jueves, 29 de abril de 2010

Una copa por Gramsci


Siempre hay un lugar para la memoria. Aunque el mundo de la espalda a las palabras y los hechos, seguirá quedando alguno que quiera abrir bien ojos y orejas y darse muy por enterado de lo que los hombres tienen para decirle a los otros hombres. Y ya veníamos hablando de esto, ¿no? De cómo el tiempo se las apaña para dejar en la banca de las estaciones que van pasando a unos, mientras otros se quedan tan contentos en los vagones, rumbo al incierto mañana, porque hay un sistema que dice lo que se lee, lo que es verdadero y lo que, en resumen, "es". O así lo hubiera dicho él, sentado sobre la banca con los ojos puestos en el horizonte en el que va desapareciendo la estela de humo del tren que lo ha dejado; y así lo pensó, seguramente más de una vez, mientras sus días se iban gastando en la prisión, poco antes de que la hemorragia cerebral llegase para quitarle lo poco que le quedaba de vida. ¿Su nombre? Antonio Gramsci.
En los tiempos de la teoría crítica, Gramsci se convirtió en una suerte de mártir para la causa. Sus teorías, que iban de la mano con las de Marcuse, Adorno y Merton, y fundadas sobre la obra de Marx, marcaron fuertemente a varias generaciones italianas y del mundo, que pasaban sus hojas con las bocas abiertas. Pasolini, de hecho, le debe el título de uno de sus mejores poemarios, Las cenizas de Gramsci, y un horizonte de perspectivas que se dejan leer, con mucha precisión, en más de una de sus películas (Mamma Roma, por ejemplo; o, también, en la "Trilogía de la vida").
Hace dos días se cumplió un aniversario más de la muerte de este hombre que, tantos años después, sigue subsistiendo, ahora en la memoria, como un clandestino, en el subsuelo. En todo caso, ha dejado la celda.
Yo no soy marxista (ni ninguna otra cosa) ni en el más mínimo sentido, y la política me parece tan aburrida como los tratados de lógica de Hegel, tan indigna como el whiskey con gaseosa. Pero eso es una cosa, y no borra ni un ápice de la admiración y la reverencia que guardo por Gramsci. Tampoco la copa que, el día de hoy, levanto en su memoria.

miércoles, 28 de abril de 2010

Los mares teñidos de rojo...


En Moby Dick estaba muy bien, porque eran otros tiempos, y dicen que es una buena novela (he de reconocer, muy avergonzado, que aún lo la he leído). Pero de Melville a esta parte, las cosas no parecen marchar muy bien para las ballenas, y los mares, como podría haber escrito Byron, parecen a punto de teñirse de rojo.
Al que no esté al tanto de la noticia, pues ahí les va un panorama general del asunto: la Comisión Ballenera Internacional (CBI), integrada por 88 países, va a reunirse este próximo mes de junio en Marruecos para discutir una propuesta según la cual la caza de ballenas sería legalizada (por primera vez en 24 años, si no me equivoco) por diez años, en forma controlada, y con el curioso argumento de poder tomar las riendas de la situación ballenera actual, pues no pueden controlar los estándares de caza que existen de momento. Bueno, a lo mejor y no estaría de más informarles que, de hecho, la caza actual es en su mayor parte ilegal, descontando las actividades balleneras de países como Japón o Noruega, que practican la caza de ballenas aprovechando los espacios confusos que, entre línea y línea, están en los tratados firmados que prohíbe dicha actividad.
Pero bueno, ¿en qué andamos? ¿Es que acaso los extremistas (algo dados al idiotismo) de Greenpeace llevan la razón? Sea como sea, la situación puede ser alarmante. Les mentiría si les dijera que estoy cien por ciento al tanto de los pormenores (especies y territorios que se proponen para legalizar la caza, por ejemplo), pero lo cierto es que, tomando en cuenta que prácticamente no hay especie de ballena que no esté en peligro de extinción, o siquiera en estado de amenaza, todo esto suena a muy mal rollo. Porque claro: ya que vamos a hablar de caza legal, hagámoslo, y sin ningún problema con ello. Pero hay algunos puntos complicados aquí: la caza de especies en peligro, ¿debe ser legalizada sin las posibilidades de un control de área? Mucha gente es consciente de que los cotos de caza tienen, en un trasfondo, una propuesta de conservación de las especies, que se reproducen en espacios protegidos y en temporadas de veta. Pero esto que funciona tan bien sobre el suelo, ¿cómo aplicarlo en el mar? Y para el control de un animal que no puede ser vigilado en áreas establecidas, sino que es migratorio.
Yo no se si haga mucho eco, pero al menos desde aquí voy a dejar colgado un voto en contra de la legalización de la caza. Si a la caza furtiva va a sumarse la legal, pues yo no sé qué tanto podamos esperar para el futuro de los cetáceos, y en este tipo de casos no creo que haya un argumento económico que valga. Pero tampoco vamos a dejar de ser justos, y todavía en un contexto como este quiero levantar mi vaso, bien lleno, por México, que ya se ha opuesto a la comitiva.
Tampoco se esperen un discurso lleno de llamados morales y de romanticismo de mi parte. No soy uno de los imbéciles de PETA, ni extremista parecido. Creo, sin embargo, en la conservación de las especies, y puedo asegurarles que, desde esa perspectiva, una propuesta como esta puede ser motivo de verdadera preocupación. Abajo, pues, con esos arpones.

martes, 27 de abril de 2010

Entrevista a Andrew Blake


Se lo ha llamado "El Helmut Newton del Porno". Título que más de uno podría considerar escandaloso: al fin y al cabo, no puede haber punto de comparación entre un genio, revolucionario de la fotografía de desnudos, artista al cien por cien; y un sucio director porno, cuya visión no llega más lejos de un par de mujeres compartiendo saliva, sudor y demás secreciones en una escena de seco lésbico. Y, sin embargo, voy a acusar a toda esta perspectiva de no tener ni la más remota idea de lo que está diciendo. Replanteemos una pregunta: ¿puede la pornografía poseer por derecho propio un lugar entre las Bellas Artes? Esta idea ya la he discutido en repetidas ocasiones (concluyendo con una rotunda afirmación, claro está; al interesado, busque la etiqueta "Pornografía" en el índice de al lado y lea); y la cuestión se torna especialmente significativa cuando traemos sobre la bandeja a un hombre con la visión y el método de un científico de las artes y el jadeo como es Andrew Blake: a quien haya dado una ojeada a alguna de sus películas (yo lo he hecho de algunas escenas), no podrá dejar de notar, si observa con cuidado, que hay allí algo que no ofrece el común de los directores de pornografía, aunque sin abandonar el objetivo común a todos los del oficio: un final seguramente solitario, pero feliz.
Bueno, que cada cual haga su tarea y pase revista a sus prejuicios por su lado. Ya tendrán tiempo que dedicar a las cintas de Blake. De momento, les traigo una entrevista que le hizo "Vibe Review". Tiene, se los aseguro, algunos puntos de vista muy interesantes (disculpen que no la traduzca, pero me falta el tiempo). Interesante, además, para aproximarse un poco al universo de la industria del porno y algunos de sus detalles y quehaceres. Supongo que todo lo que me queda por decirles es: "¡Buenas noches!"


I heard a rumor: You only make three films a year. Is this true?

Yeah, making new films takes me a lot of time - I don't make them like I would cook sausages. Strange comparison, I know. It's just that I don't want to mass create films. A 'quality versus quantity' situation is what I am getting at. My films are really handmade. I wait for all the specifics to fall into place. Like, for example, the ideal model. I will wait until I find the perfect person for the role. I don't want to rush the creative process. Why should I? I want each model to be the right model for the right role in a perfect film.

