miércoles, 29 de junio de 2011

Retrato de un Padre


"El día que cumpla ochenta años, quiero matar un novillo". Esas palabras se las dijo mi abuelo, con setenta y nueve años, a dos de sus hijos, mis tíos José Ignacio y Rodrigo. Enseguida, añadía que "es que sin eso, no se puede vivir". ¿Sin "eso"? ¿Qué es "eso"? Pues yo se los voy a decir: es el sentimiento de la sangre bullendo en la vena misma, es la pasión con todas sus letras y el más puro y entregado goce de vivir haciendo lo que uno más ama y rodeado de las personas que a uno más le importan. Es, en fin, lo que lleva a una persona de setenta y nueve años a decir que, por su cumpleaños, quiere matar un novillo en el ruedo.
Mi abuelo nunca vería en la arena ese novillo, sin embargo. Hace apenas unos días, en la noche del domingo, sus ojos se cerraron por última vez -como dicen las canciones- estando él en su casa, lejos del ruido de la ciudad, al lado de mi abuela y rodeado de paz. Llevando sobre sí, de paso, la memoria de setenta y nueve largos años en los que se dedicó, ante todo, a disfrutar de la vida con sencillez, tal y como le iba saliendo al frente, amando a la gente que lo rodeaba, enseñando siempre con el ejemplo y la palabra. Mi abuelo no fue sólo eso, sino también un amigo, un compinche, un padre, un ídolo, un modelo y una leyenda. Y no sólo para mí, ni para mis tíos, primos y allegados, sino para casi todas las personas que lo conocieron, desde sus amigos de toda la vida hasta algunos que apenas si charlaron con él por unas pocas horas en una o dos ocasiones. Tenía ese don, el de hacerse querer enseguida, el de calar en el cariño de las personas como el vino en una esponja: muy rápidamente, y dejando un calorcito en lo más íntimo. Sus hijos, nietos y hermanos hemos sido, por ende, muchísimos, aunque lleven apellidos tan distintos del "Bullard" que nos legó como pueden serlo "Aramburú", "Simpson", "Del Campo" o "Goicochea". Sólo esto es, para muchos, más que suficiente.
Pero mi abuelo tenía esa sed vital que lo empujaba a rebosar con creces eso, contagiando así sus aficiones a quienes lo rodeaban. Fue, en todos los sentidos, una figura. A los doce años, ya decía que quería llegar a torero, y aunque juró que colgaba los trastos hace cosa de un par de años, no han pasado ni dos semanas desde la última vez que lidió una vaquilla. Cuando era joven, fue "crooner" de una banda de mambo, y como era muy fanático de José Alfredo Jiménez y Chavela Vargas, y tenía oído suficiente como para hacer suya una guitarra, compuso y escribió algunas rancheras, uno que otro bolero, temas que hoy son, para casi todos los que lo conocimos, un himno. Fanático de los "cowboys" y de los westerns, era un jinete de primera línea, y alguna vez me lo topé por Lurín, de pura casualidad, mientras él cabalgaba con sus amigos (sin ir más lejos, y como para que se hagan una idea, hoy asistió a su entierro Hispano, su caballo predilecto, con el que más correrías ha vivido en los últimos años). Y, claro está, y porque no hay que dejar las virtudes en entredicho, hay que recordar que nunca se negó sus buenos tragos, y más de una vez hemos recibido juntos a la aurora, compartiendo un whiskey (que era nuestra común debilidad) y muchas, pero muchas, charlas, de las que he aprendido muchísimo más de lo que podrían enseñarme todas las bibliotecas del mundo. 
Podría contar montones de anécdotas, llenar este texto de palabras y palabras que, al final, igual se quedarían cortas. José Alfredo Bullard fue un hombre que lo rebasó, literalmente, todo, y he aprendido demasiado de él como para confiar sus enseñanzas a los pobres diccionarios. Pero, en vistas al contexto, sí me gustaría sacar a relucir una de las cosas que aprendí de él, y esto es a gozar de la vida con sencillez, a agradecer siempre lo bueno, a resistir lo malo y a encarar a la muerte como lo que es: uno de los tantos gajes que trae consigo este oficio de vivir. Y con dos cojones. Ahora, sólo queda dejar su voz para que suene entre nosotros, entonando el Himno de la ATA (Asociación de Toreros Aficionados, de la que él mismo fue miembro fundador) y levantar, muy alta, una copa, con un "Olé" bien claro y muy alto vibrando tanto en la boca como en el pecho. Salud. 


