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martes, 15 de febrero de 2011

Google Art Project


Siempre he tenido una posición un poco inexacta en lo que se refiere a nuevas tecnologías: sin negar que son un universo fascinante, que abre un mar de posibilidades comunicativas, estéticas  y, de paso, sexuales como las que jamás hubiéramos podido soñar hace unos veinte años, también es cierto que en otros terrenos parezco un ser del siglo XIX: casi no entiendo de estas cosas, con las justas si puedo llevar este espacio y un par de direcciones electrónicas, y ni el Facebook ni ninguna de esas redes sociales me han seducido alguna vez en mi vida. ¿Qué quieren que les diga? Todo sucede a una velocidad tal que de verdad me cuesta terminar de entender todos estos fenómenos que, ya lo digo, me parecen formidables en muchísimos puntos. 
Pero ahora la gente de Google ha dado un paso frente al cual no puedo hacer otra cosa que sacarme el sombrero. Todos sabemos lo que es el Google Earth, y cómo podemos usarlo para "pasear" por las calles de montones de ciudades alrededor de todo el ancho mundo a través de fotos de 360 grados. Pues bien, ahora han sacado a la luz otra de las suyas; algo similar, pero que funciona sin descargas ni nada, y que se llama Google Art Project. 
El asunto es que, mediante esta página, puedes recorrer las salas e instalaciones de algunos de los mejores museos del mundo, incluídos el MoMA y el National Art Museum de Nueva York, el Reina Sofía de España, el Palacio de Versalles... entre muchos otros.Todavía no están colgadas todas las instalaciones de los museos, pero con lo que ya tiene, hay material para horas de curioseo. 
Y no es todo: también puedes ver las obras de arte que están allí, y acercar la vista lo bastante como para notar el trazo de las pinceladas, tan buena es la calidad de la fotografía. Realmente, un proyecto que no cae en saco roto, y del que creo que todos los amantes del arte podemos estar agradecidos de aquí al fin de nuestras vidas. No será lo mismo que ir a pararse frente a los cuadros, pero oigan, es mucho mejor que nada. 
No quería dejar de comentar esta iniciativa, una de las mejores de Google y de la red en los últimos años. Poder quedarme horas muertas viendo cuadros de Rembrandt, Caravaggio, Seurat o Van Gogh, o fotografías y afiches de la Guerra Civil Española... y con tan buena calidad, pues es algo que me encanta. 
Para acceder a la página, sólo tienen que entrar a www.googleartproject.com. Les dejo, también, un "preview" que ha armado la gente de Google. Eso sí, les advierto que es un poco adictivo. 

martes, 12 de octubre de 2010

"Nighthawks" (los de Hopper y los demás)