Lately, I've been blessed with fantastic girls. I consider myself lucky and fortunate for the current talent base that I've had an opportunity to work with. These girls are the "top" girls in the business. More and more, women like to work with other women; and, recently, I've had the opportunity to work with these women. It's obvious that beautiful women tend to start their career in the hardcore scene, but after a few weeks these same women change career paths. They decide to explore other options because they are afraid of diseases, or they don't like the scene itself.

I spend a lot of time with my wardrobe specialist, picking her brain. Since she picks out the lingerie and outfits for the girls, I want to know what she envisions. It's the entire creative process, and it takes time. Oh, and a lot of the outfits are handmade - the outfits are either custom-designed for the model or we go to the wardrobe houses at the movie studios. We even set out to find the right outfit! I'm very careful with all the details.

I do not shoot on tape, which is what most other people do. I shoot only film. The technical process is labor intensive, but absolutely worth the extra effort. I do all the casting, find all the film locations...basically, I direct the design, the image. Of course, I also do all the editing. My films take a long time - from start to finish. I make sure all the details are arranged in a way that makes everyone happy. In order to accomplish my goals, I am only devoting myself to three films a year.

How did you get into this business?

I was a painting major in college. Francis Bacon - the famous English painter in the'60s and '70s - inspired me. I wanted to communicate my ideas in a similar way to Francis Bacon, through painting. I wasn't a very good painter! While still enrolled in college, I began working on syndicated radio shows at a local radio station. After finishing college, I started working as an art director for a TV station in Boston: I did animation and photography. Exposed to different areas, I was able to get my feet wet and learn about the creative process.

After working in Boston, I ended up moving to New York City, where I worked as an art director at CBS News. As fate would have it, I met my future wife while working at CBS. We eventually moved back to Boston; my wife wanted to attend art school there. I got back into animation, and for a long time! I worked with a guy who got a contract to do an animated special for NBC, which led me to Los Angeles - and we've been in LA ever since then! Another twist of fate. Life's full of them!

I spent a lot of time in the animation industry, but I eventually got sick of it. As a hobby, I had always photographed nude women - well, nudes. Around that time, like '83 or '84, the Playboy channel had just started up. I decided to test the waters of the industry, and also myself. I self-produced a short ten minute erotic piece that Playboy ended up loving. I began shooting centerfolds for Playboy, which I liked for a little while. I kind of got tired of centerfold photography; I didn't like directing the girl's hands, which is important with that type of photography.

So, I started photographing and filming women with my style in mind - really developing my interpretation of hardcore with beautiful women and spectacular backdrops. I became very successful at doing this. I found my own style, which is important for every artist. By this time I began working for Penthouse, where I started a line of videos. Then I decided to make another hardcore erotic film, Hidden Obsessions. It became wildly successful. I did all of this while I was still doing videos and centerfolds for Penthouse. Fortunately for me, Penthouse allowed me the freedom to experiment and express myself. I did my own thing, you see. Eventually, after making several films, my wife and I started Studio A, where we own and self-produce everything.

Some people have described your films as "yuppie porn." What do you think about this label?

It's not some strategic marketing plan. It's about doing what I want to do and what, at least so far, seems appealing to many people. My sensibilities, my obsessions - that's the only plan in motion. My films have nothing to do with pleasing the "average" porn viewer. Sure, I invite everyone to enjoy my films, my work; but I don't set out to please any one type of person or porn fan.

Are your films indicative of your personal fantasies?

Yes, absolutely. I was obsessed with this one model that I worked with for 12 years, Dahlia Grey. My movies basically revolved around my obsession for her, like, I'd want to see her in new skirts that I found, or see her in a corner, standing a certain way...or seeing her in bondage in the trunk of my car. A muse, sort of. Sometimes it was soft, sometimes harder. She and I were never physically together. I always thought that if I had sex with her it would burst the balloon. There was always a tension between us. We always battled it, but that tension translated into great film.

I see your films lean more toward erotic art than "pornography." Some professionals claim your films aren't "hardcore" enough, but when I watch your films I can tell that you understand women - physically, emotionally, and sexually. How is it possible for you to know so much about women?

Well, I love women. I love everything about women. A total fascination and obsession. It boils down to that. If a viewer doesn't believe my films are "hardcore" enough, then there are a zillion other pornographic avenues to choose from. That's cool thing about the adult entertainment industry: There's plenty to choose from.

I have often thought of your films as aphrodisiacs, especially for couples who go wild watching the cinematic experience you create.

I think a lot of it is the technical way something is filmed. I film double-speed, so it slows everything down. When the action is slowed down, when everything goes a little slower, it adds to an already sensual scene. Like a hand moving slowly down a woman's breast - instead of a hand violently running down a woman's breast. Capturing every intimate detail is essential - it's what makes me happy.

You know a woman's body. What's the most erotic part of the female anatomy?

Neck bones and underarms. I love both. I love legs, a certain kind of breast, and a beautiful butt. It's the whole package for me, not just one individual part. It's gotta be everything. I try to find drop-dead gorgeous women for all my films, and they can't have fake breasts. They have to have an innate beauty in them.

Do you find that some women who are excluded from the typical "supermodel" definition have so much self-confidence and inner sexuality that they exude sensuality on film? How important is innate beauty?

Great question! Yes, physical beauty is wonderful, but there's a deeper level that's more interesting. A deeper level that's certainly more important. Dahlia Grey is the perfect example of this. She's a Brazilian model who has the entire package - beauty, inner-beauty, and sensuality. She oozes inner energy and sexuality. She's always hugging, always laughing. Her body and mind...drop-dead gorgeous.

Do you have a favorite personal lubricant?

I really like Eros Bodyglide. All the Kama Sutra products, yeah. I especially like Kama Sutra Massage Oil and the Kama Sutra Bedside Box. I recommend all three products to your readers.

What's your favorite movie that you've made? What movie are you most proud of?

Hidden Obsessions and Decadence are my two personal favorites. The quality of these films impresses even me!

Many of your films explore sexual fetishes. What is it about fetishism that appeals to you?

I'm not into whips and chains - well, I guess I am into whips and chains from a visual perspective. I don't get into that lifestyle. Filming it and participating in it is two different things. In real life, that lifestyle is about trust and vulnerability, whereas on film it's more about filming that trust and vulnerability in action. It becomes voyeuristic.

What do you think is the secret to a passionate love life?

Variety. I was married for 30 years. We recently divorced, so now I am playing the field. I brought out my sexual energy in films while I was married. Not in real life or in my married life.

Is there anyone making films that you view as competition? Or any new films that you like?

It depends what you are into. I'm very impressed with Stuntgirl by Jack the Zipper.

Andrew, thank you for your time! I know you are a wanted man. I appreciate you spending a few minutes with me. Good luck to you.

Thanks. I have a good time with these interviews. Great questions, by the way. We'll meet again, I am sure. Take care.

sábado, 24 de abril de 2010

Aunque lo diga Harold Bloom.


