miércoles, 25 de mayo de 2011

Arte (que le llaman algunos...)


Esta es una de esas historias de la vida real que nos sirven para recordar el tipo de mundo en el que vivimos: uno lo bastante genial como para que sobren la estupidez, las situaciones cojudas y, de paso, las risas. No le pasó al amigo de un amigo, al hijo de la peluquera ni al panadero del barrio, sino a un servidor en persona, y es absolutamente verídica. Vayamos a ello:

Corría el año del 2008. Yo, por aquel entonces, vivía en un departamento en Buenos Aires, Argentina, con mi novia (peruana) de entonces, un amigo peruano y una amiga española, más una argentina semi-ocupa que era tan de la familia como cualquiera de nosotros. Pero bueno, eso no viene al caso. El punto es que, como muchos sabrán, en Buenos Aires se celebra una vez al año la Noche de los Museos, en la que todos los museos de la ciudad abren sus puertas al público, y se organizan rutas y colectivos para visitarlos, mientras los músicos salen a las calles y se apoderan de las esquinas y los pastos de la Plaza Francia para dar el toque justo al ambiente. 
Yo me la estaba pasando de la puta madre: aunque me quedé con las ganas de pasar por la exhibición de Xul Solar y el museo dedicado a las víctimas de la dictadura militar, sí me pasé por otros pocos, de paso que por la Biblioteca Nacional donde se hacía un homenaje a Borges. Un ambiente extraordinario, muy buen clima y muy poco tiempo como para pasar por todas las exhibiciones que uno quisiera visitar. 
El último museo al que fuimos esa noche fue nada más ni nada menos que el de Bellas Artes: un edificio enorme, lleno de exhibiciones de pinturas de todas las épocas y países. Arrancamos por la sala de arte medieval, y seguimos el orden establecido hasta llegar a ese hueso duro de roer, en el la poca carne que hay es de la mejor -pero, ya lo digo, no abunda. Dicho con todas sus letras: que pararse frente a un cuadro de Pollock y a otros dos de Modigliani fue una experiencia que me dejó, literalmente, sin aire. "Pedazo de cabrones...", me decía mientras seguía avanzando por los pasillos, pasando revista rápidamente de las obras expuestas... hasta que llegué a un corredor que me volvió a dejar sin aire, pero por otros motivos. 
Confieso que también se me dibujó una sonrisa en el rostro: las cosas que colgaban de las paredes... bueno, que si eran "arte", es que yo soy el bisnieto de Cleopatra. Ni siquiera guardo un recuerdo lo bastante claro de los espantapájaros que estaban allí como para describirlos ahora, pero se apuntaban a esa rama de la pintura en la que una línea marrón sobre un fondo rosa merece llamarse Arte (sí, con la maldita mayúscula al frente) y estar colgada en una pared del Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. Pasé revista a los cuadros, primero, y luego a la gente que se quedaba mirándolos, abstraída y con cara de tomárselo muy en serio (alguno había con la mano en el mentón, obviamente). 
En este plan, llegué hasta el final del pasillo; y allí, al costado de la puerta que me devolvería al hall principal del museo y me arrancaría de ese corredor cuya sola existencia haría a Caravaggio, Van Gogh y Monet revolcarse dentro de sus tumbas, había algo que me llamó la atención. En una abertura en la pared, cubierto por un vidrio, estaba el extintor que las leyes de defensa civil obligan a cualquier lugar público a tener al alcance de la mano. Y, ni bien lo vi, me detuve frente a él y pensé: "Bueno, si a todo este montón de basura fácil le llaman arte, ¿por qué no decir lo mismo de este extintor?" Andaba sumido en estas divagaciones sobre estética cuando, de pronto, noté que no estaba solo: uno de los tipos que había visto hacía unos momentos mirando los cuadros de ese mismo pabellón se había puesto de pie a mi lado y miraba fijamente el extintor, con esa mirada "profunda" que tienen los que están analizando en medio de su conmoción una Obra de Arte. 
¿Que había pasado? Pues claro: el tipo me vio tan abstraído, que se pensó que el extintor era parte de la exhibición, como lo demuestra la escena siguiente: ni bien reparé en su presencia, me volví hacia él y le dije: "No, eso es sólo un extintor". A lo que me respondió con un gesto entre sorprendido y avergonzado: "Ah, bueno". Después, se marchó. Y yo también, claro, pero riendo a mandíbula suelta, sin poder terminar de creerme la situación por la que acababa de pasar. Como decía al principio: es que vivimos en un mundo... que ni pintado, ya lo digo. 

17 comentarios:

fiona dijo...

jajajajjaja, hay que ser idiota para "admirar" un extintor! Por eso digo que no sé si me dan más coraje los propios artistillas o los que los encumbran.

1besico!

pd. Me encanta el cuadro de Hopper de la cabecera! ;)

Tripi dijo...

Grande, Bullard, grande¡¡¡

Jajajajaja.

Eso del Arte (con mayúsculas, como tú dices) es, en la gran mayoría de ocasiones, una tomadura de pelo.

Estuve hace unos años en el Guggenheim (o como coño se escriba) de Bilbao, ¿y sabes que vi? una amaca de playa colgada de la pared (¡?). Casi vomito.

¿Sabes que un día unos cafres pintaron un cuadro horroroso, lo colaron en el Guggenheim (o como coño se escriba, ostia¡¡¡), lo colgaron y esperaron la reacción de la gente...pues sí, Santi, había algunos capullos que se paraban a contemplarlo e incluso comentarlo. Hay que joderse.

Por el contrario, estuve este año en Berlín y en los mercadillos callejeros, repletos de pobres pintores muertos de hambre, encontré, y compré por apenas treinta Euros, cuadros preciosos y originales. Y me dio una rabia ver a tipos con talento malvendiendo sus obras a los turistas¡¡¡ En fin.