Es increíble que las cosas estén así: el Café de Desencuentro abrió sus puertas hace ya cerca de dos años y todavía (¡todavía!) no hemos hablado del hombre que no solo nos construyó y decoró el lugar, sino que también le puso la nota precisa al ambiente. Y no: no hablo de mí. Más bien, me refiero al hombre que pintó el cuadro que que es lo primero que cada uno de los lectores que ha caído por este blog-café-lo que sea ha visto: nada más ni nada menos que Edward Hopper. Y si le doy tantos méritos, es porque se los merece todos; es decir, ¿qué sería de este pobre espacio sin el maravilloso y... ¿cuál es la palabra? ¿Nostálgico, triste, melancólico? En fin, sin esa obra maestra que es Nighthawks, el cuadro más famoso de Hopper y, probablemente, de la pintura norteamericana. 
Claro que de Hopper se ha dicho mucho, y queda aún un infinito de palabras que decir. Como muchos críticos lo han hecho notar, su pintura trata de reflejar la soledad, el pesimismo y el vacío existencial que subyace en el fondo de la sociedad norteamericana (y del mundo, agregaría yo). Sus personajes, que cuando no están solos siguen estando solos, parecen postrados en ese momento en el que la esperanza hace mucho que se fosilizó en resignación, con lo que sólo queda dejar que los calendarios se agoten. Las miradas dentro del cuadro no suelen cruzarse (y las palabras, podemos imaginarlo, tampoco), y como no sea en los autorretratos, nunca hay una mirada que se vuelva hacia el espectador. Son cuadros en los que reina, de un modo u otro, el silencio. Y lo más desgarrador de todo el asunto es que, al final, no podemos dejar de reconocernos en ese cuadro, ni tampoco de sentir esa soledad en carne propia. 
Pero de toda esta galería de desencuentros (¿les suena esa palabra? ¿O se creen que escogí el cuadro de Hopper en vano?), no hay duda de que Nighthawks (que literalmente se traduce "halcones de la noche", pero que todo el mundo entiende que significa "Noctámbulos") es la obra máxima de este pedazo de genio. Y esto lo digo aunque suene trillado: que es su mejor cuadro, o al menos el que más me gusta a mí, y en el que más me siento identificado, o lo que quieran. Lo cierto es que, más allá de mis pareceres personales, es un cuadro que ha sido celebrado y aplaudido tanto por el público en general como por la crítica especializada (de hecho, hay quienes le han dedicado libros enteros, como Gordon Theisen con su Staying up much too late: Edward Hopper's Nighthawks and the dark side of american psyche, que hace un tiempo que quiero conseguir) y por ese sector tan difícil que es el de los creadores, al punto que músicos, cineastas, escritores y hasta dramaturgos han encontrado en Nighthawks una buena y rica fuente de inspiración. ¡Si hasta hay quienes  lo consideran uno de los precursores del film noir! Que claro, le debe el ambiente, ¿no?

Boulevard of the broken dreams - Gottfried Helnwein
 Claro que habría que hacer notar otro detalle, y es que Nighthawks probablemente sea uno de los cuadros más imitados y parodiados del mundo. Como la Gioconda o La última cena de Leonardo. ¿Quieren ejemplos? Vale: los tendrán. Quizá uno de los más famosos sea Boulevard of the broken dreams de Helnwein, en el que los personajes de Hopper son reemplazados por algunas figuras de la épica norteamericana contemporánea (Marilyn Monroe, James Dean, Humphrey Boggart y Elvis Presley); en otra versión, son algunos de los personajes de Los Simpsons los que están sentados a la barra; y porque los latinos nunca se quedan atrás, tenemos a Liniers, que ha hecho dos versiones del cuadro: una en la que los "Halcones" han sido reemplazados por pingüinos (Nightpenguins, digamos) y otro en el que vemos a los mismos personajes del original en su versión Liniers, con el agregado de la esposa de uno de ellos que se acerca al local con un rodillo en la mano. ¿Qué les digo? ¡Si hasta hay un blog que se dedica sólo a postear imitaciones y parodias del cuadro de Hopper! (Si no me creen, entren a barthopper.blogspot.com). 
Claro que todo esto sólo sirve para atestiguar una cosa: la magnitud de influencias que esta obra maestra de un verdadero genio ha tenido sobre nuestro mundo que, quizá, se parezca más a esos cuadros de lo que nosotros mismos estamos dispuestos a reconocer. Sé que últimamente hemos estado levantando muchas copas, pero creo que esta invocación lo amerita; y como además nunca cae de más otro trago, pues adelante: ¡Salud, halconcillos noctámbulos! ¡Por Hopper!

Claro que no podía faltar lo que viene: una breve selección de algunas imitaciones y parodias divertidas del cuadro de Hopper (desgraciadamente, no pude conseguir la versión con pingüinos que hizo Liniers). La fuente es "¡Toma Hopper!" (barthopper.blogspot.com), el blog que comentaba un poco más arriba. Sólo la última la tome de otro sitio (no recuerdo la dirección). Hay unas muy buenas, la verdad...