No es la primera vez que planteo una crítica contra la supuesta impracialidad del tiempo (ni contra su buen ojo) para determinar qué escritores merecen pasar a la inmortalidad y cuáles otros pueden ser olvidados sin temor alguno. Esto lo formulé, de hecho, en el artículo que escribí sobre Lawrence Durrel para Cosas Hombre; y, ahora, vuelvo a poner la palabra en la punta de la lengua (y de este café), como para mantener el pan fresco.
De paso, también, porque no puedo dejar de indignarme un poco cuando leo un breve texto de Harold Bloom sobre Sartre en el "Moleskine Literario" de I. Thays. Bien: Harold Bloom, quien lo duda, es un genio de la crítica y la teoría literaria de nuestros tiempos, y su libro sobre Shakespeare ha supuesto una verdadera revolución no sólo en la crítica shakespeariana, sino también en muchos otros campos de la hermenéutica literaria en general (todavía no he leído ese libro, pero ya me haré con un ejemplar). Pero los galardones no borran el pecho que cubren, y Bloom todavía es humano.
Lo que Bloom plantea, en todo caso, es que Sartre es un escritor que ha caído en el olvido con cierta justicia: su obra es demasiado "sartreana" para el mundo al que ya no pertenece Sartre, sus novelas en general no funcionan como tales, y si sus obras teatrales siguen siendo leídas y montadas, a nadie se le va a ocurrir compararlo con qué se yo, ¿Tenessee Williams? En cuanto a sus obras de filosofía y de crítica, las envía al entierro: el existencialismo, a su parecer, ha sido desfasado. Y de la izquierda que defendía Sartre ni hablemos (igual, a mí la política me importa un bledo).
Yo mismo me he planteado alguna vez la cuestión Sartre. ¿Sobrevivirá al cruel capricho del Tiempo? Porque la obra de Sartre se ha mantenido en un péndulo incesante, entre la celebración y la ignorancia, y desde los años sesenta y setenta casi no se lo ha vuelto a mencionar en los cánones. Pero Sartre, creo yo, volverá, o está volviendo. Como narrador, porque sigue teniendo dos o tres libros (La náusea, Las palabras y El muro están en esa lista) que siguen manteniendo su valor literario. Como dramaturgo, porque ni qué decir que sus obras de teatro son, en su mayoría, obras maestras. Como filósofo, finalmente, porque su enfoque crítico (y siempre crítico) sigue estando entre los más agudos de cuantos pueden contarse en el correr del pensamiento del siglo XX. ¿El existencialismo ha muerto? No lo creo: sólo se lo ha dejado de lado. Mientras el autocuestionamiento y la pregunta por la razón del ser sigan en pie, el existencialismo seguirá teniendo vigencia (esto es, mientras siga habiendo humanidad); y en estos tiempos de virtualización, tecnocracia, globalización y crisis ambiental, el existencialismo nunca pareció estar tan cerca, ni tan necesitado, de un replanteamiento. No, señores: Sartre no se ha ido, ni se irá. Algún lector le quedará siempre.
Por otro lado, ¿cómo justificar tantos otros olvidos? Pietro Aretino, Restif de la Bretonne, Carson McCullers o, por supuesto, Lawrence Durrell son algunos nombres que, en su conjunto, conforman un grave argumento contra la palabra del Tiempo. Lo siento mucho, Harold Bloom, pero este tiro te puede salir por la culata.

miércoles, 21 de abril de 2010

I love you, Goethe


Siempre me he planteado que, algún día, no sólo me gustaría, sino que tengo que escribir un libro sobre Goethe. ¿Qué quieren que les diga? Un autor tan infinito, tan dispuesto al streap-tease hermenéutico, que puede ser analizado desde tantos ángulos (no sólo desde el enfoque literario, sino también el histórico, el filosófico, el psicológico... ¡hasta el científico, por si faltase algo!) siempre tiene un nuevo rostro que mostrarnos, algo más que se puede decir de él. Y es que si algo no puede decirse de Goethe, es que fuese un vago: en los ochenta y pico de años que vivió, no dejó de escribir, relegando todo lo demás (sus funciones administrativas en Weimar, la dirección de los grupos de teatro, los viajes, la vida social, los affairs amorosos con las jovencitas) a un lugar absolutamente secundario. Lo primero era su obra, y se convirtió en un gigante, al punto que el resto de la literatura y aún la cultura y la filosofía alemanas se han desarrollado, en gran medida, desde la parcela de tierra que cubre su sombra. Bueno, cierto que no fue sólo él quien construyó su prestigio como Escritor de la Nación. Cierto que a esto contribuyó, también, Bismarck, que erigió su silueta como la cima de la cultura alemana entre las diversas medidas que tomó para llevar a cabo la Unificación; en gran medida, además, porque Goethe mismo había sido el primero en plantear la posibilidad de tal Unificación.
Pero no hay que olvidar, también, que Goethe ya era una leyenda en vida. No sólo por la fama de su Werther, que llegó a todos los rincones de Europa, e influyó sobre personalidades tan distintas como pueden serlo Byron, Leopardi y Napoleón, sino también por sus poemas, sus obras de teatro y sus otras novelas, más su prestigio como investigador de temas científicos, históricos, artísticos y filosóficos, que tuvieron tanta influencia sobre pensadores como Schopenhauer, Hegel, los hermanos Schlegel y un largo etcétera. Hasta Novalis, que lo despreciaba, escribió su Heinrich von Ofterdingen como reacción, y bajo influencia de, el Wilhelm Meister.
Por si faltase algo, y alguno siguiese pensando que todo esto no hace de Goethe algo especialmente distinto, pueden seguirse citando sus actividades: promovió e introdujo en Alemania, al lado de su amigo J. G. Herder, las obras de Shakespeare; construyó las bases de lo que luego pasaría a llamarse el Romanticismo; fue el autor más importante (y famoso) del Sturm und Drang; escribió y publicó diarios que influirían ya no sólo sobre los románticos, sino que marcarían una nueva fase literaria conocida hoy como "clasicismo alemán"; sería evocado de nuevo por los expresionistas; y, hasta el día de hoy, su obra sigue siendo revalorada, reinterpretada e idolatrada, y miles de artistas lo han convertido en santo patrón de su propio quehacer creativo. Y que conste que no hemos dicho nada todavía sobre el Fausto, ese libro que empezó a escribir a los dieciocho y que no daría por terminado sino hasta el mismo año de su muerte, y que es una de las obras más complejas, totales y fértiles que se han escrito alguna vez.
Muchos saben que soy un profundo germanófilo. Sueño con aprender alemán (espero lograr tan difícil empresa algún día), y me paso los años volviendo, una y otra vez, a los escritores, la historia y el arte alemanes. Pocos países han conocido procesos culturales tan abrumadioramente complejos (hace unos días empecé a leer Los Budenbrook, de Thomas Mann, que refleja un poco estos procesos, y me encanta), y la figura de un hombre como Goethe... pues ni qué decir: se clava en el centro de los mismos, con toda la influencia que tuvo tras su muerte y toda la importancia, la cultura y la preocupación que tuvo en vida.
Ya pueden ver que esta nota no es más que una larga carta de amor, de mí a Goethe. Una larga serie de brindis, de paso, hasta agotar tres o cuatro botellas. Comprenderán, pues, que quiera algún día escribir más, y en otro lugar, con más dedicación, orden y escritunio, sobre él. Y, de paso, les abro la puerta a todos los que quieran unirse a este viaje. Puedo asegurarles que las sorpresas no faltarán.