22 comentarios:

Tripi dijo...

Olé.

Olé.

Y Olé¡¡¡

Por ti y, especialmente, por el abuelo José Alfredo, a quien tan bien acabas de homenajear.

Viviendo la vida con sencillez y disfrutándola hasta el final. El lema de los Bullard que tendría que estar grabado a fuego en los portales de las casas de todo el mundo.

Esa copa, Santi, hoy más alta que nunca.

Y para José Alfredo: "va por ti, maestro"

Santiago Bullard dijo...

Carajo! Tripi! Un honor tenerte brindando por aquí, cabrón! Esa copa, bien alta, hermano!

Mi abuelo te hubiera gustado. Tú que también eres de toros, como él y como yo, te recomiendo que escuches la canción. Seguro que te gusta.

Un abrazo muy fuerte, hombre. Otra copa. O mejor, una botellas, dos, tres. Olé!!!

fiona dijo...

Salud!

A mi abuelo también le gustaban los toros pero como aficionado (a mí los toros...) y se arrancaba a cantar por Manolo Escobar, pero también desprendía ese gamberrismo que sólo pueden tener los abuelos y siempre conseguía alegrarnos el día con alguna de sus ocurrencias. Se le echa de menos.

Está claro que has heredado el don de hacerte querer.

1besico y ese brindis!

pd. Hay gajes del oficio que son una putada.

Tripi dijo...

Ostia, Santi, la estaba escuchando ahora...vaya vozarrón el maestro.

Seguro que me hubiera llevado bien con él. Me encantan los hombres mayores -en edad- pero jóvenes de espíritu. Será porque me acuerdo de mis abuelos, que murieron hace tiempo. También tenía con ellos charlas de esas, sobretodo en temas de mujeres...y siempre acertaban¡¡¡

Tengo dos íntimos amigos, uno de 85 y el otro de 82, y, además de lo que se aprende con estos veteranos, lo que te ríes.

Venga, otro copazo, joven maestro¡¡¡

Santiago Bullard dijo...

Fiona: Bueno, mi abuelo también era aficionado, pero su afición era digna de un Ponce o de un Juli. Era un tipazo...
Jajaja, y gracias por el cumplido, guapa. Se siente bien sentirse querido, y la verdad es que me siento de puta madre con gente como tú, como ustedes. Besos, darlin' jajaja.

Tripi: Es que los veteranos, hombre... ya dicen que el diablo sabe más por viejo. Justo acabo de escribir en el pato que, a mí, me encanta envejecer. Y he tenido la oportunidad de compartir con mi abuelo y sus amigos, así como con los parroquianos del bar de la esquina -unos viejos borrachos de los que ya no se ven- y te digo que se aprende, y de lo que hay que aprender. Un abrazo, hermano.

Tripi dijo...

Santi, como los borrachos de "La hermandad de la uva", ¿verdad?

En nuestro próximo consejo de administración cae, fijo, un brindis por el maestro J.A.

Abrazos, bro¡¡¡

Y esa copa, que no se nos olvide, carajo.

Santiago Bullard dijo...

Carajo, Tripi... no tienes idea de cuánto le gustaría a mi abuelo saber que lo brindan desde ambos lados del charco. Hombre, te mereces que te ponga todas las copas que tu hígado pudiera soportar. Venga, bien alta, coño!!!

fiona dijo...

Yo creo que nada habla mejor de los que se van que el recuerdo que dejan en los demás y está claro que tu abuelo era un tipazo! Y punto! ;)

1besico!

pd. Como en mi blog no puedo comentar (mierda de filtros) y ya que el tema va de abuelos...mi tatu es la firma de mi abuela y pone Julita.

Santiago Bullard dijo...

Tendrías que haberlo conocido... realmente era eso: un tipazo.

Por cierto, qué raro que no puedas comentar en tu blog... pero al menos ya resolviste el misterio de tu tatuaje, jaja. Está mucho mejor la firma de tu abuela que "Tamagochi", supongo. Una copa por ella también, cómo no!

fiona dijo...

Ni comentar ni verlo, sólo me deja acceder al escritorio y por eso puedo publicar...no sé, cosas del filtro.