 

lunes, 1 de marzo de 2010

Porno Surreal


Casi podría empezar a creer que la gente va a terminar por aburrirse de que le de tanto al tema de la pornografía; pero luego me digo: "Hombre, ¿quién en este mundo se cansa de la pornografía?", y sigo con lo mío. Además, en esta ocasión el tema se va por otros caudales, porque se trata, más bien, de un ejemplo de eso que siempre he dicho acerca de cómo el porno se convierte, de pronto, en la fuente del arte.
Claro que sólo decir "Porno Surreal", así a la mala, y con ese adjetivo tan manoseado flotando como una incógnita cliché, no es nada (aunque la foto dice un poco más, ¿no?). Lo cierto es que Kristofer Pateau, el controvertido creador de las alfombras hechas de perros y gatos disecados que ya ha dado tanto de qué hablar al mundo, ha decidido realizar un homenaje a ese hombre que se convirtió en su propia caricatura y que se hizo a sí mismo la bandera del surrealismo, aunque superándolo en más de un momento: hablo del siempre fascinante y desconcertante Salvador Dalí. Y el homenaje, que lleva el título de Salvador DaliX no se queda en eso, sino que trata de recorrer un poco el camino mental del pintor español en torno a su desaforada vida sexual (que debió mucho más a su querida esposa Gala que a nadie). ¿El resultado? Pues eso: la curiosa suma de lo pornográfico, lo tentador y lo surreal.
Ahora bien, ese último concepto, "surreal", quizá le resbale un poco a las imágenes, porque el surrealismo fue algo más que la mera caleidoscopización (por tratar de atinarle a la palabra) y confusión de las imágenes y los colores, y más aún tratándose de Dalí, que solió tener un pulso bastante preciso y una expresión gráfica contundente. Pero el resultado sigue siendo muy bueno, y logra algo más que llamar la atención: en pocas palabras, que seduce, incita, despierta las voces del lado oscuro del cerebro y, quizá, también las de la bragueta.
Transcribo a continuación algo de lo que ha dicho Pateau acerca de su proyecto, ya que no está de más, y porque nos permite entender un poco mejor hacia dónde va su definición de "surrealismo DaliX": "Siempre estuve más interesado -y fascinado -por la persona de Salvador Dalí que por sus cuadros. Como provocateur y surrealista por excelencia realizó varias intervenciones y performances que rara vez fueron documentadas por fotos o filmes. Mayormente existen como historias y leyendas. A través de estas historias descubrí muchos detalles acerca de la vida sexual de Salvador Dalí: su trauma inicial en torno al sexo debido a su severo padre, que le informó de los peligros del sexo cuando él era sólo un niño, enseñándole un libro con imágenes de genitales masculinos infectados de enfermedades de transmisión sexual. Esto fue lo que supuestamente llevó a Dalí a convertirse en "el gran masturbador", para evitar el coito. Luego su trauma con su amigo estudiante -el escritor García Lorca- que trató de violarlo pero no lo logró, según Dalí.Su relativamente tardío descubrimiento de varios placeres sexuales con su esposa Gala y finalmente su pasión por Amanda Lear, un travesti y popstar, con quien además mantuvo una larga relación y a quien ayudó a financiar una operación de cambio de sexo para que se convirtiese en una "mujer real". Todas estas historias me inspiraron para empezar a producir las pinturas de Salvador DaliX, como un "homenaje" a Dalí y como un desafío para mí mismo: tratando de hacer pinturas "a la Dalí" que yo imaginase que Dalí pudiese haber hecho. Especialmente, me interesa la idea de crear pinturas "problemáticas". Esto empezó con la series Painting China Now que hice con Ondrej Brody en el 2007 y continúa con un objetivo distinto en la serie Salvador DaliX. Las pinturas de Salvador DaliX están basadas en fotografías pornográficas robadas de la internet y manipuladas por computadora y luego pintadas por "mis asistentes" en China."
En cuanto a mí, pienso que como Salvador Dalí se consideraba a sí mismo como "el gran masturbador", quizá sea la pornografía, templo de los grandes amantes de sus manos, la mejor de las voces para darle un homenaje. Lo más importante de todo, es que la obra está muy bien lograda: Kristofer Pateau ha dado en el clavo, para nuestro placer y, de paso, para el horror de las señoronas. Pateau sigue en el ruedo: agárrense todos.