En la imágen, Goethe, tal y como lo retrató (famosamente) su amigo el pintor Tischbein durante el viaje que el poeta realizó a Italia.

martes, 20 de abril de 2010

La cuestión Arguedas


La semana pasada terminé de leer una de esas novelas que, seguramente, muchos pensarían que ya tendría que haber leído hace muchísimo tiempo. Pero no, señores, hace apenas algo de cuatro días que cerré, triunfante, Los ríos profundos de José María Arguedas, un libro que hace mucho quería leer, sin terminar de animarme (siempre había algún libro en mis estantes guiñándome el ojo que me forzaba a aplazar su lectura), hasta que un curso de la universidad me lo puso en el sílabo.
A Arguedas lo conocía de antes, pero muy poco: había leído dos o tres cuentos, de los cuales uno me aburrió sincera y profundamente (Warma Kullay) y otro me pareció espectacularmente bueno (el del danzante de tijeras, cuyo título no se me viene a la memoria en este momento). Con Los ríos profundos, sin embargo, creo que al fin he llegado a su mesa y, por lo menos, le he dado la mano.
¿Hacia dónde va esta nota? Pues a tratar cierto debate. A Arguedas se lo ha acusado de ser un falso realista del indigenismo, pese a sus negativas de ser incluído en las filas de los indigenistas. Lo otro viene de un debate muy recordado, cuando un grupo de sociólogos y antropólogos lo acusó, en una mesa redonda, de que los indios que pululaban en sus novelas no eran como los indios reales: su representación de la realidad no hacía justicia a la realidad tal cual era. A Arguedas eso lo afectó tanto que, de acuerdo con la opinión de muchos, su suicidio fue en parte el resultado de esas acusaciones.
Claro que la gran pregunta es si se puede exigir a un novelista (¡a un NOVELISTA!) que sus ficciones sean representaciones "justas" de la realidad; en lo que a mí respecta, creo que semejante opinión tiene tanto sentido "como una Kawasaki en un cuadro del Greco" (como dice un verso de Sabina). Lo más a lo que puede aspirar una novela es a reflejar cierta noción de la "realidad", que es la que el autor tiene en la cabeza. Cierto que Arguedas creció entre los indios, hablando en quechua y contagiándose del ideario propio del mundo del sur de los Andes peruanos; pero Arguedas fue, también, un intelectual, un hombre que leyó con devoción a los clásicos franceses y alemanes, que estuvo en Europa y que vivió gran parte de su vida en Lima. De hecho, un nombre que no pude quitarme de la cabeza mientras leía la novela era el de Goethe: la identificación entre espíritu y naturaleza, el énfasis en lo tradicional (tan característico del primer romanticismo), el aire a Bildungsroman, el hincapié en el desarrollo "espiritual", el sentimentalismo bastante patético... en fin, que lo que logró Arguedas fue una novela muy occidental, que encontró en el romanticismo una forma de expresión que se adecuaba bastante bien al tipo de realidad que trataba de construir a través de la ficción.
Creo que es importante recordar cuestiones como ésta. A menudo se exige a los escritores que hagan lo que Stendhal y postulen su literatura como una suerte de "espejo" narrativo de la realidad, cosa que ni el propio Stendhal logró, cuando en realidad lo que hace un escritor es, de un modo u otro, presentarnos una versión de la realidad, la que ellos intuyen, conocen y adolecen, que nosotros tendremos que re-interpretar a la hora de la lectura. Y creo que ningún escritor (salvo algunos tan poco memorables como Dan Brown) pretendería decir que su obra, así esté compuesta por novelas históricas, es un reflejo fiel de la realidad como tal. ¡Si hasta el día de hoy los filósofos no han dado con la respuesta al problema de qué y cómo es la realidad realmente! De hecho, la mayor parte de filósofos del mundo ya dejaron de preocuparse por eso, para pasar a temas un poco más relevantes.
¿Mi parecer sobre la novela? Me pareció, a su manera, excelente. Claro que yo nunca escribiría algo semejante, ni seguiría su canon, pero de todos modos es un libro que recomendaría. Tiene metáforas muy interesantes, una propuesta muy original y una sensibilidad especial, diferente, a un grado que muy pocos autores peruanos han alcanzado. ¿Qué les digo? A lo mejor y caerán otros libros suyos, y pronto podré decir que he pasado de los apretones de mano a sentarme a compartir unas chelas.

lunes, 19 de abril de 2010

De Epistemología a Filosofía de la Mente


Voy a ser franco con todos ustedes desde el comienzo: yo no sé cuáles seguirán siendo los verdaderos alcances de la epistemología tal y como la conocemos. En palabras más sencillas, que el debate filosófico acerca del orígen y naturaleza de los conocimientos podría estar a punto de encontrarse en un doble camino hacia el callejón cerrado o hacia toda una nueva teoría que, de hecho, ya no es el tipo de filosofía al que estamos acostumbrados cuando hablamos de "epistemología". Y esto que digo no se basa en meras indagaciones y suposiciones personales, no: creo que desde el desarrollo de filosofías como las de Davidson (cf. El mito de la subjetividad) hasta textos más actuales, como los de Blackburn, Churchland o Fodor, el estudio del conocimiento como tal está cada vez más ligado a otros de intersubjetividad, hermenéutica y, en primer plano, los estudios sobre la mente que emprende, precisamente, la filosofía de la mente.
Claro que podría estar tomando un mal punto de partida: ¿por qué hacer una separación tan brusca entre epistemología y filosofía de la mente? Bueno, eso es sólo una estrategia. No se trata de que una teoría cancele a la otra, sino que mi punto es que, poco a poco, la segunda va a integrar a la primera, como de hecho ha venido haciéndolo en los últimos años de debate entre filósofos.
¿Las ventajas? Bueno, creo que los estudios de neurociencias tal y como van desarrollándose hasta el momento son un valle muy fértil, y empiezan a permitirnos una comprensión, todavía temblorosa, pero cada vez más afirmada, del funcionamiento del cerebro. Y, dado que los fenómenos del conocimiento (la mente, los sentidos, los procesos de razonamiento, etc.) se producen en el cerebro, los problemas relacionados a ellos podrían tener un mejor campo donde crecer y desarrollarse en la forma más explicativa posible dentro del marco de trabajo de esta filosofía en particular que es la de la mente.
Pero eso sí: no caigamos en los errores que podemos evitar. Plantear la desaparición de la epistemología clásica, al estilo reflexión-debate tal y como se ha venido planteando desde hace siglos, con sus ventajas y desventajas, sería ridículo, y hasta contraproducente. Ninguna disciplina, ninguna estrategia, tiene por qué desaparecer sólo porque un grupo opine que debe hacerlo. Esta es, insisto, sólo una opinión: que la filosofía de la mente tiene un alcance en cuanto a los problemas de la epistemología de los que ninguna otra rama de la filosofía puede prometerle.
Bien vista, la filosofía de la mente es un tipo de filosofía muy pertinente al siglo que nos ha tocado vivir: el desarrollo de los estudios en neurociencias, de la mano con el camino realizado por la filosofía y la psicología, son garantía de un resultado, como mínimo, interesante. A mí, en particular, me llama mucho la atención todo el debate, tanto por sí mismo como por el tipo de herramientas que puede prestar a otras áreas de trabajo como son la fenomenología (en su etapa post-husserliana y sin esencialismos ni nada parecido) y el existencialismo.
No quisiera cerrar esta nota sin recordar, de pasada, ese sabio aforismo de Wittgenstein (Sobre la certeza) en el que nos recuerda que el lenguaje es una caja de herramientas. Bueno, pues lo mismo pasa con el conocimiento: se trata de hacerse con un arsenal de herramientas críticas que nos permitan, todavía, dar otro vuelco al asunto, aunque no sepamos con qué objetivo, pero con toda la entrega del mundo. La filosofía, de todos modos, es apasionante.

domingo, 18 de abril de 2010

Unas "Bulerías" al paso

A ver quién no se desmaya. Veamos de qué va el asunto: en primer lugar, Paco de Lucía, el hombre que es capaz de hacer que una guitarra suene como a tres o cuatro al mismo tiempo (no, sus oídos no les engañan: es una sola guitarra), en el toque; en segundo lugar, Camarón de la Isla, voz de polvo, vino y piedra, en el cante. Lo que se dice la España neta encarnada en dos figuras legendarias que, para esta ocasión, se ponen lado a lado, sólo para nuestro deleite, a interpretar Bulerías. Para todos los que creían que lo sobrenatural no existe. ¿La única reacción posible? Pues ya lo saben: ¡Salud, coño!

viernes, 16 de abril de 2010

¡Atención, obispos del mundo!


