sábado, 24 de septiembre de 2011

Mitologías contemporáneas: el lector y el iletrado


Lo he escuchado incontables veces, porque es una opinión tópica y típica, en boca de muchos y seguido de cerca por los infaltables asentimientos de cabeza: que leer hace mejores a las personas. Sea en términos de sensibilidad, felicidad o riqueza espiritual (término que, francamente, nunca he terminado de entender del todo... ¿de verdad tiene sentido, eso de la "riqueza espiritual"? ¿Existe ese pajarraco?). Y a más de uno, también, le ha tocado escucharme dar la contra. Porque no, no creo que la gente que lee sea "mejor" que la que no lo hace.
A ver, no vayamos a confundirnos: la lectura es un hábito maravilloso, que me ha dado muchas de las mejores cosas que tengo en mi vida, de paso que algo que hacer con ella. Ni quiero ni puedo imaginar lo que sería de mí si nunca hubiese leído a Borges, a Tolkien, a Heidegger o a Quevedo, ni cómo es pasearse por Barranco sin algunas líneas de Martín Adán en la memoria. Pero de eso a decir que la gente que lee es "mejor" en algún sentido hay un salto tremendo. Y yo siempre me he preguntado, ¿de dónde nace ese fetiche? ¿Es, acaso, resultado de tantos años de romanticismo? ¿Rezagos de los tiempos en que ser un rebelde intelectual de la extrema izquierda era lo más adecualdo y cool para las juventudes? ¿Gajes de vivir en eso que Ángel Rama ha llamado "la Ciudad Letrada"?
No tengo la menor idea de cuál podría ser la respuesta, ni cómo trazar las líneas de la genealogía de este fetiche. En general, siempre me ha interesado más lo que se hace efectivo, lo tangible, que los "deberías" con los que sueñan algunos filósofos y muchos autores de libros de autoayuda. Y lo que tenemos, detrás de tantos prejuicios y páginas, es gente. Gente que vive sus vidas, que camina por las calles, que entra en oficinas, bares, burdeles, mansiones, barriadas, departamentos, minas, mototaxis, yates, tumbas. O, en otras palabras, gente que saca adelante unas biografías fascinantemente distintas, remotas, marcadas cada cual a su manera por la desgracia, la frustración, la felicidad y el deseo, y que se ha quedado, merced de los golpes buenos y malos, con un montón de recuerdos que en buena medida  definen y hacen ser quien es a cada individuo, desde el más talentoso escritor al cajero del banco, del oficinista que sólo tiene lugar para los números al miserable que recoge basura de las esquinas para vivir. No es necesario leerse las obras completas de Tolstoy o Cervantes para poder aspirar a la sensibilidad: para eso, a falta de páginas, está la vida.
Lo que tenemos, sin embargo, es otra cosa, ese prejuicio irracional que empuja a la gente "educada" (creme de la creme de la racionalidad, supone alguno) a discriminar (con o sin bondad) al iletrado, al analfabeto, al que se caga con todas las de la ley en los Clásicos de la Literatura Universal, al que prefiere no leer el libro porque espera a que hagan la película. Un prejuicio, ya lo digo, que no tiene ni pies ni cabeza.
A ver, hagamos una prueba... tratemos de imaginar esa utopía del buen lector. Tómense cinco minutos, vamos. ¿Ya? Pues bien, ni idea de lo que habrán visualizado, pero a mí la pura verdad es que la sola imagen de un mundo lleno de gente "culta" me da escalofríos, y por diversos motivos que van desde lo personal hasta lo filosófico. O peor aún, ¿se imaginan un mundo lleno de intelectuales? Maldito sea dios... yo no lo soportaría.
Lo malo de la lectura es que, para muchos, es una buena excusa para hacerse pasar por listo, por bacán, por culto o, horror de horrores, por interesante. Hace imaginar que existe una regla para medir a las personas, mientras se apegan a la idea de que la cultura (que para muchos se escribe con mayúscula) es su club privado, donde pueden discutir acerca de todo, aún de cómo "todo es parte de la cultura". Desgraciadamente para ellos, eso que algunos lectores dicen saber -aunque no todos lo sepan- es cierto: que todo es parte de la cultura, le pese a quien le pese, desde Ricardo Palma y Ovidio hasta el más aburrido de los notarios, desde el rockero más original al "popstar" con menos luces del panorama. En cierto modo, la cultura no es de nadie: nosotros le pertenecemos a ella, somos sus presos.
De sobra está decir que he conocido a personas cuyas esmeradas lecturas de los clásicos no les han impedido ser menos sensibles que una piedra, así como a maravillosos iletrados, gente de verdad ilustre que no tiene ni la menor idea de quién es Madame Bovary. Gente que me es muy cercana, a la que quiero mucho y respeto más de lo que respetaría a cualquier Premio Nóbel no han abierto un libro en su vida. Gente cuya conversación, además, resulta siempre estar llena de cosas interesantes y divertidas, así como de algo que yo valoro muchísimo: sencillez.
Yo no trato de provocar ni de escandalizar a nadie. Si generalizo, es porque nuestro lenguaje nos obliga a hacerlo, no porque crea que le gente que lee sea un grupo de delincuentes. Vamos, yo no podría vivir sin leer, y de pocas cosas me enorgullezco tanto como de mi biblioteca personal (reunida a lo largo de muchos años, y a precio de sudor, sangre y ahorros). Hay lectores maravillosos, muchísimos. De lo que se trata, para mí, es de romper un poco ese ideal, tan gastado, del buen vivir y el buen leer.
Es más, arriesgaré una última opinión, muy personal, antes de dar por terminadas estas palabras. Tal vez la gente que no lee sea, en el fondo, mucho más feliz que la gente que lee. Cada vida trae consigo su consigna de desgracias, temblores y crisis, pero en la de los lectores se suma, también, la que traen los libros. Sartre, a mis diecisiete, me empujó a una crisis tan severa que hasta me hizo descartar la idea del suicidio, por absurdo, por poner un ejemplo. Pero no sólo eso: la vida de lector me ha formado un escepticismo tan sólido, un pesimismo tan culto, que a menudo me ha generado trabas existenciales. Y sí: me podría volar los sesos tratando de dar el giro adecuado a un problema de filosofía del lenguaje. Ahora, lo que sí que no voy a negar es que, leyendo, se aprende muchísimo.
Hablo, pues, del perfil mitológico de la lectura, de ese escalafón tan curioso y -admitámoslo- un tanto patético que nace de lo que, en el fondo, no tendría que ser más que una cuestión personal, ya sea por placer o por intereses determinados. Hay gente que pone el grito en el cielo cuando se entera de que no he leído El Quijote, pero la pura verdad es que ese es un detalle de mi vida que no me preocupa demasiado, ni algo de lo que sienta que tengo que avergonzarme.