Fuente del texto: http://www.paetau.com/downloads/Portfolios/DaliXkressling.pdf
Fuente de la imágen: gallerykressling.sk

lunes, 15 de febrero de 2010

H. R. Giger: una estétca de lo grotesco


Hace mucho tiempo que no hablamos de pintura; y, a decir verdad, hace ya varios meses que doy vueltas a la idea de escribir algo por aquí sobre la obra de uno de los pintores más novedosos, curiosos y, no sé cuál sea la palabra, ¿"grotescos"? de las últimas décadas. Porque hay que decirlo de arranque y sin demasiados preámbulos: la obra de Hans Ruedi Giger no tiene precedentes, como no sea que nos pongamos a hablar de sus influencias (Dalí, notoriamente, y, según mi humilde parecer, Ernst Fuchs y Jean Delville), y tanto por su técnica como por su temática, Giger ya se ha labrado un lugar importante entre los pintores no sólo más importantes, sino también más novedosos de lo que viene siendo el tiempo desde mediados del siglo pasado.
Seres andrógenos, "cyborgs", máquinas antropomorfas o que simulan órganos humanos... la temática a la que H. R. Giger vuelve una y otra vez parece ser siempre esa, consiguiendo que las similitudes, la mera evocación de lo "humano", se convierta, por la forma en que se encuentra graficada, en algo perturbador. Pensemos, por ejemplo, en el más famoso de sus diseños, ya que no de sus pinturas, y preguntémonos por qué Alien (si, si, el de la película Alien, que lo diseñó Giger) nos resulta tan grotesco, y pronto daremos con la hipótesis, que yo creo cierta, de que es en virtud a sus rasgos humanizados, especialmente en los detalles: la forma de los dedos y de las las manos, la columna vertebral, la boca...
¿Por qué? Porque lo que Giger parece querer demostrar es que es precisamente aquello que se nos parece sin llegar a ser como nosotros mismos, sino manteniéndose siempre un poco por encima o un poco por debajo, lo que más nos repulsa, perturba y acongoja. Una suerte de definición de lo que es lo "grotesco".
Por lo demás, de más está ya decir que en la obra de Giger abunda lo simbólico y lo onirista, que hay referencias muy crudas a la sexualidad, o que uno de los puntos fundamentales de su "cyborguismo" es el fetichismo. Las diferentes creaciones de Giger son criaturas casi humanas que, ya sea que se arrastren o que se muevan a una velocidad inusual e inesperada, nos hablan un poco de lo que puede llegar a ser la imaginación y, de paso, de lo grotescos que somos nosotros mismos.
Y eso, creo yo, es algo de lo que quería decir. Por supuesto que hay más, muchísimo más, y no en vano es Giger uno de los grandes genios de las artes visuales (su obra incluye bocetos, diseños, pinturas y esculturas), pero creo que con lo dicho basta por el momento. El resto del trabajo se los dejo a ustedes, a su curiosidad y a su reflexión.

lunes, 23 de noviembre de 2009

La retrospectiva de Szyszlo


Fuerza y lucidez: esas podrían ser la bandera de Szyszlo. Una obra llena de vueltas y órdenes secretos que logra, siempre, generar una poderosa primera impresión es el resultado de treinta y cinco años de ardua labor creativa, que ahora se celebran en la galería Forum (Larco 1150, en el sótano, lugar preferido de muchas artes), y que han significado un recorrido por el amplio panorama histórico e intelectual no sólo del mundo, sino también del Perú.
Un giro mitológico que recoge los elementos de las más remotas simbologías ("arquetipos", diría Jung) es lo que nos aguarda siempre del otro lado de los lienzos; y, por si fuera poco, una presencia radical y absoluta, muy personal, de un artista que sabe ordenar sus elementos como en un rompecabezas que hay que mirar muy fijamente. Si no está de más decirlo, confieso que Fernando de Szyszlo es uno de los peruanos a los que más me gustaría entrevistar alguna vez. Me serviría, entre otras cosas, para entrar en contacto con una de las mayores mentes del arte de nuestros tiempos, un intelectual absoluto y de intereses universales al nada parece bastarle. Muchos lo han acusado de repetirse; pero basta con un vistazo más atento de sus cuadros y esculturas para notar dónde radican las pequeñas grandes diferencias, el esqueleto secreto de su propia maduración como artista. Y, cabe agregar, su extraña y precisa definición de la pintura me sigue pareciendo de las más geniales de las que se guarda registro: "el homicidio de un sueño".
No hace falta decirlo: hablamos de un Artista con A mayúscula. Esta misma noche me he dado el placer de caminar por entre sus lienzos, rodeado de soles negros y siluetas tachadas por la ausencia de colores: la retrospectiva de Szyszlo realmente merece un largo y atento vistazo, y el que se encuentre en el corazón de Miraflores no es sino poner la invitación en el bolsillo de todo el mundo. Realmente merece la pena el paseo (a ver si, de paso, poblamos un poco más nuestras galerías, que parecen quedar abandonadas una vez que ha pasado el día de la inauguración), y, si les puedo prometer algo, es que van a salir sintiendo que han aprendido algo nuevo, no sé muy bien qué cosa, pero algo.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Una vieja entrevista a Tola