De más está decir, después de tanto tiempo lanzando ataques a diestra y siniestra, que adolezco de una náusea profunda y terrible ante el cristianismo en general y ante Benedicto XVI en particular. ¿Ante todo el cristianismo? Bueno, en lo que respecta al dios que adoran, sí; en lo que respecta a los seres humanos que llevan sobre su pecho esa etiqueta, no. Y más de uno sabe muy bien que cuento entre mis amigos, y aún entre mis grandes amigos, no sólo a cristianos, sino aún a un sacerdote y teólogo. No es lo mismo el traje que el hombre, eso lo sé muy bien; y que hay cristianos que tienen ideas bastante claras y críticas sobre su propia posición como cristianos, el humanismo y las consecuencias de sus creencias, también.
Pero una cosa es eso, y otra muy distinta lo que respecta a otros ciertos cristianos (católicos, apostólicos y todo el cuento que quieran) de cuyos nombres no quiero acordarme. Si, si: Herr Ratzinger a la cabeza de toda la comitiva. ¿Por qué tanto ataque, se preguntarán algunos, por parte de un hombre como yo que dice no defender ideología alguna y que, por tanto, no tiene regla con la que corregir nada? Pues porque, con regla o sin ella, hay que mantenerse siempre de pie, con los ojos muy abiertos y la mente despierta, con toda la lucidez del mundo para poder realizar las críticas pertinentes. Y lo digo desde ahora: puedo tolerar cualquier creencia, con o sin ataques, pero siempre con el respeto que toda creencia merece, así se aleje de las mías; pero no respeto ni en lo más mínimo la hipocresía, que es uno de los mandamientos del Papa y de la mayor parte de su gente.
Y ahora repito el título de esta nota: "¡Atención, obispos del mundo!" Pero el que tiene algo que decirles no soy yo, en este momento, sino Hans Küng, sacerdote y teólogo suizo, que acaba de publicar en los diarios de todo el mundo una Carta Abierta a los obispos de alrededor del globo, con un llamado muy interesante: plantear ellos mismos una crítica y las posibilidades de una reforma fundamentándose, sobre todo, en las conclusiones del Concilio Vaticano II, donde se dejaron en claro muchos puntos respecto al cristianismo y a la profesión del sacerdocio que Ratzinger parece haber olvidado del todo, a pesar de haber participado en ese Concilio junto con el mismo Küng. Empezando por algo más que básico: la lealtad se la deben, ante todo, a su dios, no al Papa, sea cual sea su nombre. Y dado que el susodicho es un ser humano, ¿pueden actuar los obispos y sacerdotes del mundo como si su palabra equivaliese a la de alguna divinidad? Da mucho que pensar, ¿no?
De más está decir que posturas de este tipo, que no por ser cristianas dejan de ser críticas y lúcidas, me parecen admirables. Así es, lectores míos: esta vez, la copa la levanto por un sacerdote y teólogo cristiano, y hasta propongo un brindis bien clavado en la garganta. Salud, Küng, y ojalá imperara sobre el catolicismo una visión más cercana a la tuya, no por ideologíao dogma, sino en cuanto a lo critico de la misma.
La Carta Abierta la pueden leer accediendo a la página de cualquier periódico (o, en todo caso, de casi cualquiera). De más está decir que recomiendo su lectura. ¡Y a ver si algo sucede de una vez por todas, en algún rincón del mundo o en el patio del Vaticano! Entretanto, esperaremos. Y seguiremos con los cinco sentidos bien atentos, que siempre hay moscas, y hay que estar listos para hacer notar el trozo de leña que tienen metido algunos en el ojo.

El de la foto, damas y caballeros, es el hombre del momento, Hans Küng.

miércoles, 14 de abril de 2010

El retorno de Cartier-Bresson


Una noticia interesante (de esas de las que me entero sin que me sirva de mucho, porque todo me queda demasiado lejos, para variar): leo en la página de "Magnum Photos" (www.magnumphotos.com) que acaba de empezar una vasta exposición de la obra de Henri Cartier-Bresson, ese genio de la fotografía documental que, sin embargo, no podemos dejar de considerar un verdadero artista del lente. Y es un notición, porque esto es algo que no sucedía desde hace... ¡algo más de 30 años! Bueno, eso sí no lo sabía, y me parece sencillamente increíble que pueda haber pasado tanto tiempo sin que a alguien se le ocurriese sacar el polvo de las fotografías de un genio como éste.
¿El lugar? Bueno, ya dije que un poquito lejos de estos lares, aunque alguno de los lectores norteamericanos podría aprovechar la cercanía. La exposición se está realizando en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, en doce vastas secciones, con un total de 300 fotografías, de las cuales, informa Magnum Photos, un quinto son desconocidas para el público (en otras palabras, inéditas).
Cartier-Bresson... si, si: un fotógrafo que, definitivamente, dio un par de patadas sobre lo que la gente pensaba que era coger una cámara de fotos. Y es que, por su compromiso con la imágen, Cartier-Bresson es algo más que un gran fotógrafo: es un ejemplo de lo que significa vivir la fotografía. Y, de paso, un maestro, que supo, como lo sabe Francesco Cocco, encajar lo documental con lo estético, para hacer de la imágen algo más que una denuncia: una reflexión, una forma de mirar el mundo, una crítica ya no sólo a lo retratado y lo que lo rodea, sino al espectador mismo, que está más que invitado a cuestionarse. Si no entienden una palabra de lo que digo, están más que invitados a dar un vistazo a sus fotografías de tema urbano o suburbano, donde pasiajes y retratos se convierten, de un modo u otro, en una naturaleza muerta que, sin embargo, no se resigna, y continúa latiendo.
Aunque sea un poco tarde (es decir... ¡treinta años!), y porque más vale tarde que nunca, no puedo dejar de aplaudir esta iniciativa ni, mucho menos, la consecuente retrospectiva fotográfica, muy completa y muy bien armada, por lo que puedo notar a través de Internet. Esta noche, levanto mi copa por la exposición; y, sobre todo, por Henri Cartier-Bresson, que más que bien merecido se lo tiene. Hasta el fondo, muchachos, ¡salud!

