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domingo, 7 de marzo de 2010

"La cinta blanca" y la ceguera de algunos jurados


De todo lo que significan los Premios Óscar de la Academoa (lo bueno y lo malo, se entiende), siempre he prestado una atención especial a dos de sus categorías, que a mi parecer no suelen resbalar, como tantas otras, en todos los cánones y prejuicios idiotas de lo "políticamente correcto" y demás basuras extra-cinematográficas (si no, Tarantino se habría llevado otro par de premios, incluyendo el de mejor película, y ni qué decir del de mejor guión original). Me refiero, claro está, al siempre justo y emotivo Óscar Honorario y a ese otro, que le dio a tantos peruanos el tiro por la culata esta noche, que es el premio a la mejor película de habla no inglesa.
Bien. No hay que confundirse: yo no voy a lamentar que Claudia Llosa no se haya llevado el premio. Ni siquiera voy a comentar su película (que aún no he visto), ni lo patética que me parece la idea de apoyar la obra de alguien sólo porque da la casualidad de que ese alguien nació en el mismo país que uno. A la mierda con todo eso. De lo que sí voy a lamentarme es de la ceguera absoluta que ha adolecido este año el jurado de la Academia al no darle este premio a La cinta blanca del austríaco Michael Haneke. Y que me llame germanófilo el que quiera hacerlo, pero la pura verdad es que el Mejor cine de estos tiempos se filma, en general, en tierras germanas (La caída, La vida de los otros o la suizo-alemana Vitus son buenos ejemplos de lo que digo). La gran pregunta es, ¿por qué la merecería más que El secreto de sus ojos? Miren: yo aún no he visto esa película, así que ahí tengo un punto menos a mi favor. Pero eso sí: creo que cuando alguien ve una película que realmente no merece otro adjetivo que el de "perfecta", al punto que si alguien me dijera que la dirigió el mismísimo Bergman no dudaría en tragarme el cuento, no es en vano.
Un argumento que se desarrolla con semejante cuidado, con tantas variantes narrativas y psicológicas, más un esteticismo que casi parece de cristal, con una calidad de fotografía a la que no muchos directores aspiran siquiera y un formibable trabajo de actores, editores y demás: todo esto, y más, está en La cinta blanca. (Y está ese diálogo en que una niñera debe explicarle a un niño lo que es la muerte, que es de los más fascinantes y secretamente crudos momentos de la película). Lo digo aquí sin dudarlo un segundo: esta película es una verdadera joya del cine, una obra maestra. Supongo que habría que preguntarse si el público está preparado para aceptar un filme semejante, lento pero desgarrador, todo un desafío para el temple de muchos espectadores. Pero eso ya es harina de otro costal.
Eso, pues, es lo que voy a lamentar yo esta noche. El resto del Perú, que haga, diga y piense lo que quiera: yo levantaré mi vaso por quien más se lo tiene merecido. Y dejo, de paso, la promesa de dar un muy honesto comentario de La teta asustada ni bien la haya visto. Dicho lo que había de decirse, les dejo el trailer de La cinta blanca, y me siento a esperar a ver qué hace el tiempo (no siempre justo) de obras como ésta.


martes, 3 de noviembre de 2009

Leslie Nielsen, un genio


No sé si muchos estarán de acuerdo conmigo o si pensarán que hablo por hablar, pero lo cierto es que si Leslie Nielsen no recibe, como mínimo, un Óscar honorario, dejo de creer del todo en la Academia. De hecho, habría que preguntarse, de arranque, por qué no existe el Óscar a mejor comedia, o al mejor actor cómico. A mí, por lo menos, me basta con recordar alguna de las escenas de Leslie Nielsen para que automáticamente me entren las ganas de reírme... por no decir que de arrastrarme por el suelo de la risa.
Si podemos creer en los clásicos, entonces tenemos que reconocer que hay clásicos para cada género. Pero un clásico no parece que pudiera ser cualquier cosa: es como si tuviera un olor particular. Me dicen que Casablanca lo tiene; yo puedo decir, por mi lado, que lo tienen La dolce vita, Una Eva y dos Adanes y Chinatown, entre otros. Y fíjense en el detalle: cada una de las películas que he nombrado es radicalmente distinta a las demás. Pues bien: del mismo modo, la trilogía de The naked gun o Airplane! pertenecen a esa especie de filmes que, ni bien los vemos, nos hacen sentir, entre carcajada y carcajada, que estamos ante algo distinto: un clásico. Y, entre los muchos motivos que pueda tener este fenómeno, uno de los más importantes (si no el más), quién lo duda, es la genial actuación, el gesto siempre preciso, de Leslie Nielsen.
Más que a la de Chaplin y Cantinflas, pertenece a la especie que nació de los hermanos Marx (como los Tres Chiflados). Hoy por hoy, creo que podemos reconocerlo como uno de los mayores actores cómicos de cuantos han pasado por un escenario. Y, sin lugar a dudas, creo que merece, por eso mismo, un reconocimiento de alguna otra forma, no porque lo necesite, sino porque nosotros se lo debemos. Pasarán los años y nos seguiremos riendo hasta las lágrimas con sus personajes; su pedestal tiene templo propio, y es muy alto, aunque no todo el mundo pueda notarlo.
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