Hace unos meses publiqué una entrada sobre mi muy querido Tola, ese genio que no hace más que "escurrir el bulto" de todas las etiquetas; la titulé Los infiernos vivos de Tola y, ahora, me encuentro con una entrevista realizada hace tres años al pintor, precisamente en la época en que presentaba sus Hombres que no bajaron al Infierno en la galería Lucía de la Puente, y no puedo evitar ni la admiración ni la sonrisa: su sello de laconismo, escepticismo y humor (sutil, fino y algo grotesco, en el mejor sentido de la palabra) es sencillamente irresistible. ¿Algo más que decir? Sobre Tola y su obra es difícil expresarse con palabras... pero nunca dejaré de agradecerle ese extraño vínculo de cariño que ha aceptado mantener conmigo. Paso, pues, a copiar la entrevista:

¿Estamos condenados al infierno?

El infierno es un paraíso inverso. Es un estado de ánimo, un estado alterado de la mente, y aquellos que no bajaron se pierden ese infierno por uno terrestre.


¿Su pintura es hecha desde allí?
De regreso del infierno. Las experiencias que tengo las acomodo en mi cerebro. Lo jodido se presenta cuando uno regresa y no puede acomodarlas.


¿Ya superó su infierno?

No, estoy haciendo una revisión extensa de mis vivencias personales, de las situaciones en las que he estado.

¿Qué reflexiones ha elaborado? Lo que he encontrado está en mis cuadros. Verbalmente, no te lo podría expresar. Son vivencias pictóricas.

¿Ha regresado a lo figurativo?
Sí. Mi obra anterior era más fraccionada. Ahora construyo personajes completos, más nítidos.

¿Ha dejado su etapa atormentada? No sé. Vivir atormentado es una cosa muy subjetiva, que no responde a definiciones clásicas.

¿Qué pinturas lo han impactado?
Cada pintor tiene uno o dos cuadros importantes; los demás son de tercera. Leonardo tiene La Monalisa y La virgen de las rocas. Picasso no tiene ninguno, quizás Las señoritas de Avignon.


¿Ya encontró su obra maestra?
No, hombre, ni pienso encontrarla.

¿Por qué?
Porque sería terminar con uno mismo. El día que la encuentre estaré muerto como pintor.

¿Conserva siempre su ser ermitaño?

Sí. Vivo encerrado, no me interesa el exterior. Afuera solo hay agresividad, vulgaridad. Culturalmente no hay nada que me estimule. Para mí es lo mismo tener mi taller acá o en Hong Kong. Mi lugar es el taller, no me importa en dónde esté. Yo pinto y se acabó.

¿Es un pintor instintivo?
No, creativo. El instinto es secundario. La creatividad es la que te lleva a plasmar una obra.

¿Cuál es el arte supremo?
La pintura. El efecto de la pintura es inmediato, sin proceso intermedio de asimilación, como sucede con la música o la poesía.


Sé que escribe. ¿Qué encuentra en la literatura que no halla en la pintura?
La escritura en mí es secundaria. Escribo con imágenes. He terminado la novela El pez de oro. Si uno está capacitado en un tipo de creación, puede aplicarlo a cualquier arte.