Para saber un poco más de la exposición (que lleva por título Cartier-Bresson: The Modern Century), pueden entrar a la página de Magnum Photos, cuya dirección escribí un poco más arriba. Y díganme si la fotografía que está en la cabecera no es, sencillamente, genial en cada uno de sus detalles.

lunes, 12 de abril de 2010

Una inquisición (llamémosle abuso de cojudez) contemporánea


Déjenme que les cuente mi versión de los hechos: había estado releyendo el Tratactus de Wittgenstein con un amigo, discutiendo cada uno de los puntos para poner en contraste nuestras interpretaciones; al cabo de algo así como una hora y media, m amigo se fue para su casa, y yo encendí mi computadora pensando, en tono jocoso, si realmente tenía sentido todo ese análisis obsesivo que es, efectivamente, el Tratactus, y (recuerden que en tono jocoso) si alguien necesitaba realmente una lectura semejante. Hasta que llegué, de pronto, al blog de Víctor Coral, "Luz de Limbo", donde me encuentro con una entrada titulada Injusticia. De más está decir que hay dos o tres personas en el mundo a las que obligaría a leer el libro de Wittgenstein no dos, sino cuarenta veces por lo menos.
La noticia: acaban de echar de El Comercio a Óscar Malca, escritor y periodista, autor de esa película inolvidable (por lo buena o por lo mala, el punto es que inolvidable) que se llamó Ciudad de M, y editor desde hace doce años de la revista semanal "Somos". ¿El motivo? Bueno, pues hay que remitirnos a lo escrito por Beto Ortiz en su blog, ampliamente citado por Coral en su entrada: "¿La razón oficial? Al informar sobre el escándalo de los abusos sexuales cometidos por curas católicos, "Somos" había incurrido en falta contra la línea editorial (¿les suena) [yo repito: ¿les suena?] y los principios del prístino heraldo de la independencia y la veracidad. / ¿La razón verdadera? En la edición de "Somos" de la semana pasada, más exactamente en la muy glamorosa y codiciada sección "Circo Beat" Malca había osado incluír una foto del periodista Fernando Ampuero quien es, por lo demás, uno de los más antiguos inquilinos de las páginas del jet-set limeño". (Para todos los lectores extranjeros: "Circo Beat" es una página de sociales de la revista "Somos").
¿Dónde está el pecado? Bueno, los peruanos recordarán el viejo problema de los petro-audios, el rol que desempeñó Ampuero en él, a la editorial del diario haciendo de él un Galileo contemporáneo y, ante su negativa de seguir el ejemplo del físico italiano y retractarse, su despido de El Comercio. Tras lo cual, Ampuero pasó a figurar en la "lista negra" del diario, y con ello al silencio. Claro: nunca apareció en "El Dominical" señalando sus diez libros favoritos, como si lo hicieron en cambio un montón de anónimos; ni se mencionaron las presentaciones de sus libros en las agendas culturales de la sección Luces. Bueno, ese ya es un temita por sí mismo.
Y, de aquello a esta parte, mandar al hombre que lleva doce años como editor de la revista a hacer las maletas y repetir las líneas de la Orquesta Mondragón, "Adios, adios", ya es otro tema. Un error metido de lleno en el lodo del otro. Yo me pregunto, si un diario está comprometido con su público y con la realidad... ¿luego la realidad es un espacio en que no existen Fernando Ampuero, Augusto A. Rodrich, Pablo O'Brien y demás? ¿O es que la realidad que nos ofrecen está sesgada, llena de falacias de énfasis, con lo que su compromiso vendría a valer tanto como un billete de cincuenta y cinco soles? Cada cual saque sus propias conclusiones.
Yo, por mi lado, citaré de nuevo a Beto Ortiz: "En qué parte del mundo se despide a un periodista sólo por una foto de sociales? Only in Perú." Y sí, yo que no me caso con nadie, gritaré con él ese "¡Abajo!" que tanto hace falta. Será porque yo mismo soy periodista, y siento empatía por estas víctimas del sistema (venga, Foucault, dí algo); será porque la hipocresía siempre me ha parecido un cáncer sobre el que todos deberíamos fijar nuestra atención antes de andar diciéndole a todo el mundo cuál es su problema; será porque, sencillamente, actitudes como éstas me parecen francamente absurdas. No lo sé; a lo mejor Wittgenstein tiene algo que decirle a alguien. A lo mejor y no dejaría de estar de acuerdo conmigo cuando digo: "Cojudeces para los que se las traguen". Y a ver si nos vamos dejando, de una vez por todas, de seguir metiendo la cabeza de lleno en algunas cojudeces.

Foto: Óscar Malca, claro está.

domingo, 11 de abril de 2010

Baudelaire


Ya que apenas si ha pasado un par de días desde su cumpleaños, creo que la ocasión es meritoria para invocar (pero bueno, ¿cuál no lo es?) al siempre escurridizo y sin embargo preciso Charles Baudelaire, ese pedazo de genio de poeta que escandalizó al siglo XIX y que ha pasado a convertirse, hoy, en una suerte de templo literario, al punto que toda la literatura del siglo XX hasta nuestros días tiene una deuda enorme con él. Con sus palabras, ciertamente, pero también con su reputación, con su fama, con su eterna manía por llamar la atención, con tal de hacer notar que él, poeta, es un ser enfermo, maldito, un "raro", usando la palabra de Darío.
Porque hay que decir las cosas como son: Byron y Shelley fueron, antes que él, malditos; también lo fue el Marqués de Sade. O Nerval, ya que hablamos de franceses. Pero hay algo distinto en Baudelaire: todos los malditos se regocijaron en esas cosas de las que el común de las gentes trataba de escapar: el fracaso, la derrota, el vicio, la crueldad, la marginación... pero Baudelaire lo hizo con una entrega muy especial, que pasa del regocijo. Creo que la mejor forma de hacerme entender es citando al poeta. Cuidado, lectores míos: sopesen con mucho cuidado el peso de los versos que siguen, y saboréenlos bien antes de tragar. Estos versos pertenecen al poema que lleva por título El muerto alegre, a ver si entienden a lo que me refiero:

En una tierra fértil, llena de caracoles,
quiero cavar yo mismo una fosa profunda,
donde a mi gusto pueda meter mis viejos huesos
y dormir en el olvido cual tiburón sobre las olas.

Hasta este punto, ¿se va entendiendo lo que digo? Recuerdo que hace un tiempo, releyendo el poema, lo que más me llamó la atención fue eso de la tierra "llena de caracoles". Un detalle tan sencillo, casi se diría que tan inocente... bueno, pues que ahí está metido todo ese genio que fue Baudelaire, toda esa dicha ante la muerte. Un verdadero "Muerto alegre". La siguiente estrofa no es menos fascinante:

Odio los testamentos y odio las sepulturas;
antes de suplicar una lágrima al mundo,
preferiría, vivo, invitar a los cuervos
a ensangrentar sus picos en mi inmunda carcasa.


A Baudelaire se le ha dicho de todo: que es un genio, una mierda, un "posero", el padre de la modernidad, el padre de la poesía maldita, un romántico, un simbolista, un decadente, un peligro público, etc. Pero lo que de verdad importa es, creo yo, eso que nosotros nos hemos quedado de todo lo que fue Charles Baudelaire, ese trozo que le hemos arrancado. Poeta de sí mismo, del infierno y poeta de poetas. Y, de paso, un hombre que no se avergüenza de ser "hijo de la derrocha y el alcohol, sobrino del dolor, primo hermano de la necesidad", como el Jaro de la canción de Joaquín Sabina, ni se hace el menor problema con escupir de lleno en el rostro de la sociedad, de lo bien visto, de lo "políticamente correcto" y de lo ético. ¿Por qué no? Un poeta, hubiera dicho él, tiene cosas más banales e importantes en qué pensar.
Si a mí me pidieran hacer un día una antología personal con los poetas que más han marcado mi vida y a los que más leo (y eso que no son pocos), creo que a Baudelaire le daría las primeras páginas. Cierto que otros como Gautier o Nerval han escrito mejores versos, pero nignuno de ellos logra una lectura total tan cerrada y perturbante como Baudelaire. Yo jamás dejo de volver una y otra vez a sus páginas; y esa, se los aseguro, es una de las mejores costumbres que mantengo a lo largo de mis años. ¿Qué les puedo decir? Baudelaire es un escritor con el que de verdad disfrutaría meterme una buena borrachera y conversar toda la noche (en Pisseli, of course; o en La Noche, ya que andamos en estas).

