Nadie cuestiona que Ocho y medio es la obra más autobiográfica de Fellini (Cf. Hollis Alpert, Fellini, una vida), y toda esa gran broma es, definitivamente, la mejor forma que podía utilizar Fellini para llevar a cabo la expresión de sí mismo, su autoconversión en caricatura para rescatar, de alguna forma, al humano que era y ponérnoslo de frente, en una pantalla, con toda la amargura, el humor y la autocrítica necesarios.
Pasarán los años y los siglos, y la gente seguirá cuestionándose acerca de todas las posibilidades interpretativas que contiene Ocho y medio. Y, de paso, seguirán agradeciendo a Fellini el que un filme como este haya sido realizado. Ahora que todos van tan felices a ver Nine, yo les pregunto: ¿por qué no tomarse un tiempo para ver esta obra maestra? Vale la pena el esfuerzo.
En la foto: el siempre extraordinario Marcello Mastroianni representando al felliniano Guido, en Otto e mezzo.
domingo, 7 de marzo de 2010
"La cinta blanca" y la ceguera de algunos jurados
Bien. No hay que confundirse: yo no voy a lamentar que Claudia Llosa no se haya llevado el premio. Ni siquiera voy a comentar su película (que aún no he visto), ni lo patética que me parece la idea de apoyar la obra de alguien sólo porque da la casualidad de que ese alguien nació en el mismo país que uno. A la mierda con todo eso. De lo que sí voy a lamentarme es de la ceguera absoluta que ha adolecido este año el jurado de la Academia al no darle este premio a La cinta blanca del austríaco Michael Haneke. Y que me llame germanófilo el que quiera hacerlo, pero la pura verdad es que el Mejor cine de estos tiempos se filma, en general, en tierras germanas (La caída, La vida de los otros o la suizo-alemana Vitus son buenos ejemplos de lo que digo). La gran pregunta es, ¿por qué la merecería más que El secreto de sus ojos? Miren: yo aún no he visto esa película, así que ahí tengo un punto menos a mi favor. Pero eso sí: creo que cuando alguien ve una película que realmente no merece otro adjetivo que el de "perfecta", al punto que si alguien me dijera que la dirigió el mismísimo Bergman no dudaría en tragarme el cuento, no es en vano.
Un argumento que se desarrolla con semejante cuidado, con tantas variantes narrativas y psicológicas, más un esteticismo que casi parece de cristal, con una calidad de fotografía a la que no muchos directores aspiran siquiera y un formibable trabajo de actores, editores y demás: todo esto, y más, está en La cinta blanca. (Y está ese diálogo en que una niñera debe explicarle a un niño lo que es la muerte, que es de los más fascinantes y secretamente crudos momentos de la película). Lo digo aquí sin dudarlo un segundo: esta película es una verdadera joya del cine, una obra maestra. Supongo que habría que preguntarse si el público está preparado para aceptar un filme semejante, lento pero desgarrador, todo un desafío para el temple de muchos espectadores. Pero eso ya es harina de otro costal.
Eso, pues, es lo que voy a lamentar yo esta noche. El resto del Perú, que haga, diga y piense lo que quiera: yo levantaré mi vaso por quien más se lo tiene merecido. Y dejo, de paso, la promesa de dar un muy honesto comentario de La teta asustada ni bien la haya visto. Dicho lo que había de decirse, les dejo el trailer de La cinta blanca, y me siento a esperar a ver qué hace el tiempo (no siempre justo) de obras como ésta.
lunes, 8 de febrero de 2010
"La Dolce Vita", cincuenta años después
Ahora bien, la gran pregunta, creo, sería la siguiente: ¿por qué demonios se arma tanta bulla en honor a los cincuenta años de una película de Fellini? Y alguno más podrá añadir: "Que yo recuerde, no se celebran los tantos años de Los cuatrocientos golpes de Trouffault, ni los de El séptimo sello de Bergman; ¿por qué ceder ese honor al filme de Fellini?". Pues hay que responder desde ahora: La dolce vita no es sólo una obra maestra del cine, sino que de hecho creó una nueva forma de ver el cine, y creó nuevos tipos y formas de ver o pasar la vida. En otras palabras, que la película dio a la gente (y, sobre todo, a los pretendientes a artista) una nueva forma de ser, creando toda una gama de personajes, entre los que se incluye al decadente fino, al desesperado indiferente y demás. Claro que esos tipos ya existían, pero el filme de Fellini les dio un nuevo énfasis, los atacó desde una perspectiva tal que, de un momento a otro, ser un "personaje" no era más lo mismo. (Aparte está, obviamente, el "paparazzi", que en italiano es plural de "paparazzo", cuyo nombre nació de uno de los personajes de la película).