¿Qué pintores lo han marcado?
Más cuadros que pintores. El quinto sello, de El Greco, y algunos de Picasso. Ahora me atraen los outsiders.

¿El Perú tiene artistas notables?

Con tal de que sean artistas, está bien. Todos somos importantes. Prefiero un artista malo que un empleado.


¿El Perú está lleno de artistas malos?

Sí, hay mucho pintor malo.

¿Hay alguno bueno?
Sí.

¿Quién?
Esas cosas no se dicen.

domingo, 4 de octubre de 2009

Jean Delville: un enigma eterno


Ni las páginas de los muchos libros que se han escrito sobre historia del arte ni el mundo de la crítica parece recordarlo; y, sin embargo, las obras de Jean Delville siguen ahí, como una mirada hiperconcentrada y desgarradora de los universos ocultos, del pasado y del infierno. Con mucho de cristiano trágico enlazado a otro mucho de pagano, y con un delicioso sabor a gnosticismo, las pinturas de Delville parecen deleitarse ante los hechos atroces y simbólicos, como los poemas de Baudelaire, de cuya "escuela" fue deudor.
Pero, ¿quién fue Delville? De su biografía se puede decir algunas cosas: que nació en Bruselas en 1867 y que murió en 1953; que fue un pintor con un gran talento y de una mirada bastante particular; que escribió sobre ocultismo y que, desde muy joven, se interesó en la teosofía (que hoy a derivado en la antroposofía, sobre todo a través de Rudolf Steiner), que marcó su vida y su obra. Una obsesión con la búsqueda de un orden estético del universo parece haberlo impulsado a través de toda su vida.
En su obra, se encuentran en un mismo plano el simbolismo, la perspectiva esotérica y la teosofía, con una armonía ambigua y original, que de alguna forma sospecho ha influenciado mucho, directa o indirectamente, sobre la obra de pintores tales como Tola o
Giger. Y porque merece un espacio en la memoria es que escribo estas líneas: su tradición y su estética no son las corrientes, pero eso no evita que sean fascinantes e irresistibles. Recordar y acusar este olvido es el fin de esta nota, a la vez que llamar la atención sobre este enigma constante llamado Jean Delville.

Imágenes:
Arriba: "Los tesoros de Satanás"
Abajo: "La rueda de la fortuna"


miércoles, 19 de agosto de 2009

El inagotable Xul Solar


Creo que nadie terminará nunca de explotar la polifacética (y, si se quiere, poliédrica) personalidad de Xul Solar, un argentino que, en vida, parece haber sido de todo: poeta, astrólogo, traductor, vanguardista, humanista, políglota, ajedrecista (y "penajedrecista") y bromista, así como un prolijo inventor de juegos, idiomas y juegos de palabras que podían llegar a ser inverosímiles además de muy inteligentes. Hoy en día, sin embargo, se lo recuerda sobre todo por sus maravillosas pinturas, todas ellas fiel reflejo de su autor: excéntricas, tiradas de los pelos, profundas y magníficas.

Pero, ¿quién fue Alejandro Xul Solar? La pregunta no sólo es difícil de contestar, sino que creo que es imposible hacerlo con justicia. Porque claro, es muy fácil decir que Xul Solar fue uno de los máximos exponentes de la vanguardia pictórica argentina, al lado de otros como Schiaffino o Norah Borges (la hermana de Jorge Luis); que estudió artes en Europa, y que fue uno de los primeros en practicar las técnicas de los fauvistas y los cubistas de este lado del mundo... pero lo difícil es dar el verdadero paso: decir, cabalmente y sin rodeos, cuál fue ese Xul Solar que, como un titiritero, tiraba de los hilos de todas sus facetas y juegos, a la vez que de cada uno de sus trazos, entre la sonrisa y el llanto. Porque hay muchas máscaras, y, sin embargo, un rostro.