viernes, 9 de abril de 2010

Un premio para nuestro cafetín


Como lo oyen (o leen, en realidad): resulta que Ronald A. Orellana, habitual lector y fiel comentador de este espacio abandonado de dios en la web al que recurrimos al "coffee style", acaba de pasarle un singular premio-cadena, que los bloggers dan a otros bloggers, y a sus blogs, para honrar y laurear sus esfuerzos. De más está decir que mi agradecimiento es gigantesco, y que me cuesta mucho, pero lo que se dice mucho, terminar de entender palabras como las que me ha escrito (entre otras cosas, que mi blog es uno de los mejores blogs literarios de latinoamérica, ¡qué joder!). Gracias, Ronald, y gracias también a mis habituales (y no tan habituales) lectores, que de un modo u otro siempre están allí alentando un trabajo tan vano y tan lleno de pequeños grandes momentos como este.
Ahora, pasemos a lo del premio.
El premio que ha sido concedido al "Café de Desencuentro" es uno llamado "Vale a pena ficar de olho nesse blog" (traducido, "Vale la pena fijar el ojo en este blog"). Según mis capacidades hermenéuticas, esto quiere decir que mi blog es digno (o, en todo caso, tiene momentos dignos) de lectura. ¡Y yo que pensaba que andaba para el culo la mayor parte del tiempo! ¡Y que conste que lo digo sin el menor rastro de falsa modestia! (Bueno, bueno... quizá un mínimo gramo, pero hagámonos los tontos, ¿vale?). Muchos dirán que esto es una payasada, un premio sin sentido, y sin embargo me cago en todos esos comentarios: yo me quedo de lo más contento. Aceptar este premio, dicho sea de paso, me compromete a un par de asuntos. En primer lugar, a elegir otros cuatro blogs que yo debo acreditar como merecedores de la misma prenda. Bien, vayamos a mis elegidos:
1.
"Opciones Avanzadas Ltd." (opcionesavanzadasltd.blogspot.com): blog español dirigido por alguien que se hace llamar "dvd", y que, al márgen de si estoy siempre de acuerdo con lo que dice, que a veces sucede y a veces no, es un excelente blog, con muy buen ojo para lo que escribe, y que merece muchos más honores de los que su propio autor aceptaría.

2.
"Pelirrojeando" (pelirrojeando.blogspot.com): de mi gran amigo Lucho Hildebrandt, que aunque no anda muy actualizado, tiene notas de mucho interés y, sobre todo, un gran sentido del humor.
3. "Viajes, fotografía y algo más" (arturobullard.blogspot.com): aunque suene a amor de familia, la pura verdad es que es un blog de viajes y de fotografía de primer nivel, con muy buenos textos y una selección de fotos extraordinarias, como notará enseguida cualquiera que se de un salto por alí.
4.
"Stop play and rec... favor de rebovinar" (favorrebovinar.blogspot.com): pese a tener muy poco tiempo en funcionamiento, el blog de mi hermanísimo Víctor Castillo se perfila como un blog de primera calidad, sobre todo en tanto que blog periodístico, del que los lectores pueden sacar algo más que un dato curioso: una verdadera experiencia de lectura. Que este premio sirva de empujón.
Claro que me gustaría nombrar a muchos otros; a mi buen amigo Víctor Coral ni le digo nada, porque las palabras están de más, y lleva un blog tan preciso y formidable que no hace falta nada de nada para demostrar nada a nadie. Y a mi tocayo, Santi Guillén, que lleva un blog muy personal y, sin embargo, buenísimo, le digo que el suyo es uno de los blogs que leo con el corazón más cerca de la boca.
Bueno, hay una segunda condición que viene atada a este premio: tengo que publicar una frase de mi autoría en esta misma entrada. Bueno, bueno... pues hagámoslo pronto, y disculpen el pudor. La frase que voy a poner la pensé hace ya un par de años, cuando vivía en Buenos Aires (tan lejitos de casa), y si a alguien le molesta que esté en latín, pues lo siento mucho, pero que se joda: así la pensé la primera vez (llevaba mi primer curso de latín), y así se quedó: "Tempus exsilio in terriblis est". (A lo mejor y hasta está mal escrita: "El tiempo es terrible en el exilio"). Con esto me despido, repitiendo mis agradecimientos, y esperando que a alguien se le ocurra levantar una copa por el Café de los desencontrados. Si es así, pues salud, ¿no?

A los que he nombrado ganadores del premio: si se animan, tienen que repetir los pasos que yo he realizado (nombrar otros cuatro ganadores y escribir una frase de su autoría), además de publicar en la misma entrada la imágen que he colgado más arriba.

jueves, 8 de abril de 2010

Cortázar "Rebovinado": el regreso del Perseguidor


Mi más que hermano, Víctor Castillo, acaba de clavarme un puñal de inspiración fría en el medio del páncreas sin saberlo. Como quien charla con su insomnio, me doy un paseo por su blog, "Stop, play and rec" (favorrebovinar.blogspot.com), y me topo con que evoca un viejo relato en el que, vaya escándalo, hace mucho que no me paraba a pensar. Ni más ni menos que El perseguidor, donde una de las mejores plumas de Julio Cortázar hace pulular por París a un saxofonista que, todo el mundo lo sabe, sin importar qué nombre le pongan en el cuento, no es otro que Charlie Parker, "The Bird".
Y quién lo duda: nadie se puede cansar de releer ese cuento (a menos que sea el más absolutista de los anticortazarianos), como bien lo dice Víctor. Como quien escucha una canción de Parker: las mismas viejas notas son, en cada ocasión, una nueva aventura, otro viaje que se ha cagado del todo en las censuras y que... Bah, a la mierda con las palabras. Parker es Parker.
Como quien se sienta a fumar un cigarrillo mientras conversa con su insomnio, echo a andar una canción de "Bird" (Bluebird), y pienso en ese cuento que no leo hace ya... qué, ¿tres, cuatro años? Y sin embargo, el sabor y los olores siguen vivos en mi memoria, inexorcisables, por suerte. Yo no sé lo que piense el resto del mundo al respecto (sobre todo los cortazarianos, que son, y sobre todo en Buenos Aires, una escuela férrea y a veces hasta terrible), pero yo afirmaré sin temores que, para mis pobres gustos, el Cortázar de libros como Rayuela y unos pocos más puede ser olvidado sin demasiados temores: me quedo con el de Las babas del diablo, el de Todos los fuegos el fuego, el de la mayor parte del Bestiario y, cómo no, con el de El perseguidor. Olé por Cortázar. Olé por Parker. Levanta esa copa, insomnio amigo.

Un videíto: Charlie Parker y Dizzy Gillespie, "The duck", tocando juntos Hot house. Provecho.

lunes, 5 de abril de 2010

Darle a la guitarra, ¿es suficiente?