Supones?? jajajaj, qué perros! ;)

1besico!

Santiago Bullard dijo...

Jajajaja!!!

MrMierdas dijo...

Precioso Bullard... un abrazo!

Así mueren los hombres en paz y como hombres!
Esa suerte no está al alcance de todos!

Míchel dijo...

SANTI, como te decía en otro lado: Empezamos a tener muuuuuchas copas pendientes.
La vida, ayudada por los años que nos regala la ciencia últimamente, ha cambiado tanto que nos permiten disfrutar largos años de la sabiduría de nuestros abuelos. Luego, al final, siempre hay que tomarse el trago amargo de su pérdida, pero sin duda la balanza es positiva: lo bueno de la vida es efímero, poético, sosegado, sensual, y eso no se aprende en los libros, sino sin duda te lo enseña gente como tu abuelo.
DEP Señor José Alfredo.

Hostal mi loli dijo...

Olé,Olé y Olé por José Alfredo,esa vida vale por diez de las nuestras,es una vida de pelíul.Santi deberías novelar la vida de tu abuelo co todas sus anécdotas y fotos. Sería una caña. Quedan pocos hombres con vidas como la de tu abuelo y merecen ser recordados. José Alfredo te mereces la Glória y en ella estás,que Dios te bendiga a tí y a tu familia. Besos.(Santi,esto tu abuelo lo lee seguro,tiene espíritu inmortal)

fiona dijo...

Si antes te digo lo del blog antes me lo bloquean del todo...no sé si te convengo, soy bruja! jajajajaj

1besico!

Santiago Bullard dijo...

Mr. Mierdas: Como hombres, claro que sí. Mi abuelo ha muerto como él lo hubiera querido. Y eso vale mucho.

Míchel: Amén por tus palabras, hombre. Sobre todo, por esas acerca de lo que tenemos que aprender de gente como mi abuelo: a disfrutar de lo que vale de la vida, eso que tiene de poético, de sensual, de efímero.

Loli: Y olé y olé! Coño!

Fiona: Eso, querida, sólo te hace aún más atractiva, jajaja.

Muchas gracias a todos. Abrazos muy fuertes, y besos pa las damas.

Alberto dijo...

olé!! suena por aca también Santiago!!

Don José Alfredo Bullard:... es a gozar de la vida con sencillez, a agradecer siempre lo bueno, a resistir lo malo y a encarar a la muerte como lo que es: uno de los tantos gajes que trae consigo este oficio de vivir.

Mi abuelo ya no era tan aficionado de los toros desde que descubrio que los gallos solo pican la mano y no lo levantan por los aires, y por eso seguro me regalo un par de cuernos cuando yo era aun muy manso.

La copa tan en alto como el apellido Bullard, y un olé! por la estocada final de Don José hacia la muerte que se fue de largo, ¡de largo he dicho!

Salud!

Santiago Bullard dijo...

Eso, Alberto: Olé! Y la copa en alto, como tiene que ser. Me ha gustado eso de la estocada final.
Salud, hombre, salud!

dvd dijo...

Mis respetos para tu abuelo y un abrazo afectuoso para ti, compadre...

Alvaro del Campo dijo...

Santiago querido, como dices tu no hacen falta mas palabras para describir a tu admirado y admirable abuelo, solo añadir que es un gran honor para mi haber sido parte de tu pluma y pensamientos en posiblemente el blog mas importante de todos! Un gran abrazo! Y para ti, Alfredo, uno directo al cielo!

Alvaro

Mr. Lombreeze dijo...

Mi bro. y yo pronto brindaremos con dos pisco sours a la salud de su abuelo, se lo prometo D. Santiago.
Brindo ahora porque Dios y el Diablo se líen a hostias por tener el honor de compartir la Gloria Eterna con el patricarca Bullard. Y que se lo gane el que más cojones le eche. Salud!

Santiago Bullard dijo...

Álvaro: Mil gracias. No tienes idea de lo importante que ha sido para mí (y ni qué decir de él) que hayas estado aquí. Mi pluma y pensamiento te tienen en cuenta porque no podría ser de otra forma. Un abrazo muy fuerte!

Dvd: Gracias a tí también, maestro. Y te respondo ese abrazo.

Lombri: Eso, compadre: que se líen a golpes, a ver quién le pone más huevos! Jajaja. Brindo contigo y con tu bro desde este lado del charco.

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