Jorge Luis Borges, que fue su amigo íntimo, dijo alguna vez de Xul Solar que él, a diferencia de todos los demás, no se contentaba con aceptar el universo: él vivía recreándolo a cada momento, modificándolo. Poco antes, lo compara con William Blake (aunque advierte que una figura como la de Xul no admite comparaciones), y dice algo que a mí me fascina, algo que inevitablemente me toca en lo más profundo: "Creo que uno puede simular muchas cosas, pero nadie puede simular la felicidad. En Xul Solar, se sentía la felicidad: la felicidad del trabajo y, sobre todo, de la continua invención".

Y, sin embargo, la felicidad no le impidió a Xul Solar abrazar cierta forma de melancolía: un desgarro que fácilmente advertimos como profundo, pero frente al cual se levanta esa especie de enorme Dios gnóstico que fue Xul Solar, para devorarla y convertirla en un nuevo juego, en una nueva forma de reinventar su mundo; también el nuestro, cada vez que nos paramos al frente de uno de sus cuadros, o incluso cada vez que nos volvemos a pensar en la figura y las obras de este hombre de genio tan original y único, tan desaforado y lúdico que no nos deja más opción que abrir mucho la boca y no decir nada en lo absoluto.

Incluyo aquí dos obras de Xul Solar: la primera lleva por títula Rua Ruini; la segunda, Vuel Villa.


sábado, 15 de agosto de 2009

La doble mirada de Laura Viñas


Entre la inocencia y la sordidez, como una niña abandonada en el medio de un campo de batalla, es que se planta la obra de Laura Viñas, una suma de retazos donde se enfrentan sin violencia el suspiro, el llanto, la risa y el verso. Claro que todo esto suena mucho a solapa de libro, pero es que no encuentro una forma más justa para empezar a decir algo sobre estas pinturas. Creo que fue Picasso (un genio al que no admiro casi para nada, pero que tuvo un don para decir sutilezas) el que dijo que había tardado años para aprender a pintar como un niño; una esencia similar a estas palabras es lo que encuentro en la pintura de Viñas: una candidez que fuma cigarrillos, que conoce su fuerza y su debilidad. Una doble mirada a la vez caótica y tímida.

A mí estas pinturas me fascinaron desde un principio, sobre todo por su carácter, sumamente personal, que habla de la persona que esgrime el lápiz o el pincel. Todo lo contrario a lo que sucede con muchos pintores: nadie sabe cómo distinguir de quién son sus cuadros. Y, necesariamente, por esta misma impresión de la personalidad, la obra de Laura Viñas es de esas que juegan a la mascarada, desnudándose, sin embargo, muy lentamente. Intimidad, desgarro y, sin embargo, una sonrisa que no borra las lágrimas, un carnaval de payasos tristes.

¿Hablar de formas? Como en Xul Solar o en Tola, en la obra de Viñas los colores son algo más que una excusa: son un motivo, una forma de mirar (y de sentir) el mundo: los amarillos y los rojos parecen luchar contra las figuras que van contornando, y sin embargo son inseparables, forman parte de una misma perspectiva, de una misma realidad.

Una obra, pues, silenciosa, que susurra y suspira en lugar de lanzar alaridos. Remota y cercana, como un espejismo, pero que no deja de hacernos sentir su presencia. Y, sobre todo, cuidada, mesurada en secreto, bella.


1. (Arriba) "Cuando te arrancan la piel"
2. "Mi desierto"
3. Sin título

martes, 14 de julio de 2009

Los infiernos vivos de Tola


Algún crítico podría decir de la obra de Tola: "Mucho de vanguardias, los excesos del fauvismo y el onirismo de los surrealistas, con algo del tono típico del expresionismo, bla bla bla", y a todo ésto el autor no haría más que contestar con un tajante y ambiguo "ya" de los que le son tan característicos. Porque si hay que empezar a decir algo sobre la obra de José Tola, es que rechaza toda posibilidad de etiquetas, que corta con todo discurso generalizador, que es lo mismo que decir que todo intento de comprensión. Y esa es una buena pregunta (que es lo que tiene que generar el arte, antes que respuestas): ¿podemos entender la obra de Tola? ¿Qué es lo que hay en esos trazos agónicos y, sin embargo, llenos de furiosa vitalidad, que nos atrae pese a todo, que nos encierra en una enorme incógnita de la que no sabemos cómo salir, si es que lo queremos realmente?