13 comentarios:

fiona dijo...

Ufff, calla, un mundo lleno de culturetas??? Eso sí que sería para pegarse un tiro! A ver, yo leo porque me gusta aunque no me considero culta y soy feliz comentando las revistas del corazón. Y tampoco me he leído El Quijote...sólo los resúmenes para un examen que tuve...jajaja

Al final no deja de ser una opción personal y está claro que leas o no, eres feliz así porque es tu elección.

1besico!

Luzma dijo...

La lectura es una de mis nueva pasiones que he descubierto en parte a una saga de ficcion y la otra cuando vi el programa "3G" buena no!!!
Nose si leer te de "cultura" no lose, leo porque me gusta y creo que los demas viene por si solo, yo también creo que los que leen menos son mas felices de los que leen siempre, deberian hacer encuestas sobre eso.
Me gusta mucho tú forma de ver las cosas y escribirlas.
Saludos

Santiago Bullard dijo...

Fiona: es que ese adjetivo, "culto", está sobrevalorado, sobre todo por culpa de los susodichos "culturetas". Y eso del Quijote es verdad: hay gente que se ha escandalizado. Una amiga siempre se burla de mí, solo que ella en buen rollo, diciéndome que tengo libros de lo más raros y rebuscados, pero no el Quijote, jaja.