Por otro lado, vale la pena recordar un poco la historia de lo que significó el estreno de La dolce vita: hace ya cincuenta años, el público italiano (y, sobre todo, el romano), salió de las salas de los cines dispuestos, todos, a levantarse: los unos, para ovacionar al genio que había sido capaz de forjar una obra maestra como aquella, tan desgarradora como cuidada de la estética; los otros, para insultarlo, amenazarlo o, como de hecho sucedió en la primera proyección en casa de Rizzoli, el productor del filme, para escupirle en la cara y amenazarlo de muerte por haber sido capaz de representar con tanta lucidez y, en cierto modo, sordidez a la sociedad romana y, si se quiere, universal: vacía, desesperada, superficial, ciega e incapaz de seguir lo que quieren en el fondo. De hecho, muchos de los críticos que le dieron un visto bueno fueron expulsados de los diarios y revistas en los que trabajaban, y por algún tiempo el nombre de Fellini pudo ser comparado (como el de Sartre en la España de Franco) un equivalente al del anticristo (porque, dicho sea de paso, a la mayor parte de los sectores de la iglesia tampoco le gustó mucho la película).
Sea como sea, lo importante es que La dolce vita sigue allí, tantos años después, y cuando de la Roma que retrató no quedan más que algunos escombros (los lugares y las formas han cambiado). He perdido la cuenta de la cantidad de veces que la he visto, y sin embargo nunca me cansaré de volver a encontrarme con la legendaria escena en la que Marcello Mastroianni se baña con la espectacularmente buena Anita Eckberg en la Fontana di Trevi; ni aquella otra en la que los periodistas llegan al lugar donde se encuentran los niños que dicen haber visto a la vírgen María, donde logran separar a los miembros de la familia para fotografiarlos en poses de adoración o mistificación; o aquella otra en la que Mastroianni se reúne con un grupo de decadentes en una casa para celebrar una fiesta, de la que salen rumbo a la playa, donde Marcello verá, a lo lejos, al que pudo ser su camino, incapaz de reconocerlo y, finalmente, rechazándolo.
En pocas palabras, que La dolce vita es una obra maestra de cabo a rabo, una verdadera, única y profunda experiencia cinematográfica. Para bien o para mal, es inolvidable, y derrama genialidad. Ya pasaron cincuenta años: pasarán cien, doscientos o mil, y la gente seguirá celebrándola. Señores, una copa bien en alto.
sábado, 30 de enero de 2010
Lo último de Tinto Brass: Calígula en 3D
De paso, es la primera vez que se filma una película en 3D en Italia, así que Tinto Brass está llevándose aquí un par de delanteras. (Hablando de delanteras, la película promete muchas). El director, además, ha prometido cosas muy interesantes, respecto al formato en el que está trabajando: por ejemplo, nos dice que hay escenas en las que una mujer extiende las manos hacia la pantalla en las que realmente parece que está por meterlas en nuestros pantalones; realmente, es increíble, como para enorgullecerse, ver los niveles a los que puede llegar el cine erótico: ¿quién iba a imaginar, después de todo, que el público podría llegar a tomar parte de la película en un sentido como éste?
De modo que ahora resta esperar a que llegue hasta nosotros esta maravilla del cine erótico, la primera gran realización del género en el 2010 (como quien dice, para empezar bien el año). Sólo me pregunto quién podrá sustituir a Malcolm McDowell en el papel del emperador Calígula, que es probablemente su mejor papel; y quién podrá hacer de Drusilla si no es Teresa Ann Savoy. En fin, que promete estar bueno, y es algo que, definitivamente, no puedo perderme. Lo que me sigo preguntando es: ¿la pondrán en la cartelera de los cines de Lima? Hmmm