Lo primero que me llamó la atención cuando me encontré ante una de las pinturas de Tola la primera vez fue la destreza con que había sabido estructurar el todo de la obra a través de un elemento impensable: el caos. Un caos, sin embargo, que se confunde con los colores y las formas que impregnan sus obras, porque no hay una barrera que separe fondo de forma, esencia y discurso. Pero, a diferencia de lo que pasa, por ejemplo, con Miró, todo este despliegue de excesos no es frívolo ni impersonal, sino que está cargado de una profunda humanidad, llena de vida que, como dije antes, agoniza ante nuestros ojos, pero que a la vez ríe, como ajena a su propio drama (Heidegger y Sartre tendrían un par de cosas que decir a este respecto, quién lo duda). Y es en eso donde, a mi parecer, nos encontramos con lo humano en su más inquietante cotidianeidad, en ese impulso loco de jocosidad y autodestrucción, de ternura y sadismo, de locura y melancolía. En fin, en ese enorme Caos.

Cuando uno se para a mirar un cuadro de Tola, uno no puede dejar de sentir que, de pronto, está rodeado por una inquieta compañía: seres que son todo ojos, manos y líneas parecen brotar del lienzo y envolvernos. "Criaturas imperturbables", las llamó Fernando Ampuero: seres como diosecillos paganos, o sátiros baudelairianos, que sin embargo son múltiples reflejos de las máscaras que se ponen los hombres. Los hombres que no bajaron al infierno, uno de sus últimos trabajos, por ejemplo: veinticuatro lienzos donde se aprietan figuras sin contornos, que no parecen muy seguras de lo que deben o pueden hacer, como en esa "estadía entre dos cielos que se pareció más a un infierno que a ninguna otra osa" a la que se refirió el pintor cuando hablaba del tiempo en que realizó las obras -¿podrían ser los dos cuadros restantes (rosa y negro, respectivamente) esos cielos?-, entre risas de júbilo y muecas de angustia, entre la danza y el terror, pero definitivamente siguiendo un ritual cuya finalidad desconocen. Una obra, lo repito, humana, a la vez sagrada y pagana, visceralmente bella, lo que emparenta a Tola la especie de pintores a la que pertenecen, entre otros, el Bosco, Goya, Delville o, en algunos casos, Xul Solar.

Y con esto hemos llegado a un punto crucial, porque se trata de hablar de la "belleza". ¿En qué rincón del infierno, de la desesperación, del caos, se esconde la belleza? Pues, en el caso de Tola, todo ello es la belleza. Como muy bien lo dijo Niño de Guzmán en el título de un ensayo sobre la obra del artista, "para encontrar la belleza hay que bajar al abismo". Es decir, que se trata de reconocer lo poético de la lucha, de la tensión existencial, de la pasión... Porque en Tola sobra la pasión: esa voluntad de devorar y ser devorado, de poder dejarlo todo en unos trazos sobre el lienzo, de poder arrancarse las tripas y escupir para luego buscar el reflejo de un rostro en unas figuras que se contorsionan, libre de máscaras. "A mí me intrigan los límites del ser humano. ¿Cuáles son? ¿Hasta dónde llega la barbarie? Me interesa tener una idea de lo que uno es y lo que es el mundo del entorno", dijo en una entrevista con Ampuero, después de hojear algunas revistas con imágenes de decapitados y libros sobre masacres.
Tensión, pues; y caos, y ruido, y locura... vida, al fin y al cabo: una propuesta de mirar profundamente en el rostro de los hombres, arrancando caretas, exhibiendo demonios. Pero me dirán que me la he pasado etiquetando lo que, según mis propias palabras, es inetiquetable... Bueno, pues les presento al Tola que yo reconozco y admiro como uno de los mayores genios de la pintura universal, al Tola en cuyos cuadros puedo encontrarme, al Tola que destruye y crea, y que nunca se da por vencido en su lucha, que es la única forma de vida que concibe.

Imágenes:
1. "Autoretrato"
2. "La amante del perro"
3. "Corto con la realidad"

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