Santiago Bullard dijo...

Luzma: Es que 3G puede hacer mucho daño... invitan a cada huevón, jajaja

Tripi dijo...

Bullaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaard¡¡¡

Redióoooooooooooooooos¡¡¡¡¡

Bullaaaaaaaaaaaaaard, la polla más grande, gorda y peluda de Perú, ostiaaaaaaaaaaaaaa¡¡¡

Bueno, nene, creo que la clave la das en el párrafo ése que dice que algunos leen para hacerse los listos, o para parecerlo.

¿Culturetas? buagggg. Estoy con Fi, para pegarse un tiro.

Creo yo que lo que verdaderamente importa es ser una esponja (no hablo de beber whiskey, cabrito), ser capaz de absorber conocimientos vengan de donde vengan, tanto sea de un libro, como de una conversación de barra de bar como, por ejemplo, leyendo un blog.

Bullaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaard¡¡¡

Esa copa, Santi¡¡¡

Ps.- Qué tranquilito estás últimamente, ¿eh?, ¿te has echao novia o algo por el estilo?

Santiago Bullard dijo...

Tripi: eso mismo es lo que creo yo, que hay que ser una esponja tanto dentro como fuera del bar. Absorber conocimiento de todas partes, y saber que ese conocimiento es, siempre, bueno, ni mejor ni peor que el otro, y que además ambos se complementan.

¿Tranquilo? ¿Novia? Nada de nada, jajaja. No he tenido mucho tiempo para escribir, porque estoy con unas agendas de miedo, y (exceptuando este fin de semana) he estado un poco más tranquilo en mis beberes (mi versión de "deberes", jajaja).

Parvati dijo...

la única comunicacion tolerable es la escrita, por que no es una piedra en un puente entre las almas , sino un rayo de luz entre nosotros ...

Tripi dijo...

Ostias con la Parvati ésta, menudas dos tetorras¡¡¡

Bullaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaard¡¡¡

Mira qué tetorras tiene la moza, tío¡¡¡

Jajajjajajjajajajajjja.

Príncipe de León dijo...

He aprendido más de las borracheras de mi familia que de los libros. Sin los libros, no sería nada, pero sin esas borracheras, tampoco. Y, tienes razón, peor que este mundo sólo sería un mundo de intelectuales. Una sarta de Platones buscando la utopía... la pendejez tomaría nuevas dimensiones.

Anónimo dijo...

Un mundo asi Santiago, que vaaa!!? Ni Borges lo imaginaria!!!???
Vamos a ver: ese libro llamado VIDA es el mas indicado para todos. Claro, claro, con la lectura se aprende mas ¡y quien dice que con ella se vive mejor! vaaaah!! Pero por que tanto lio hombre!! nosotros, los amigos de la botella tenemos solo esa ideologia y mas ideas para amar el derecho de leer ¿no? ¡SALUD SANTIAGO!
P.d. Hoy re-leere a Sabato ¿El tunel o Sobre heores y tumbas?

Gonzalo Bullard dijo...

Bullarin,
... he esperado un articulo como este, pero no por la lectura sino porque engloba la mismisima y putisima vida. Yo he tratado de leer varios libros, pero como buen inculto o inculturete, me aburro horrible y nunca los termino. Todo es cultura. Pero coincido en que el plato de fondo de esta corta vida, esta en dejarse vivir intensamente por ella y absorber las experiencias (propias y ajenas)
No por las huevas se me grabo la frase de Joaquin sabina " El asesino sabe mas de amor que el poeta"
Buen blog cholo!!

Santiago Bullard dijo...

Príncipe de León: Abajofirmo tus palabras. Carajo, y con qué gusto, jaja.

Anónimo: Cualquiera de las dos es válida. Salud.

Santiago Bullard dijo...

Papá: Gracias. Creo que esta nota refleja buena parte de las cosas que pienso.

Dicho sea de paso, que a mi me gustaría estar con los asesinos, pero apenas si llego a poeta, y de los bajitos, jajaja.

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