A decir verdad, hoy no pensaba escribir nada. Tengo trabajo medio atrasado, lecturas pendientes y un prospecto de levantarme muy temprano mañana por la mañana que, a decir verdad, me da náuseas sólo por la impresión. Pero es que hay cosas con las que uno se topa de repente que... Bueno, mejor háganse una idea ustedes mismos, a ver si están de acuerdo conmigo o no.
En fin, que todo el mundo sabe quién es Jimmy Hendrix, o por lo menos se hace una remota idea acerca de su persona. Y no es para menos: reconocido como uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, una leyenda del rock, un revolucionario de la guitarra, o en todo caso el hombre que le prendió fuego a su fender sobre el escenario de Woodstock, allá por el 69. A mí, personalmente, su música nunca me pareció de otro mundo; pero no por ello dejo de reconocer que el hombre fue la vanguardia de las vanguardias en el mundo de la guitarrería, y que casi todo lo que hizo no lo había hecho nadie antes de que a él se le ocurriese pisar el escenario.
Y, como para hacer llorar a todos los que dicen que no hay nada nuevo bajo el sol, hoy me entero de una noticia fascinante, hilarante y muy, pero que muy, picante. Ya que no bastaba con darle duro a la guitarra, Jimmy Hendrix va a aparecer, durante once minutos de gloria, como protagonista de una cinta pornográfica, dándole esta vez con todo lo que tiene a dos mujeres (¿les irá a prender fuego también?). ¡Cómo! ¿No me creen? Pues dense una vuelta por "El jardín provado" y lean la noticia con sus propios ojos. Sólo tienen que pinchar el link que está en la lista de blogs. En todo caso, si la noticia es falsa, pues me lavo las manos, que no soy yo quien anda inventando las cosas.
Claro que espero de todo corazón que no sea así, y que de verdad exista tal filmación. Hay que preguntarse quiénes siguen, de paso: ¿Janis Joplin y Rocco Sigfriedi? Bueno, esa es improbable. ¿Y qué tal Jim Morrison y Bettie Page? Pues no estaría mal. En fin, que habrá que andar atentos, no vaya a ser que se nos pase semejante novedad. Y Hendrix, entre tanto, muy contento llevando al colmo de los paradigmas eso de "Sexo, drogas y rock n' roll". ¡Como para no perdérselo!

Fuente de la noticia: www.jardinprivado.com
Fuente de la imágen (bastante reveladora, por cierto): mybuddieslive.com

domingo, 4 de abril de 2010

Y si los ojos se cierran, la boca canta: adiós, Jesús Vásquez


Casos como este son los que nos dejan sin otra opción que servirnos el luto en un vaso de cerveza, para levantarlo bien alto y brindar antes de echárnoslo a la garganta. Ayer, 3 de abril, murió María de Jesús Vásquez, mejor conocida como Jesús Vásquez, y mucho mejor aún como la "Reina y Señora de la canción criolla". Y no metamos los pies en ese vulgar llamado al orgullo patrótico, por favor: quedémonos, mejor, con su magnífica voz latiendo en la memoria, los brazos sobre los hombros del amigo y cantando a todo pulmón y a toda chela en su honor, que es el tipo de homenaje que merece una mujer como ella.
El título de Reina, dicho sea de paso, le queda muy bien: esa figura majestuosa y esa voz llena de ecos profundos no merecen menos. Y yo digo: que así se la recuerde, carajo, como a una reina de algún cuento romántico que nos leyeron de pequeños.
Se que cuantos han oído su voz entederán muy bien todo esto que digo, y compartirán mi emoción. Aquí, si, diré que los peruanos lo entenderemos, porque somos los que han crecido y envejecido con sus canciones sonando en la radio, a punta de taberna y lágrimas. Para todos ellos, y para el público no-peruano que cae a veces por este rincón virtual, dejo un videíllo que he sacado de Youtube, una interpretación magistral de esa canción no menos memorable que es Todos vuelven, y que quizá alguno conocerá mejor por la versión de Rubén Blades (otra pieza maestra). Por lo demás, un muy sentido brindis, y a destapar esas cervezas. Salud.

Fuente de la imágen: onlinehome.us

"El Diablo está entre nosotros"


"Por más que se rían los periodistas", agregó el que hablaba, como esperando a que todos nos echemos una carcajadita. ¿Su nombre? Juan Luis Cipriani; ya lo saben, cardenal de la Iglesia Católica, el men del Opus Dei y del mundo del sacerdocio en el Perú, bla bla bla, bla bla bla. Palabras pronunciadas en ocasión de una misa por Semana Santa, para terror de los devotos a los que todo este discurso sobre el Diablo pueda sonar a novedad.
En la misma línea de ataque nos encontramos con otros enfurecidos acusantes: Gabriel Amroth (profesión: exorcista oficial del Vaticano) anunciando que no es nada más ni nada menos que el Diablo el que lleva todas las culpas de los sacerdotes acusados por pedofilia; y a la cabeza, Herr Ratzinger, alias "El Papa", apuntando con sus alabardas a los ateos, esos seres a los que encuentra como un problema en el Plan Divino, en el Humanismo (¿pero qué demonios entiende él por humanismo?) y a los que más que seguramente quiere ver pudriéndose en el Infierno del que él mismo mandó a reabrir las puertas, luego de que el establecimiento fuese clausurado por Juan Pablo II.
En semejante avalancha tribunal, yo no puedo dejar de preguntarme por cuán profundo puede ser el verdadero significado de estos ataques, con la frase de Cipriani a manera de proemio. De acuerdo con las perspectivas de Cipriani y de Amroth, el mundo está poblado de íncubos, súcubos y demás, que se escurren cada noche por entre las sábanas de los hombres para tentarlos, o susurran órdenes pecaminosas en sus oídos cuando nadie los ve. Ya sólo falta que uno de estos señores aparezca un día de éstos acusando a un bebé de ser el hijo de un íncubo, cosa que no sucede desde hace ya unos buenos cuantos siglos (¿XV? ¿XVI?); y no en vano se tomaron la labor los padres de la iglesia en traducir el significado de la palabra latina "incubus", que originalmente significaba "pesadilla" a secas, a una variante con mucho más contenido, relacionando las pesadillas a la labor de una clase particular de demonio, los íncubos, cuya variante femenina vendrían a ser los súcubos, y que atacan, precisamente, durante el sueño, no sólo en forma de malos sueños, sino también de terribles y, seguramente, muy agradables seducciones.
Venga, hombre: ¿dónde está de Diablo? Si es un ente en sí mismo, un agente del mal, que es lo que afirma la iglesia, entonces habría que pensar de qué lado es que está luchando realmente. ¿Del lado de los pobres ateos que sólo quieren llevar adelante una existencia por sí mismos, o de los sacerdotes pedófilos y de los obispos que contribuyen a la causa con su silencio? ¿De parte de los humanistas a los que Ratzinger ha tachado de inhumanos por su falta de creencias religiosas, o de la voz de la censura y la discriminación religiosa, que supone que todo aquel que ha errado el camino ha de ser corregido (entiéndase esta palabra en toda su profundidad) para que el Plan Divino (Opus Dei, Civitas Dei, o lo que quieran) pueda ser llevado a cabalidad, por el bien de una humanidad diezmada?
Este debate, en todo caso, lo estoy planteando desde los mismos términos en los que juega la Iglesia Católica y sus dirigentes y voceros. Yo, personalmente, no considero que el bien y el mal sean palabras de contenido ontológico, sino que más bien se ajustan a una serie de objetivos, finalidades y prejuicios culturales. ¿El Demonio? Por ahí anda, sí: cada uno sabe reconocer al suyo en el espejo. Aunque se rían los sacerdotes.
Algunos gnósticos pensaban que, tras su muerte, Jesús fue derrotado en los infiernos por Satanás, que ascendió al Trono en su lugar al tercer día, rigiendo desde entonces los destinos de la humanidad (bien visto el asunto, el dios anterior a la aparición del cristianismo era tan cruel y despiadado que no estaría de más preguntarse si, de haber sido realidad todo esto, no estamos mucho mejor con el Diablo que con dios). La Semana Santa vendría a ser, entonces, una celebración del triunfo del Demonio. Y, tomando en cuenta la calidad de los representantes del supuesto dios en la Tierra... bueno, ¿dónde está, al fin y al cabo, el Diablo? Seguramente entre nosotros.

Fuente de la imágen: bam-superstar.blogspot.com
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