lunes, 21 de septiembre de 2009

La cruda y magistral estética de Nobuyoshu Araki


Hace ya unos cuantos siglos, el Marqués de Sade escribió que "la naturaleza ha querido que sólo obtuviésemos placer mediante el sufrimiento"; aunque no a todos les guste semejante afirmación, creo que no podemos dejar de reconocer el peso de verdad que lleva sobre sus palabras. Y, definitivamente, Nobuyoshi Araki se las toma muy en serio: en su obra, éste parece ser el principio fundamental, el Leitmotiv, casi se diría que un Deus ex machina... Y para comprobarlo basta con sentarse a admirar, detenidamente, cada una de sus fotografías: en ellas, prima una estética visceral y sórdida, donde la "belleza" nace del mudo reclamo del castigo, del dolor, de un empujón hasta el límite de los sentidos.
Obviamente, no han faltado quienes acusen a Araki de ser un degenerado y un pervertido... ¿pero se sigue acaso de todo esto que no se lo pueda llamar un artista? Pocos fotógrafos han cultivado una perspectiva y una obra tan originales como Nobuyoshu Araki: si su obra limita con la pornografía, eso no significa que no posea valor artístico alguno; más bien, yo defiendo a Araki como uno de los mayores artistas del siglo pasado y, dado que sigue con vida, también de este joven siglo XXI. Acusar a su obra de ser desagradable no basta: se rige por una estética distinta a las usuales, pero que no podemos dejar de reconocer como profunda y desgarradoramente humana, precisamente por eso que decía Sade; o, como dice Burgo Partridge en su admirablemente escrita Historia de las orgías: "Todo ser humano es, hasta cierto punto, polimórficamente perverso, todos llevamos dentro la semilla de perversiones raras".
Agudo, preciso, crudo, sucio, morboso: todas estas etiquetas puede llevar, con orgullo, Araki. Pertenece a la misma especie a la que pertenecen, entre otros, Petronio, Sade, Gore Vidal, Pasolini, Henry Miller, Bukowski, Baudelaire y Mapplethorpe. Su obra es, más allá de un nuevo horizonte estético, un llamado a vernos ante un espejo real y despiadado en el que, al final, no podemos dejar de reconocer nuestro rostro.

Kinbaku (Bondage)

4 comentarios:

sandra dijo...

¡quiero averiguar más sobre él! Pero es verdad que la vida no puede concebirse sin sufrimiento, menos aun en el contrapeso del placer...justo acababo de escribir de eso, hasta le puse su nota cuasi candida de erotismo. Porque es explicito, en el mismo acto sexual el dolor viene con placer y viceversa. Desde que nacemos y esbozamos nuestro primer llanto gritamos placenteramente y sufrientemente que estamos vivos...es sufrir-vivir-gozar.

Si eso es erotismo....si en algo eso es pornografía...¡Olé!

Sandra

Sandra dijo...

Sandra Vanessa Flores Flores..por si las moscas ;)

Julio dijo...

Me parece q el señor Araki tiene UN punto. Pero me parece q en realidad pudo demostrarlo de otras formas. La mezcla de dolor y placer son unicas y plasmarlas en un fotografia debe ser algo unico.
Si ciertamente la linea entre erotismo y pornografia para algunos es muy delgada. La cruda realidad es q hay mucha diferencia.

Santiago Bullard dijo...

¿En serio te parece que hay tanta diferencia? No sabría si estar de acuerdo... al fin y al cabo, la historia ya nos ha enseñado que, lo que alguna vez fue pornografía, se convirtió con el paso de los años en el más refinado erotismo. Yo creo que es una cuestión de interpretación: que ahí radica el género. Escribí una entrada sobre el tema hace poco, "A vueltas con la pornografía". En fin, que todas las opniniones me valen.

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