Esa copa, Santi¡¡¡

Santiago Bullard dijo...

Fiona! Pero qué gusto tenerte por aquí, oye!

Y pues sí: hay que ser un idiota para "admirar" un extintor. Es lo que pensé esa noche, mientras salía del museo y le contaba al amigo con el que vivía lo que acababa de pasarme.

El "Nighthawks" de Hopper es de mis favoritos, y lleva tres años y un pico ahí.

Por cierto, que el otro día me pasé por tu blog, pero no dejé comentarios ni nada porque iba a la volada. Ya volveré, lo juro, jaja.

Un beso

Santiago Bullard dijo...

Tripi, cabrón, es que hoy en día hay museos que parecen un mercadillo de esos que montan para asaltar educada y legalmente a los turistas. ¡Es que una hamaca! ¡Por favor! Y lo peor de todo es que por ahí aparece algún idiota con la billetera hinchada y la cabeza vacía que la compra por un dineral y después no sabe ni qué hacer con la cojudez esa.

Oye, por cierto, que me he estado leyendo todos tus relatos en el pato. Le he pasado la dirección a un colega, también. Mierda, Tripi, te debo unas buenas horas de risas, jajaja. Hasta me he apuntado un par de frases, para citarlas llegado el momento. Esa copa, cabrón, que abrimos sección de pajas al ego y te digo que eres un puto genio.
Un abrazo.

fiona dijo...

Con ese recibimiento me quedo! jajaj

A Hopper lo descubrí hace poco. Estoy buscando láminas y cuadros que me gusten para colgar en el piso y lo encontré a él!

Te espero pues.

1besico!

Tripi dijo...

Te digo yo que cada día coincidimos más...ahí va un link de mi primer relato en el pato, que va que ni pintao al tema de hoy.


http://comounpatomareado.blogspot.com/search/label/Un%20gramito%20de%20Gloria?updated-max=2011-01-10T18%3A00%3A00%2B01%3A00&max-results=20



Esa copa, Santi¡¡¡

Santiago Bullard dijo...

Fiona: El gusto será, siempre, mío de tenerte por estos lares. Más aún ahora que sé que te gusta Hopper, jaja. Escribí algo por ahí sobre él... busca en la lista de etiquetas la que dice "Edward Hopper", y ahí debería estar. Un beso.

Tripi: Jajaja, cabronazo. ¿Tu primera historia en el pato no fue la de tu encuentro "casual" y tan formalito con la Contemporánea? Ese me lo leí el otro día y me he revolcado de la risa. Igual por si las dudas paso a revisar ahora más tarde, que ando medio al vuelo. Esa copa!

dvd dijo...

... si el museo empieza a arder, entonces puede que el extintor se convierta en la obra más preciada... ¡Quememos el arte!...

Santiago Bullard dijo...

¡Eso, dvd! ¡Esa es la actitud! Así reivindicamos el valor de los extintores del mundo, como tiene que ser.

Mr. Lombreeze dijo...

Prueba empírica:
http://www.youtube.com/watch?v=Pj4MVtoNWZc


Yo asistí en Viena a una performance de un artista que presentaba una exposición. Una de las obras era un gigantesco cubo plateado sobre el que había un montón de diferentes frutas.
La gente creyó que se trataba de un aperitivo y se comió casi toda la "obra de arte" ante la desesperada mirada del pobre artista que, en vano, intento parar el expolio artístico.
Palabra de gusano.

Santiago Bullard dijo...

Jajajaja!!! Lombri, entre el video y la anecdota, estás luciendote, eh, jajajaja.

Pobre cabrón ese del que me hablas... como se comen su angustia existencial... Son los gajes del oficio, la dura vida del artista de nuestros días, un eterno incomprendido hasta caer en la desgracia del aperitivo y la sobremesa. Mira que no tengo nada contra el arte contemporáneo, y hay rarezas qe me gustan mucho, pero no sé... a lo mejor y es defecto mío, pero yo no puedo ver un cubo cubierto con frutas y pensar: "Mierda, me corro... ¡Qué sentido de lo trágico! ¡ ¡Qué pedazo de artista! Lo compro".
un abrazo, Lombri. Siempre es un gusto tenerte por aquí.

Tripi dijo...

Ostias¡¡¡

La que cuenta el Lombri también es buena, jajaja¡¡¡

Y lo que dice dvd es cierto: quememos el puto Arte de los necios.

Esa copa, Santi, esa copa¡¡¡

Santiago Bullard dijo...

Jajaja, eso mismo. Todos deberíamos hacer caso siempre a dvd, que es un hombre sabio de verdad.

Y Tripi, ayer me leí el relato. Hombre, yo pensaba que el primero había sido el de tu encuentro con la Contemporánea, pero sí, cabrón, tu relato del chino y tus apreciaciones sobre el arte me parecen bien puestas, cojonudas con c, con k y con q. Y el cuadro me parece de la puta madre (¿no solía ser tu imagen de perfil?).
Un abrazo, bellaco.

Vintage dijo...

Que bueno, Santiago!!!!, jajajajaja!!!

Esto es la hostia, de verdad que una situación así de ridícula merece algo más que una buena carcajada.
Nunca te había leído Santiago, me encanta como escribes.

Santiago Bullard dijo...

Jaja, Vintage, qué bueno verte por aquí, oye. Bienvenido siempre, y gracias.

Alberto dijo...

Jajajaja!!! ...."No, eso es sólo un extintor" jajajaja!! (imaginando) caray, aquel extintor debio cagarse de la risa contigo del pobre hombre despistado.....

Santiago Bullard dijo...

La verdad, no lo culparía, jaja.

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